viernes, 27 de abril de 2012

EL MITO DEL NEOLIBERALISMO


Hace unas semanas, The Independent ha publicado un trabajo del Dr. Enrique Ghersi que comparto en este espacio. Se pone luz sobre la falacia, ya transformada en vulgata dogmática, que conlleva el significado de la palabra "neoliberal". Hoy cualquier aprendiz de investigador -aunque también hay de aquellos que ya están de vuelta- utiliza el concepto para apuntalar, en una especie de "lugar correcto", el sendero de una investigación en ciencias sociales. También lo utilizan algunos políticos que gustan de los discursos de barricada y muchos apresurados que creen saberlo todo al respecto de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, la economía y los negocios, el gobierno y el estado, la libertad y el encierro.




El mito del Neoliberalismo

Por Enrique Ghersi



1.0 Introducción


Se me ha pedido hacer una presentación acerca del presunto mito del “neoliberalismo”. Alberto Benegas Lynch (h) y Charles Bird han creído que tengo alguna competencia para ello. Su invitación supuso para mí una tarea enorme que he tratado de enfrentar haciendo un pequeño trabajo de investigación sobre el problema.

Ante la falta de fuentes específicas, tuve que recurrir al consejo de algunos amigos a quienes estoy especialmente agradecido. Israel Kirzner me hizo notar el lejano origen misiano del término y me alentó a profundizar en él. Kurt Leube me dio la primera noticia sobre el libro de Nawroth que, confieso, desconocía por completo. Si no hubiera sido por la persistencia de Ian Vásquez, quien logró ubicar una copia del mismo en un anticuario de Munich, no hubiera podido consultarlo. Federico Salazar me hizo notar el problema existente en la traducción inglesa de Liberalismus del que hablaremos después. Me prestó, además, de su biblioteca privada buena parte de los libros consultados. Mario Ghibellini me sugirió las lecturas de teoría literaria y retórica que son el cuerpo de la reflexión final de esta ponencia y se aventuró a explicármelas. Finalmente, un artículo de mi amiga Cecilia Valverde Barrenechea me permitió conseguir la información correspondiente al coloquio convocado por Lippman en 1938, donde se habría acuñado, al parecer, el término. Por cierto, los errores son sólo de mi responsabilidad.

El término “neoliberalismo” es confuso y de origen reciente. Prácticamente desconocido en Estados Unidos, tiene alguna utilización en Europa, especialmente en los países del este. Está ampliamente difundido en América Latina, África y Asia. Sin embargo, esta difusión tiene poco que ver con su origen histórico. Forma parte del debate público que se produce en tales regiones, en el que la retórica -que es una ciencia autónoma- tiene un rol protagónico para darle o quitarle el sentido a las palabras.

Ahí donde tiene difusión el “neoliberalismo”, es utilizado para asimilar con el liberalismo, a veces despectivamente, a veces con cierta pretensión científica, políticas, ideas o gobiernos que, en realidad, no tienen nada que ver con él. Esta práctica ha llevado a muchos a considerar que se encontraban frente a un mito contemporáneo: el “neoliberalismo” sólo existía en la imaginación de quienes usaban el término.

Este rechazo se ve incrementado además porque actualmente resulta muy difícil encontrar un liberal que se reclame a sí mismo como perteneciente a aquella subespecie, calificándose como “neoliberal”. Por el contrario, quienes lo usan son generalmente sus detractores.

En base a tales consideraciones generalmente asumidas por los liberales inicié este trabajo, pero muy pronto advertí algunos problemas bastantes significativos con ellas. En primer lugar, que el “neoliberalismo” técnicamente no es un mito, sino una figura retórica por la cual se busca pervertir el sentido original del concepto y asimilar con nuestras ideas a otras ajenas con el propósito de desacreditarlas en el mercado político. En segundo, que el “neoliberalismo” podría haber sido acuñado como término en agosto de 1938 por un muy destacado grupo de intelectuales liberales en París, entre los cuales se encuentran varios de nuestros héroes.

Por ello, en esta presentación voy a explorar, primero, los posibles orígenes de la palabra, para luego abordar sus diferentes significados al interior del liberalismo y concluir después con una contribución para esclarecer los mecanismos probables por los que se ha producido la corrupción de esta palabra. Debo indicar de antemano la sorpresa con que he comprobado la facilidad con los liberales concedemos los debates terminológicos en manos de nuestros rivales, pues no sólo hemos perdido la palabra “neoliberal”, materia de la presente exposición, sino antes también la palabra social y hasta el propio liberalismo.

2.0 El Término


Rastrear los orígenes del término “neoliberalismo” no es una tarea que pueda considerarse concluida. De hecho existe bastante confusión al respecto y resulta un tema de la mayor importancia para una investigación futura de largo aliento. Por ello, lo que a continuación se presenta no es más que una breve contribución a que esta investigación se produzca.

Como suele suceder con las palabras que han hecho fortuna, es probable que “neoliberalismo” sea un término con varios orígenes distintos.

Uno primero parece encontrarse en algunos escritos de von Mises; uno segundo es el que le atribuye a la creación colectiva de un coloquio convocado por Walter Lippman la autoría del término; uno tercero es el que lo vincula a la llamada economía social de mercado; y uno cuarto, a la escuela liberal italiana de las entreguerras. Examinemos brevemente cada uno de ellos:

2.1 Von Mises


Aunque no hace uso explícito del término, von Mises sí lo evoca en distintas oportunidades pero asistemáticamente, como veremos. En efecto, von Mises habla de älteren Liberalismus y de neuen Liberalismus, no de “neoliberalismo”. Sin embargo, puede llevar a confusión si revisamos la edición inglesa de Liberalismus, pues encontraremos ahí la cita siguiente:

“Nowhere is the difference between the reasoning of the older liberalism and that of neoliberalism clearer and easier to demonstrate than in their treatment of the problems of equality” .

Hasta ahí se podría llegar a la conclusión de que von Mises introdujo el término, pues Liberalismus es un libro de 1927. No obstante, si revisamos la edición alemana original veremos que el término “neoliberalismo” no aparece.

En efecto, la cita original es:

“Nirgends ist untershied,der in der argumentation zwischen dem älteren Liberalismus und dem neuen Liberalismus besteht, karer und leichter auzfzuweisen alsbeim problem der gleichheit” .

Por cierto que con esto no estamos sugiriendo que haya sido el traductor del texto al inglés, nuestro querido Ralph Raico, quien haya inventado el término, pues en 1962, fecha en que la traducción se produce, ya venía siendo usado en algunos círculos académicos, al punto de que, como veremos luego, ya había sido objeto hasta de un coloquio específico para discutir su adopción.

No sólo en Liberalismus, que es de 1927, puede rastrearse el origen del término, también en otro libro anterior de von Mises existe una referencia aún más remota. En efecto, en Socialismo, que es de 1922, habla también acerca de la diferencia entre el viejo liberalismo (älteren Liberalismus) y el nuevo liberalismo (neuen Liberalismus), pero tampoco usa expresamente la palabra “neoliberalismo” para describir a este último.

Así, von Mises sostiene que “today the old liberal principles have to be submitted to a throrough reexamination. Science has been completely transformed in the last hundred years, and today the general sociological and economic foundations of the liberal doctrine have to be re-laid. On many questions liberalism did not think logically to the conclusion. There are loose threads to be gathered up. But the mode of political activity of liberalism cannot alter” .

Posteriormente, en el prefacio a la Segunda Edición alemana de ese mismo libro, el autor dijo:

“The older liberalism, based on the classical political economy, maintained that the material position of the whole of the wage-earning classes could only be permanently raised by an increase of capital, and this none but capitalistic society based on private ownership of the means of production can guarantee to find. Modern subjective economics has strengthened and confirmed the basis of the view by its theory of wages. Here modern liberalism agrees entire with the older school” .

Más allá de las confusiones que podrían haberse creado en las traducciones, en mi concepto está claro que, aunque Mises no utilizó explícitamente el término, sí habló con frecuencia de un liberalismo viejo y de un liberalismo nuevo. Empero, inclusive en ello fue bastante inexacto.

En la cita de Liberalismo resulta del contexto que por neuen Liberalismus se refiere a los socialistas que se hacen pasar por liberales, mientras que por älteren Liberalismus se refiere a los que llamaríamos liberales clásicos. Teniendo en cuenta que, como dijéramos, el libro es de 1927, este uso es concordante con lo que en textos posteriores von Mises llamaría pseudo liberales.

En cambio, en las citas de Socialismo, parece ser que el autor quiere distinguir entre el viejo y el nuevo liberalismo en función de la teoría subjetiva del valor. En tal sentido, el liberalismo se dividiría en viejo (älteren), antes del valor subjetivo, y nuevo (neuen) después de él. Con esto, además, diera la impresión de que von Mises quiere resaltar especialmente la contribución de Menger y Böhm-Bawerk, en lo que después vendría en llamarse escuela austríaca de economía.

Entonces, si bien es posible rastrear el término “neoliberalismo” hasta von Mises, el sentido que estas alusiones precursoras tuvieron no fue siempre el mismo. En el Liberalismo se usó para designar a los socialistas encubiertos y otros enemigos de la libertad; en el Socialismo, para designar al liberalismo después de la teoría subjetiva del valor.

2.2 El Coloquio de Walter Lippman


Cuenta Louis Baudin que en agosto de 1938 se reunieron en París un grupo de destacados pensadores liberales a iniciativa de Walter Lippman. Eran tiempos con aguas procelosas en que Europa se encontraba ad portas de la Segunda Guerra Mundial y se vivía una situación de grave amenaza y efectiva conculcación de la libertad en buena parte del viejo continente.

Era propósito del coloquio analizar el estado de la defensa de la libertad y las tácticas y estrategias que deberían llevarse a cabo en tiempos tan difíciles. Refiere el propio Baudin que la discusión fue muy amarga, habiéndose escuchado voces de rechazo al término liberalismo por un supuesto descrédito frente a la opinión pública predominante, así como la necesidad de enfatizar que los defensores de la libertad de entonces no avalaban lo que se consideraban los errores fatales del viejo orden europeo.

Afirma Baudin que en esa discusión se acuñó, primero, y se propuso utilizar a partir de entonces, después, el término “neoliberal” para significar precisamente nuestra corriente de pensamiento.

Según el propio Baudin, el “neoliberalismo” se estableció como la palabra clisé que habría de describirnos en función a cuatro principios fundamentales. A saber, el mecanismo de precios libres, el estado de derecho como tarea principal del gobierno, el reconocimiento de que a ese objetivo el gobierno puede sumar otros y la condición de que cualquiera de estas nuevas tareas que el gobierno pueda sumar debe basarse en un proceso de decisión transparente y consentido.

Participaron en el seminario gente de la talla de Rueff, Hayek, von Mises, Rustow, Roepcke, Detauoff, Condliffe, Polanyi, Lippman y el propio Baudin, entre otros. Como no se tuvo actas ni publicaciones del coloquio, el único testimonio de primera fuente que ha quedado es el citado libro de Baudin, escrito hacia mediados de los cincuenta.

De ser exacta la versión del autor del Imperio Socialista de los Incas, pues no hay razón alguna para pensar que no lo es, ésta sería la aparición más remota acreditada del término “neoliberalismo”. Pero además, quedaría claro que no es verdad un aserto comúnmente repetido por muchos en nuestros días, acerca de que ningún liberal que se precie de tal ha reconocido como suyo el término “neoliberal”. Por la versión de Baudin, sería difícil encontrar un grupo que pueda considerarse más liberal, por lo menos en su época, que el que fue convocado por el ilustre periodista norteamericano.

El coloquio de Lippman es además una curiosa paradoja en todo este tema tan complejamente relacionado con giros de lenguaje y figuras retóricas. El que el término “neoliberal” pudiese ser una creación colectiva de un coloquio de intelectuales individualistas puede constituirse en una de las más notables curiosidades de la historia del pensamiento contemporáneo.

2.3 La economía social de mercado


Edgar Narwoth publicó en 1961 un libro que en su época tuvo una gran importancia en la defensa y difusión de las ideas de la libertad. Se llamó Die Social-und Wirtschaftsphilosophie des Neoliberalismus .

En él presenta triunfalmente como el renacimiento del liberalismo la aparición de un conjunto de escuelas del pensamiento en Alemania. Así, considera como neoliberales a la Escuela de Friburgo (Eucken y Mueller – Armack, entre otros) y la Munich (Erhard y Kruse entre otros). Destaca también la contribución Wilhem Roepcke y Alexander Rustow, así como la influencia de la revista Ordo, que se publicaba con singular éxito por entonces.

Ello hace que Schuller y Krussemberg del Centro de Investigación para la Comparación de Sistemas de Dirección Económica de la Phillipps Universitat de Marburgo definan el término “neoliberalismo” como “un concepto global bajo el que se incluyen los programas de la renovación de la mentalidad liberal clásica cuyas concepciones básicas del orden están marcadas por una inequívoca renuncia a las ideas genéricas del laissez faire y por un rechazo total por los sistemas totalitarios. Los esquemas neoliberales del orden económico y social son modelos de estructuración cuyo denominador común central es la exigencia de garantía (constitucional o legal) de la competencia frente a la prepotencia, aunque dan respuestas diferentes al problema de cómo debe resolverse la relación de tensión entre la libertad y la armonía social. Son importantes en este rubro, además de las ideas, de la Escuela de Friburgo las concepciones desarrolladas por Alfred Mueller Armack (Economía Social de Mercado) Wilheim Roepcke y Alexander Rustow. Este tipo de neoliberalismo se distancia clara y expresamente de aquel paleoliberalismo que defendía dogmáticamente la convicción de la armonía inmanente de un sistema de mercado y hacía del laissez faire una obligación (…) Se insiste en que el marco del mercado que abarca la autentica zona de lo humano, es infinitamente más importante que el mercado mismo, de ahí la necesidad de un tercer camino entre el paleoliberalismo y el camino del “neoliberalismo”.

En conclusión, para Schuller y Krussemberg, y con ellos buena parte de la opinión mayoritaria del mundo académico alemán contemporáneo, la economía social de mercado era el neoliberalismo. Esta idea, sin embargo, no parece coincidir con los creadores de la escuela, pues la evidencia documental demuestra exactamente lo contrario de lo que quiere presentarse comúnmente. Como veremos, para los fundadores de la economía social de mercado, el término neoliberalismo era aplicable exactamente a quienes no compartían los puntos de vista de su escuela. No a sus seguidores.

Examinemos por ejemplo muy someramente el pensamiento de Mueller-Armack , quien tiene la mayor importancia en medio de los pensadores tan destacados que dieron origen a esta escuela. De antemano debemos señalar que de la revisión de su obra no podemos inferir que este autor haya acuñado el término “neoliberalismo”. A pesar de utilizar en varias oportunidades la palabra, no hay ningún rastro explícito referido a su creación ni a la semántica que le era atribuida por él.

Así por ejemplo, cuando define economía social de mercado, señala textualmente:

“ … El concepto de economía social de mercado se apoya en el convencimiento, ganado gracias a las investigaciones de las últimas décadas de que no puede practicarse con éxito una política económica sin haber adoptado decididamente un principio coordinador. Los resultados pocos satisfactorios obtenidos por los sistemas intervencionistas de carácter híbrido condujeron a la teoría de los sistemas económicos desarrollada por Walter Eucken, Franz Böhm, Friderich Hayek, Wilheim Roepcke y Alexander Rustow, entre otros, la conclusión de que el principio de libre concurrencia como indispensable medio organizador de colectividades sólo se mostraba eficaz cuando se desenvolvía dentro de un orden claro y preciso, garantizando la competencia. En esta idea, reforzada aún más por las experiencias de economía bélica en la segunda guerra mundial, se basa la ideología de la economía social de mercado. Los representantes de esta escuela comparten con los del neoliberalismo el convencimiento de que la antigua economía liberal había comprendido correctamente el significado temporal de la competencia, pero sin haber prestado la debida atención a los problemas sociales y sociológicos. Al contrario de lo que pretendía el antiguo liberalismo, la economía social de mercado no persigue el restablecimiento de un sistema de laissez faire; su meta es un sistema de nuevo cuño”.

Como puede verse del párrafo citado, aunque Mueller-Armack usa el término “neliberalismo”, no lo hace para calificar a la economía social de mercado como tal, sino por el contrario para distinguirla de otras corrientes liberales sin precisar exactamente cuáles. De ahí que sea difícil poder sostener que, al menos Mueller-Armack, padre de la economía social de mercado, hubiese considerado a ésta como una corriente “neoliberal”. Antes bien, creo que es claro que él consideraba como tales a los liberales contemporáneos a él, posteriores a la teoría subjetiva del valor.

Por cierto, no es este el lugar ni la oportunidad para abordar a cabalidad las múltiples contribuciones de estos destacados autores ni tampoco para estudiar sus errores. Para nuestro propósito es importante sí advertir que en esta escuela algunos han creído ver un segundo origen del término liberalismo. De lo que cabe duda, es que, lo hayan inventado o no, lo usaron deliberadamente para distinguir una escuela liberal de otra. Sea por auténtica convicción o por pura estrategia de mercadeo contribuyeron así decididamente a introducir el término y a impulsar su primera difusión.

Esto hace que ya en 1963 Trías Fargas, al escribir el prólogo a la edición española del citado libro de Mueller-Armack, sostenga que “La economía social de mercado quiere ser algo más amplio y practico que la teoría neoliberal, con lo que por otra parte coincide en los puntos principales. Es más, la segunda suministra a la primera el espinazo teórico que le confiere carácter la secuencia de ideas que arrancando del paleoliberalismo ha llegado al neoliberalismo para desembocar en la economía social de mercado como programa político.”

Podría decirse, entonces, que ya por entonces el término estaba difundido en el sentido de identificar como tales a las corrientes liberales posteriores a la llamada revolución marginalista. Adicionalmente debe decirse que la utilización del término no era peyorativa, como ha devenido en tiempos recientes, sino daba la impresión de usarse a la par que para marcar una diferencia para describir un parentesco entre familias pertenecientes finalmente a un mismo tronco común de pensamiento.

2.4 Escuela Italiana


Además de los textos precursores de Mises, de la paradójica creación colectiva de un grupo de individualistas reunidos por Lippman y de la metódica acción de la escuela de la economía social de mercado, existe un cuarto origen probable del término que Kurt Leube cree encontrar en el movimiento intelectual ocurrido en el norte de Italia durante el período comprendido en las entreguerras.

Señaladamente es el caso de Antoni y Einaudi, quienes muy al estilo de los alemanes de su época, trataban de darle a las ideas liberales un impulso decidido en medio de la trágica experiencia autoritaria que les tocó vivir.

Al parecer ellos usaron muy fluidamente el término desde finales de los años cuarenta en adelante. Lamentablemente no hay mayores pruebas de ello que el testimonio de algunos amigos que los oyeron. Sin embargo, mientras que entre los alemanes el término era utilizado un poco en el sentido de Mueller-Armack, como el liberalismo post-subjetivismo, entre los italianos el término podría haber sido utilizado para designarse a ellos mismos como los nuevos liberales.

Diera la impresión de que en este caso la necesidad de desmarcarse del tradicional anticlericalismo del liberalismo clásico en el continente europeo hubiera sido un aliciente muy importante para la adopción del término. Esto podría haber sido igualmente importante para otros grupos de liberales católicos en otros lugares del mundo. De hecho algunos españoles adoptaron el término rápidamente, como vimos en el caso de Trías Fargas.

Se hace difícil aventurarlo, pero creo que es posible sostener que la rápida difusión del término en Latinoamérica podría provenir precisamente del hecho de que en nuestra historia las relaciones del liberalismo en general con la Iglesia estuvieron marcadas siempre por el conflicto y la agresividad.

Con algunas excepciones, los liberales del siglo XIX en nuestro continente estuvieron fuertemente influenciados por el anticlericalismo continental europeo. Desde las guerras de independencia, en que la influencia de las logias masónicas fue esencial para el rompimiento de las elites con España, hasta el establecimiento de las repúblicas independientes esta relación conflictiva estuvo presente.

3.0 Los Conceptos


Hasta aquí el “neoliberalismo” ha evocado cinco conceptos: el liberalismo después de la teoría subjetiva del valor, el pseudo liberalismo o socialismo encubierto, una nueva escuela liberal, el liberalismo despojado de anticlericalismo y una estrategia de mercadeo político. Examinemos sucintamente cada uno de ellos.

3.1. El “neoliberalismo” como liberalismo después de la teoría del valor


Hemos visto ya como von Mises utilizó el término en este sentido, aunque también en otro perfectamente antagónico. En este caso podría argumentarse sin mayores dificultades que el concepto así utilizado corresponde con un hecho real de la mayor importancia histórica y científica, pues el liberalismo experimenta a partir del subjetivismo una transformación bastante importante que cristaliza en la llamada revolución marginalista.

En ese sentido, el “neoliberalismo” sería una etapa en el desarrollo del liberalismo como doctrina, carente de todo sentido peyorativo y antes bien tratando de destacar alguna contribuciones importantes en el mundo de las ideas.

Aunque como todo neologismo, su uso es discrecional y hasta caprichoso al criterio de los autores, diera la impresión de que éste es el sentido en que predominantemente se entiende el término en los círculos académicos y universitarios.

3.2. El “neoliberalismo” como pseudo liberalismo


El propio von Mises introduce otra acepción del término, como hemos visto en la sección precedente. En este caso ya no se trata de una etapa en el desarrollo del concepto liberalismo, sino de una perversión del mismo.

Al menos en el 22, von Mises pensaba que existía un liberalismo nuevo a partir de las contribuciones de sus maestros austríacos a la teoría económica, pero en el 27 ya parece totalmente preocupado porque el nuevo liberalismo fuese en realidad un Caballo de Troya socialista.

A partir de entonces ésa parece haber sido la acepción predominante en el pensamiento misiano, pues en Economic Freedom in the Present-Day World –un texto de 1957- dice que :

“The german ordo-liberalism is different only in details from sozialpolitik of Schmoller and Wagner school. After the episodes of Weimar radicalism and Nazisocialism, it is a return in principle to the wohlfahrtstaat of Bismarck and Posadovsky” .

Luego, habida cuenta de las fechas transcurridas entre la utilización del concepto “neoliberal” para denotar una suerte de fase superior en el desarrollo del liberalismo y la utilización ulterior del mismo para denunciar a los infiltrados en el liberalismo, la literatura misiana parece haber sufrido una evolución en el tiempo significativa. No obstante ello, la no utilización explícita del término y sus referencias asistemáticas a los conceptos opuestos de viejo-nuevo no permitieron una influencia decidida en el tiempo de las ideas de Mises sobre el particular.

Resta, sin embargo, una consideración adicional. Si Mises parece haber optado finalmente por denunciar las desviaciones conceptuales de los nuevos liberales, ¿cómo así ha sido posible que el término “neoliberal” haya terminado siendo utilizado para asimilar a los que no lo son con quienes lo son y de esta forma incurrir en una desgraciada confusión?. ¿De qué forma se produjo esta perversión del lenguaje?.

Tales preguntas en realidad deberían llevarnos a una más general. Los liberales parecemos no tener suerte con nuestros términos. Con alguna frecuencia, para los tiempos históricos, nos los roban. Ya pasó inclusive con la palabra liberalismo que en muchos lugares significa exactamente lo contrario de lo que es. ¿Cómo no habría de pasarnos con el “neoliberalismo”, mediante el cual se nos quiere desacreditar atribuyéndosenos ideas que no profesamos, políticas que no recomendamos y gobiernos a los que no pertenecemos?.

3.3. El “neoliberalismo” como una nueva escuela liberal


Aunque podría asimilarse perfectamente con la acepción que define al liberalismo como aquello posterior a la teoría subjetiva del valor, y aun con la idea de un liberalismo despojado de tendencias anticlericales que veremos a continuación, ésta es mi opinión una acepción autónoma.

La encuentro más bien ligada con la llamada economía social de mercado que, como vimos habría contribuido a la formación del término y, a no dudarlo, tuvo gran responsabilidad por su amplia difusión.

Está claro que quienes se inscriben en esa tendencia quieren ser distinguidos de otras corrientes liberales. No vamos a disputar en esta oportunidad si eran o no liberales ellos mismos. Al parecer, ellos creían que lo eran. Pueden existir diferentes razones para enfatizar esa distinción. Habrá quienes piensen en la necesidad de cambiar el término como una estrategia de mercadeo político a efectos de tener una mejor inserción en una sociedad que, como la alemana de posguerra, carecía de una idea clara de lo que era el liberalismo y venía del fracaso consecutivo de Weimar y del Nazismo. Pero también habrán quienes sinceramente piensen que la economía social de mercado es una cosa completamente distinta del liberalismo clásico y que, por ende, la separación resulta imperativa.

De hecho, no sólo entre los partidarios de esta escuela cabía esta diferencia. En algún momento, el propio Mises trató también de enfatizarla, además con el particular enojo que lo caracteriza y la facilidad por el escarnio que le da brillo a su pluma.

La médula de la cuestión sin embargo está en que para quienes profesan la economía social de mercado los “neoliberales” son los otros; no ellos. Esa idea de exclusión les ha servido claramente para mantener la cohesión en torno a sus doctrinas y planes políticos. Si los “neoliberales” son los otros liberales, existe una gran comodidad semántica para organizar un discurso político porque en base a la sugerencia de exclusión, de ellos-nosotros, puede también sugerirse implícitamente que nosotros somos los correctos y ellos no o que nosotros somos los buenos y ellos no.

Entonces, mientras Mises entendió a los nuevos liberales como los posteriores al subjetivismo o como los pseudo liberales, la economía social de mercado ha definido a los “neoliberales” como aquellos que les son distintos. No es una acepción positiva, sino negativa del término.

Puede haber, pues, en esta definición negativa una fuente para la utilización contemporánea de la palabra en sentido peyorativo.

3.4 El “Neoliberalismo” como Liberalismo despojado de Anticlericalismo


Mientras en liberalismo anglosajón no tuvo mayor rivalidad con la religión -antes bien, en algunos casos estuvo fuertemente ligado a ella- el liberalismo continental europeo fue generalmente un enemigo de ella, especialmente en el caso de la Iglesia Católica.

En España, Francia, Italia y Alemania hablar de liberalismo, durante el Siglo XIX era evocar un materialismo racionalista totalmente incompatible con el catolicismo y claramente enfrentado con el poder temporal de esa iglesia.

Mutatis mutandi, tal conflicto se traslada a América Latina, donde en el Siglo XIX tenía predominantemente ese carácter anticlerical propio del liberalismo continental y no del anglosajón.

La influencia de la Ilustración y de la Revolución Francesa hicieron que el desarrollo de las ideas liberales viera como perteneciente al viejo régimen todo vestigio de religiosidad, enfrentándose consiguientemente los liberales con los creyentes. De alguna manera esto marcó el Siglo XIX latinoamericano, pues no se exagera si se dice que esa centuria estuvo caracterizada por la guerra civil entre liberales y conservadores.

En países de tradición católica, entonces, el liberalismo ha sido frecuentemente asimilado con posiciones anticlericales. En este contexto, el renacimiento liberal en tales países, a efectos de convocar mayor atención pública y suscitar resistencias menores por parte del clero y los creyentes, habría visto con simpatía la introducción de un término que, como “neoliberalismo”, permitía a quienes lo usaban distinguirse claramente del profundo anticlericalismo de los liberales clásicos.

Así en Alemania, los católicos que se agruparon en el Zentrum durante las entreguerras y posteriormente dieron origen a los partidos cristiano-demócratas, así como sus congéneres demócrata-cristianos italianos, pudieron haber visto en algún momento con simpatía la utilización del neologismo para marcar una distancia con la rivalidad histórica del liberalismo con sus particulares creencias religiosas.

Ello le permitió a la Iglesia Católica superar conflictos que, en tiempos de Pío IX hicieron que se calificara al liberalismo como algo poco menos que diabólico.

3.5 El “Neoliberalismo” como estrategia de mercadeo político del Liberalismo


La noticia acerca del coloquio Lippman nos sugiere poderosamente que el término en cuestión también podría haber sido adoptado con estrictos propósitos de estrategia y táctica políticas.

Generalmente la preocupación de los liberales ha sido por el debate puramente académico, en el que consideraciones de este tipo son francamente impertinentes. Pero cuando se ha tratado de la acción política, los liberales se han visto en la necesidad de discutir la terminología a utilizar a efectos de que resulte compatible con la consecución de determinados objetivos establecidos.

Luego, resulta perfectamente lógico que, habida cuenta de la información ofrecida por Baudin acerca de la importante reunión de liberales del 38, se considere la posibilidad de que el término hubiese sido elaborado con la idea de reemplazar al viejo término liberalismo y ofrecer así una serie de ventajas en materia de comunicación social, sin tener que asumir el activo y el pasivo de la vieja doctrina.

Salvando las distancias, recuerdo que una cosa semejante me ocurrió con Hernando de Soto hace ya más de quince años. Acabábamos de terminar El Otro Sendero, cuando me pidió que eliminara completamente del texto la palabra liberal -que por supuesto estaba por todas partes- y que la reemplazará por la palabra popular. Así, la economía liberal vino a convertirse en la economía popular; la sociedad liberal, en la sociedad popular; la filosofía liberal, en la popular. Su explicación fue la de que en esos momentos no era compatible con el buen mercadeo apelar al término, ya que podría generar innecesariamente resistencias. Aunque no estuve de acuerdo, recuerdo que de Soto, que presume de ser un gran vendedor, terminó imponiéndose.

Sea lo que de ello fuere, la evidencia documental sugiere poderosamente la posibilidad de que algunos liberales de gran importancia hubieran pensado que el “neoliberalismo” podría haber sido un término idóneo para el debate político de sus tiempos. De hecho más idóneo que los términos utilizados por entonces.


Lo curioso de esta estrategia es que terminó convirtiéndose, con el pasar de los años, en una eficaz fórmula de mercadeo contra la ideas de las libertad.

4.0 La Trampa Retórica


Hemos visto los orígenes probables del término y los sentidos que se le han dado al mismo a través del tiempo dentro de lo que podríamos denominar el liberalismo contemporáneo.

Sin embargo, el uso más notable y perverso del término en nuestros tiempos no ocurre al interior del liberalismo, sino fuera de él. En los lugares donde se lo utiliza, es la prensa, los políticos y los rivales del liberalismo quienes han hecho uso de él preferentemente, pero en sentido generalmente distinto de los anteriormente mencionados.

En efecto, el “neoliberalismo” es utilizado para caracterizar cualquier propuesta, política o gobierno que, alejándose del socialismo más convencional, propenda al equilibrio presupuestal, combata la inflación, privatice empresas estatales y, en general, reduzca la intervención estatal en la economía.

Así, por ejemplo, en América Latina se presenta como “neoliberales” a gobiernos tan disímiles como los de Carlos Salinas de Gortari en México, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Alberto Fujimori en el Perú, Fernando Henrique Cardoso en el Brasil o Carlos Saúl Menem en la Argentina. Una cosa semejante ocurre en África, Asia y Europa del Este.

Independientemente del juicio que pueda merecernos cada política en particular y de la evaluación que merezca cada gobierno en cuestión, está muy claro que el liberalismo es algo mucho más complejo que la adopción de medidas gubernativas en particular, máxime sin son incompletas y contradictorias. Aisladamente un gobierno socialista puede tomar medidas liberales y un gobierno liberal puede tomar medidas socialistas. Ejemplos hay muchos en la historia. Desde los laboristas neozelandeses hasta los conservadores británicos. Pero no hace a los socialistas liberales; ni a éstos, aquéllos; máxime si la caracterización en el ámbito político no tiene el rigor ni la seriedad del debate intelectual.

En Latinoamérica, si bien durante los años noventa se regresó a la austeridad fiscal de los cincuenta, esto no puede considerarse inherente y exclusivo del liberalismo económico. Si bien se privatizó, se hizo con monopolios legales soslayando por completo la importancia de la competencia en el desarrollo de los mercados. Si bien se permitió la inversión extranjera, se hizo de forma igual que la China comunista a quien ningún alucinado podría tildar de liberal o neoliberal. En general aunque se daba la impresión de que se reducía la intervención estatal, en términos de gasto público como fracción del producto interno, o se mantenía igual o inclusive aumentaba. Es el caso del Perú, mi país, donde hoy el tamaño del estado es mayor que cuando empezaron las mal llamadas reformas “neoliberales”. Paradójicamente, el viejo capitalismo mercantilista fue presentado como si fuera un inexistente “neoliberalismo” por los enemigos de la libertad.

¿Cómo se llegó a esta situación?. ¿Tuvimos los liberales alguna responsabilidad en ella?. ¿Fue producto histórico del azar o consecuencia de alguna táctica deliberada?. ¿Cómo ha sido posible que el “neoliberalismo” que fue entendido por los liberales un desarrollo de su pensamiento o como una nueva escuela del mismo haya pasado a convertirse en el habla cotidiana en un término para asimilar a las ideas de la libertad algunos de sus más impresentables enemigos?.

Es verdad que la autocrítica ha faltado entre los liberales, porque en algunos casos han sido ellos mismos los que se han involucrado innecesariamente con experiencias lamentables. Llevados tal vez por la soledad política, los liberales en algunas oportunidades han respaldado al primer gobierno que creyeron coincidía con sus puntos de vista, sin advertir que la coincidencia era aparente y que generalmente es mejor dejarse aconsejar por el paso del tiempo antes de prestar atención a la primera aventura política que nos toque la puerta.

A no dudarlo el proceso ha sido complejo y parte de una perversión del lenguaje sobre la que es necesario reflexionar. Muchas veces los liberales han despreciado los debates terminológicos para atenerse prioritariamente a los hechos. Esta actitud ciertamente les ha permitido contribuciones notables al desarrollo de la ciencia económica, pero también los ha hecho víctimas de numerosas estratagemas.

Hayek advirtió, por ello, contra la perversión del lenguaje y denunció la existencia de lo que el llamaba palabras-comadreja. Inspirado en un viejo mito nórdico que le atribuye a la comadreja la capacidad de succionar el contenido de un huevo sin quebrar su cáscara, Hayek sostuvo que existían palabras capaces de succionar a otras por completo su significado.

El denunció entre otras a la palabra social. Así explicó que esta palabra agregada a otra la convertía en su contrario. Por ejemplo, la justicia social no es justicia; la democracia social, no es democracia; el constitucionalismo social, no es constitucionalismo; el estado social de derecho, no es estado de derecho, etc. En el Perú se llegó, por ejemplo, en tiempos del general Velasco Alvarado a plantear una singular innovación en la ciencias jurídicas mediante la creación de la así llamada propiedad social, que -por supuesto- no era propiedad alguna.

Mutatis Mutandi, el “neoliberalismo” parece pertenecer a ese género de las palabras-comadreja. Sólo que en una función diferente. Mientras que la palabra social le da sentido contrario a la que se le agrega, la palabra “neoliberal” identifica con esta doctrina a quienes no pertenecen a ella. Una invierte los sentidos, la otra asimila a los distintos.

En realidad la contribución de Hayek sobre este tema merece un desarrollo ulterior que, en mi concepto, no ha tenido. Cuando denunció la existencia de una perversión del lenguaje según la cual unas palabras (las comadrejas) eran capaces de alterar el significado de otras, estaba en realidad sugiriendo explorar un tema de capital importancia: la función de las palabras en el debate ideológico.

El estudio de las figuras del lenguaje o tropos ha sido generalmente dejado a la retórica. Si la filosofía se ha fijado en ellos es sólo en los fatigosos catálogos de falacias con que los lógicos ilustran su quehacer. No obstante, Hayek al proponer el concepto de palabra-comadreja en realidad lo que hizo fue explorar las función de los tropos en el debate ideológico e invitarnos a dar un paso adelante y entender que las ideas no sólo deben explicarse o refutarse a partir de su logicidad sino por también su función retórica.

Lo que sucede es que los liberales han confundido, a pesar de la sugestión de Hayek, los planos del discurso. Una cosa es el discurso científico gobernado por la lógica, por el principio de no contradicción y por sus reglas propias. Otra cosa completamente distinta es el discurso ideológico, donde las reglas son las de las retórica y donde, por ende, hay que atenerse a principios distintos. Pretender incursionar en el debate ideológico con instrumentos propios del discurso científico ha concedido ventajas incontables a nuestros enemigos, que se han servido con diligencia de los viejos principios retóricos, conocidos a la perfección en el pensamiento occidental desde los griegos, pero lamentablemente olvidados por los defensores de las ideas de la libertad.

La función retórica tiene por propósito la utilización de recursos lingüísticos dirigidos, precisamente, a alterar la comunicación de cómo simplemente hubiese ocurrido. Puede mejorar la expresión, agudizar la elocuencia, aclarar las ideas, pero puede también confundirlas, pervertir los conceptos y alterar el sentido del debate. No obstante, su uso es perfectamente legítimo en el debate ideológico. Diría inclusive que consustancial a él.

No podemos, pues, quejarnos porque se utilicen figuras retóricas en el debate ideológico. Lo absurdo sería que no se utilizasen. Lo que tenemos que hacer es prestarles atención. Estudiarlas y recurrir al vasto conocimiento acumulado que se tiene de esa metodología de comunicación.

Entonces, es posible pensar en el estudio de las palabras-comadreja -el “neoliberalismo” una de ellas- como una rama de la retórica en el debate ideológico y recurrir a sus métodos de estudio para tratar de esclarecer el proceso por el cual al término se le ha dado un sentido adverso al que aparentemente debería haber tenido.

El desprecio por el debate terminológico ha tenido en el pasado un alto costo, pues nuestros enemigos se dedicaron a pervertir nuestros términos sin mayor resistencia de nuestra parte. Pasó con la propia palabra liberal, que terminó teniendo en el mundo anglosajón un sentido opuesto al de su tradición histórica. Nos pasa ahora en Latinoamérica y en otros países subdesarrollados con el término “neoliberal”, por el que se busca asemejar a nuestras propuestas aventuras políticas desgraciadas, propuestas absurdas, corrupción extendida o la pura frivolidad.

La retórica puede servirnos para encontrar algunos elementos de juicio útiles para profundizar en este debate. En el caso de la palabra social lo que parece haber sucedido es que se produce una antífrasis, que es una figura del lenguaje o tropo que invierte el sentido de la palabra a la que se agrega, sólo que en este caso la sustracción del sentido está desprovista de la ironía que comúnmente los textos de lingüística le atribuyen a la figura aludida.

La asimilación con la antífrasis, empero, podría producirse completamente si aceptáramos que finalmente no puede haber más que sentido del humor en llamarle justicia social a lo que no es justicia o democracia social a lo que no es democracia. Quienes suelen utilizar ordinariamente los términos parecen bastante solemnes cuando lo hacen y lucen desprovistos de todo sentido del humor, pero creo que sería perfectamente aceptable plantear que el uso de la palabra social puede ser, retóricamente, una tomadura de pelo a oyentes inadvertidos.

En el caso del “neoliberalismo” yo me atrevería a sostener que hay una sinécdoque. Este es un tropo consistente en extender o restringir el significado de una palabra tomando la parte por el todo, o al todo por la parte, o la materia con que está hecha la cosa con la cosa misma.

Son ejemplos clásicos en retórica, hablar de vela en lugar de barco (parte por todo); mortales por hombres (todo por parte); o acero por espada (materia por cosa).

En el caso del “neoliberalismo”, lo que sucede es que se quiere asimilar con el liberalismo algunas políticas o ideas en particular que aisladamente podrían ser compatibles con él, pero también con cualquier otra cosa, sugiriendo una identidad inexistente. Se trataría entonces de lo que en teoría se denomina una sinécdoque particularizante: se quiere presentar partes del liberalismo como si fuera el todo.

Desde el punto de vista lógico, estas figuras retóricas son consideradas falacias. Pero sucede que el debate político la verdad no resulta de un razonamiento lógico, en el sentido de una inferencia deductiva, sino de un procedimiento dialéctico, en el sentido socrático del término. La verdad política no es, pues, deductiva ni lógica, sino expositiva y retórica. Tiene la razón quien mejor la expone. Así Lausberg considera que todo tropo “es un cambio en la significación, pero un cambio cum virtute, por tanto no es ya un vitium de impropietas”.

Este uso sinecdóquico del término “neoliberalismo” es el que se encuentra implícito en el lenguaje corriente y que produce la perversión en el lenguaje que se me ha encargado analizar. A través de él nos han arrebatado el concepto inspirado en algún extremo por Mises, desarrollado colectivamente por un paradójico conciliábulo de individualistas, adornado por los severos creadores de la economía social de mercado y sabe Dios difundido consciente o inconscientemente por cuántos de nosotros aquí presentes.

Propongo pues, inspirado en la retórica clásica, una nueva disciplina: la comadrejología, consistente en estudiar cómo las figuras del lenguaje o tropos son utilizadas en el debate ideológico para alterar el significado de las palabras con propósitos deliberados.

5.0 Conclusión


El sentido predominante que se le atribuye al término “neoliberalismo” es consecuencia de que los enemigos de la libertad han utilizado esa palabra como una sinécdoque, como anteriormente otros hicieron con la palabra social a la que convirtieron en una antífrasis. Y otros, antes aún, con la palabra liberal, a la que le pasó lo mismo.

De esta manera, a través de la retórica y sus mecanismos, los liberales perdemos en el debate político lo que ganamos en el campo de las contribuciones científicas. Probablemente haya muy pocas doctrinas que, como el liberalismo, hayan perdido tantos términos a manos de sus enemigos en el debate político.

Debemos por ello empezar a estudiar este campo a fin de librar también ahí una batalla más entre las muchas que la vigilancia permanente de la libertad nos exige.

En la precursora sugestión de las palabras-comadreja, Hayek estaba en realidad invitándonos a ir más allá y explorar este terreno ignorado y, tal vez, menospreciado.

Muchas veces creemos que para triunfar en la lucha por la libertad basta con la abrumadora evidencia de los hechos. No obstante, ellos son insuficientes para causar la convicción necesaria en el debate ideológico. Como decía von Mises: ”facts per se can neither prove nor refute anything. Everything is decided by the interpretation and explanation of the facts, by the ideas and theories”.

Despojar al liberalismo de una cierta arrogancia intelectual resulta, así imprescindible. Con ejemplos como lo sucedido con el término “neoliberalismo” debería bastarnos para entenderlo, porque aunque “words are signals for ideas, not ideas”, como quería Spencer . Perder nuestros términos por una mayor habilidad de nuestros oponentes se presenta como un error muy lamentable que amenaza periódicamente nuestra identidad.

Ser liberal no significa lo mismo en todos los países. Algunos de nuestros conceptos más preciados, como justicia, estado de derecho o propiedad, han sido tergiversados por adjetivos semánticamente predatorios. Y, en el colmo de la paradoja, quieren nuestros enemigos asociarnos con ideas, políticas o gobiernos que nos resultan ajenos. Todo ello es de por sí un precio muy alto a pagar por no haber advertido la importancia de este debate y el daño que pueden causar las palabras cuando son retóricamente manejadas. ”Figura est vitium cum ratione factum”.


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Mises,Ludwig von.Liberalism.Sheed Andrews and Mc Mee,Inc.Kansas City.1978. Pág.27.

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Mises, Ludwig von. Ob Cit. Pág.9. (Preface to the Second German Edition.Vienna.1932).

Baudin,Louis. L´Aube d´un Nouveau Liberalismo.Genin .París 1953.

Nawroth,Edgar.Die Social-und Wirtschatsphilosophie des Neoliberalismus.Kerle.Heilderberg.1961.


Schuller, Alfred y Krusselberg , Hans Gunter, Conceptos Básicos sobre el Orden Económico. Ediciones Folio S.A. 1997. Barcelona. Pág. 97.

Mueller-Armack, Alfred. Economía dirigida y Economía de Mercado. Sociedad de Estudios y Publicaciones. Madrid. 1963. Pág. 226.

Trías Fargas, Ramón. Prologo a la primera Edición Española de Economía Dirigida y Economía de Mercado de Alfred Mueller- Armack. Sociedad de Estudios y Publicaciones. Madrid, 1963.pp 29-30.


Mises,Ludwig von.Economic Freedom in the Present-Day World.In Economic Freedom and Interventionism.Foundation For Economic Education.Irvington on Hudson.NY.1990. Pág.240.

Vargas Llosa ,Alvaro.Latin American Liberalism.A Mirage?.The Independient Review,v.VI.N.3.Winter 2002.California.pp.325-343.

Grupo M.Retórica General.Paidós Comunicación.Buenos Aires 1992.

Grupo M.Ob.Cit.p 223.

Lausberg,Heinrich.Manual de Retórica Literaria. pp 76-80. Gredos. Madrid. 1991.

Lausberg ,Ob Cit. Pág.58.

Mises.Socialism.Liberty Classics.Indianapolis,1981. Pág.459.

Spencer,Herbert. The Man Versus the State.Watts. London , 1950.

Veronese, Guarino.Regulae .En Percival,W.Keith.La Gramática y la Retórica en el Renacimiento. Pág. 374. En La elocuencia en el Renacimiento. James J. Murphy, ed.Visor Libros.Madrid.1999.


miércoles, 18 de abril de 2012

El oscuro brillo del nuevo Querubín






















He leído "FUNDAMENTOS DE LA TEORÍA GENERAL"-Las consecuencias teóricas de Lord Keynes-. El libro basado en la tesis doctoral de Axel Kicillof hace unos años; mi profesión obliga a estar actualizado con los diferentes puntos de vista en tanto análisis económicos. Al escuchar el día de ayer su exposición en el congreso de la Nación, me propuse poner en imagen lo que considero, subyace a su esquema conceptual; la forma en que este muchacho ve los precios, el trabajo y el valor. Axel Kicillof cree ver por todos lados operando la "ley del valor trabajo", sin tener en cuenta la escasez y la utilidad. A diferencia de Isaac Newton, quien no solo creía observar una ley operando sobre los cuerpos y en consecuencia creó una genial estructura conceptual y matemática para dar forma a una explicación acabada sobre el fenómeno, el viceministro parece no diferenciar claramente fenómeno de abstracción, teoría de hecho; realidad de fantasía.

Voy a intentar exponer la forma de abordar los "hechos económicos" que tiene Kicillof con un ejemplo para que lo entiendan todos -y todas-. Hay un sketch de Diego Capusotto (un cómico argentino), en el que un adicto a la marihuana cree escuchar que todo el mundo habla de "faso". Así, el muchacho, cuando escucha radio y, ante una información del tipo: "una increíble cortina de humo tapa la visibilidad..." se pone como loco y comienza a decir; "están hablando de fasooo, están hablando de fasooo" (se embala por que escuchó la palabra humo). De esta forma, reacciona con grata sorpresa ante cada frase que escucha y que contenga la palabra "papel" "yerba" o "fumadores". El personaje de Capusotto siempre cree que; "están hablando de fasoooooo...". Enternece ver al personaje en su inconsciente auto conmiseracion.

A Kicillof parece sucederle lo mismo que aquel entrañable personaje cuando escucha palabras como "trabajadores" "trabajo" "Salario" "costo" o lo que fuere que pueda hacer "feet" con lo que tiene en su cabeza, a saber; "las penurias incorporadas en los productos, las cuales son sustancia de valor de los mismos". Cuando escucha aquellos conceptos, el funcionario se embala como un Fórmula Uno. Al igual que el personaje de Capusotto, que nos dice, fuera de contexto: "están hablando de faso", el viceministro, cuando se analizan precios y rentabilidades, nos dice; "están hablando de la ley del valor trabajo". A diferencia del personaje artístico anteriormente mencionado, el viceministro no enternece al verlo, sino que su petulante arrogancia cimentada en el vacío provoca un profundo escozor. Bueno, he ahí el economista que nos alumbra con sus discursos; un Querubín oscuramente brillante...

viernes, 13 de abril de 2012

Metele mano al mercado...


Si hay que hacer colas para cargar nafta, si se corta la luz de tanto en tanto, si escasean ciertas marcas en las góndolas, si no se puede conseguir yerba mate en todos lados, si no eres libre de circular por las rutas y calles sin ser detenido por un piquete, si tu dinero no mantiene su reserva de valor de un mes a otro, si al cambiarlo en el extranjero lo regatean negativamente, si tienes que faltar dos días a tu trabajo para no cobrar el premio de asistencia y así evitar que tu sueldo llegue al piso de impuesto a las ganancias. Si cada compra que haces debes ponderarla en el proporcional de tus gastos como cuando de chico contabas porotos para aprender matemáticas, si ves a tu presidente día a día utilizar discursos tan solo para intentar justificar todas y cada una de aquellas cosas que forman parte de tu cotidianeidad: ¿No te parece que hay algo que no está funcionando?

Lo nominal y lo real...









¿Podríamos preguntarnos si a precios relativos estamos igual o peor que en convertibilidad?. La diferencia más palpable en la dinámica de aquel modelo con éste, pasa por el cambio en una de las entradas de la balanza de pagos; hemos cambiado las fuerzas de equilibrio desde la cuenta de capitales a la balanza comercial y comenzamos a tocar las remesas y las transferencias netas -en la medida que la balanza comercial comienza a dar síntomas de desequilibrio-. Pero hoy, que hemos llegado al 90% de capacidad de producción instalada, con capital amortizado en gran parte del tejido industrial, importando energía, lo que agudiza la elasticidad de demanda de importaciones del sector industrial a medida que crece, solo una inyección de inversión (o mejor dicho un chorro de manguera) puede suplir ese déficit estructural, que muestra síntomas de agudizarse en los próximos meses.

Pero; como no entra un mango, deberíamos financiarlo con ahorro interno. Pero; como no hay incremento de productividad suficientemente alto para que empuje ahorro interno disponible, entonces lo haremos con dinero espurio (banco central, emisión monetaria). Pero; como aquí no se produce el grueso de los bienes de capital que se necesitan para poder suplir capital amortizado, habrá que importarlo. Pero; como esto se opone a las tensiones de la cuenta corriente del balance de pagos (ha de mantenerse superavitaria la balanza comercial porque es deficitaria la cuenta de capitales) habrá que trompear a Moreno para que deje ingresar capital para producir un nuevo ciclo de crecimiento....Puffff... ¿Quien se atreverá? ¿Kicillof? ¿O Lorenzino?










sábado, 24 de marzo de 2012

Memoria, verdad y justicia


Tomemos 54 minutos para reflexionar sobre genocidio, dictaduras -militares y de las otras, llamadas "del proletariado"-. No olvidemos que muchos personajes que hoy alzan las banderas de la memoria, la verdad y la justicia, son declaradamente afines al sistema que derramó el horror que se despliega en el video: por más que intenten negar la realidad con interpretaciones remanidas o con excusas pueriles y falaces como; "el verdadero comunismo no ha existido y aquello fue una conspiración interna". Por más que se intente camuflar la verdad y descerebrar la memoria, la justicia se abre paso. El siguiente video seguramente aporte un ángulo interesante para comprender lo que nos pasó aquel 24 de marzo de 1976; espasmos ideológicos de marginales mesías sociales intentando imponer, aferrados a espejismos historicistas, sus miserables fantasías.

Con ustedes, el comunismo y el ensalzamiento nacionalista en estado puro y duro...



sábado, 3 de marzo de 2012

Una de Fellini





En un momento del discurso de apertura de sesiones ordinarias, la presidente increpó a docentes por la forma de protestar para incrementar su salario básico de 2800 pesos a 3000, a la vez que los acusó de cierta vagancia y comodidad al tener tres meses de vacaciones y trabajar tan solo 4 horas. Ver venir esa acusación de una mujer con 100 millones de pesos de patrimonio declarado, rodeada y festejada por cientos de personas cuyo ingreso promedio es de 50 mil pesos mensuales, y solo por trabajar algunas semanas durante el año, a la vez que vitoreada desde los palcos por un ejército de jovenzuelos colgando trapos pintados y confirmando que estarían dispuestos a ser su carne de cañón entregándose para una supuesta "liberación", me retrotrajo a las películas de Federico Fellini; ¿Todo muy loco verdad?

jueves, 1 de marzo de 2012

Crisis internacional

Recomiendo tomar una hora de tiempo y escuchar detenidamente esta conferencia de Alberto Benegas Lynch (h). Una clara perspectiva para comprender desde otro ángulo eso que comunmente se denomina la "crisis internacional".





viernes, 24 de febrero de 2012

El delito de una desidia miserable; la miseria de un candor desconocido.























El día de ayer se produjo la tercera tragedia ferroviaria en la historia de nuestro país; 50 muertos y más de 650 heridos, de los cuales aproximadamente 50 son de gravedad. Como no podía ser de otra manera, a medida que pasaban las horas comenzó la participación de los representantes de cada una de las partes involucradas; el núcleo jerárquico empresarial, el representante gubernamental y los representantes sindicales. Nuestra presidente, adicta al maternalismo patriótico, paradójicamente no emitió ni el más mínimo esbozo de acompañamiento en el dolor de las víctimas.

Pero el motivo de éste escrito no es criticar a Cristina Kirchner y su gestión de transporte, los acontecimientos recientes con la tarjeta sube, el circuito de corrupción de la causa Jaime, el asesinato del militante Mariano Ferreira aparentemente a manos de gremios ferroviarios y las 700 víctimas del día de ayer, entre una larga lista de anomalías, son suficiente prueba ya como para continuar haciendo leña del árbol caído. El motivo del presnete desarrollo es un intento de aproximación -si bien a vuelo de pájaro y con una visión sesgada hacia la economía- a la esencia que subyace a la aparición de estas injustas muertes, que parecen empujadas por una desidia generalizada.

Dado que mucho se habla del estado del ferrocarril y muchos dedos acusadores se han levantado a lo largo del tiempo, me permitiré trazar una sencilla imagen acompañada de algunos números para mostrar, lo que entiendo, es la estructura de supuestos con la que se han tomado decisiones en las últimas 6 décadas aproximadamente. En esa imagen probablemente descanse la esencia de esa obsolescencia que denunciamos, y cuya asfixia se siente en forma directamente proporcional a nuestros gritos.

Imaginemos dos personas que tienen para gastar en su transporte 3000 pesos por mes cada una, y poseen 60000 mil pesos para comparar un vehículo para trasladarse. Una de ellas decide administrar eficientemente sus recursos, consciente de optimizar el costo de oportunidad de su decisión, mientras que la otra deja librada su decisión al impulso de su corazón. Para los que no saben que es un "costo de oportunidad de decidir", piense en la siguiente pregunta; ¿A cuántas satisfacciones renuncio hoy, medidas en 60 mil pesos, si decido hundir esa suma en la compra de un auto? Podríamos, preliminarmente indicar, por caso, la renuncia al disfrute de un viaje a Europa o a la compra de un terreno con potencial de valorización, entre otras miles de cosas. También podemos pensarlo a la inversa; ¿A cuántas penurias y esfuerzos estoy dispuesto a someterme hoy, para maximizar la cantidad de disfrutes futuros?

Ya pensados algunos aspectos del costo de oportunidad, podemos volver al ejemplo que venimos desarrollando.

Para diferenciar las clásicas posturas económicas ante el consumo, la inversión y el rendimiento esperado, hemos de mostrar el carácter de estos dos sujetos. Lo que mueve a la primera persona es la optimización del rendimiento futuro de su decisión vía la minimización de anomalías para maximizar satisfacciones. La segunda persona, por el contrario, acostumbra saciar ya una satisfacción, sin tener en cuenta la medición de consecuencias presentes y futuras. Si la primera persona evalúa su accionar mediante una brújula que se mueve por parámetros de cálculo objetivo, la segunda persona será guiada por preconceptos de transmisión acumulada con una carga creciente de corazonadas, digamos: cree encontrar "la felicidad"; si la primera decide en base a un reglamento y un protocolo implícito, la segunda se mueve mediante una sensación de tribuna.

Supongamos que ambas personas, con aquellos recursos mencionados, se dan a la tarea de comprar un vehículo usado para depositar en él su traslado futuro. La primera, para tomar su decisión, ponderará el costo operativo del vehículo por kilometro, por semana, por mes, dando prioridad a la amortización de su utilidad para poder cambiarlo, llegado el momento, con el fruto de la optimización de sus ingresos futuros disponibles. Las segunda obviará esto y solo pretenderá adquirir aquello que siempre quiso y nunca pudo poseer. Supongamos que los vehículos disponibles son; un Volkswagen Fox modelo 2010 y un Ford Falcon modelo 1990 en condiciones medianamente aceptables.

Como ha de intuir el lector, puede suceder, como contraejemplo, que el vehículo más nuevo esté en peores condiciones y que el vehículo amortizado tenga un mejor rendimiento, pero esto es una excepción en la realidad y no una regla. La primera persona analizará ambos vehículos y trazará los números del costo operativo de uno y otro, la segunda solo se entregará al deseo inmediato, como veremos, muy probablemente su deseo sea el Falcon a cualquier precio y ya.

El fetichismo de los deseos incumplidos en el cálculo económico suele hacer estragos. Normalmente las personas tan entregadas a este tipo de primitivas sensaciones, con poco análisis desde lo económico, presentan un desdén nada despreciable por sobre la innovación y la optimización. Generalmente piensan que todo pasado fue mejor (allí descansan sus deseos incumplidos) y es a esa especie de útero materno económico donde siempre pretenden volver. Es probable que esa persona, deseosa del Ford Falcon, argumente para su compra que el Fox es un pedazo de lata que a la primera de cambio comenzará a hacer ruidos por todos lados. El otro vehículo será observado como "un fierro de los que ya no se hacen". Imaginemos como ha de relamerse un vendedor que, teniendo un Falcon de clavo, ve ingresar raudo un cliente con estas especiales características y tan deseoso de poseerlo...

La primera persona observará que el vehículo antiguo tiene un costo operativo más elevado que el vehículo moderno; un mayor consumo de combustible, un horizonte temporal de recambio cercano -piezas del motor, cubiertas, pintura, amortiguación- que ponen al Ford en un costo operativo mensual de, supongamos, 3000 pesos, monto que es el total neto de lo que tiene destinado a movilización mensual. El Volkswagen posee un costo operativo de 2000 pesos para los próximos dos años, momento en el que comenzará a requerir semestralmente un mantenimiento creciente. La primera persona optará por el auto moderno, dejando los mil pesos extra mes a mes para, en aproximadamente dos años, tener 24 mil pesos y cambiar el vehículo por otro de renovadas características, alejando nuevamente el horizonte de gastos de recambio, habiendo ahorrado para ello sobre la base de una óptima administración.

La segunda persona no ponderará esto y comprará el Ford, fetiche deseado gran parte de su vida. No medirá si podrá o no, a futuro, recomprar otro vehículo de similares características, tampoco indagará en demasía el estado general de la mecánica y las consecuencias de su decisión y no ponderará si podrá o no, manetnerlo adecuadamente en un período de utilidad acotado. Digamos que, con verlo medianamente bien parado avanzará en su compra. El vendedor, como ya el lector habrá supuesto, intentará extraer del Falcon todo lo que potencialmente pueda, las ansias de un comprador empedernido hacen  su juego, supongamos entonces que exige el mismo precio que pretende por el Fox; ambos vehículos entonces son vendidos a 60 mil pesos.

El lector atento pensará que en el ejemplo hay vicios capciosos al traer parámetros ad-hoc que pueden dirigir el relato hacia un lugar detalladamente estudiado para corroborar una conclusión subjetiva, pero veremos más adelante que esto no es así al respecto de nuestros trenes y su historia, sino que el ejemplo es abrumadoramente real. Argentina nacionalizó ferrocarriles amortizados pagando por tres lo que valía por uno. Pero volvamos al ejemplo.

Imaginemos ahora a las dos personas 10 años después.

Para no hacer más complejo técnicamente el desarrollo, suponemos constantes las variables precios e ingresos, entonces, luego de 120 meses, podremos encontrar el siguiente panorama. La primera persona, en el año 2022, poseerá un Volkswagen Fox modelo 2020. La segunda tendrá una realidad un tanto diferente. Mientas la persona que utilizó sus capacidades de cálculo económico, disfrutará cómodamente y a bajo costo operativo de un placentero viaje, el navegador satelital y la interactividad de un bello compacto eléctrico, la segunda persona llegará tarde a su trabajo y con un insoportable hedor a nafta debido a que su Ford modelo 1990 lo deja a la vera del camino la mitad de las veces en que intenta desplazarse.

Quien creyo disfrutar la felicidad inmediata de la satisfacción de un deseo incumplido, se transformó en un pobre diablo que no ha podido avanzar en el recambio de su vehículo; durante 10 años gastó todo su ingreso en el mantenimiento de su obsolescencia, y aún así no alcanzó. Como no bastó con 3000 pesos mensuales, ya que las roturas fueron cada vez más y más repetitivas, esta persona sacó créditos para mantención y pago de gastos operativos crecientemente onerosos. En todo ese tiempo, no solo no pudo cambiar su Falcon, sino que el vehículo amortizado significó un peso tal que lo empujo al endeudamiento para mantener un fetiche del corazón. Cambiar por completo a mitad de camino, una vez que se arrancó pagando por tres lo que valía por uno, se hace exponencialmente más oneroso a medida que pasan los meses.

Recopilemos. Una de las personas durante 10 años pudo ahorrar 1000 pesos por mes debido a la utilización de un material con bajos costos operativos, tuvo una ganancia neta, solo en términos de ahorro, de 120 mil pesos, que se trasladó directamente a cubrir la amortización para mantener tal tasa de ganancia operativa del vehículo a lo largo de los 10 años -el cambio del auto cada dos años para no tener gastos innecesarios-. La otra persona, en esos mismos 10 años, tuvo que endeudarse probablemente en 120 mil pesos para mantener operativamente un aparato obsoleto, es interesante puntualizar que la diferencia entre ambas no será de 120 mil pesos, sino de 240 mil. La segunda persona tampoco obtendrá rendimiento alguno por tal deuda, sino solo erogaciones sin más, lo que la depositará en la profundización de sus penurias para pagar sus costos vitales, los cuales serán cada vez más onerosos si sumamos el pago del servicio de deuda cada mes. En síntesis: EL COSTO DE OPORTUNIDAD DE HABER DECIDIDO SACIAR UN DESEO EN FORMA APRESURADA Y SIN MEDIAR EL MÁS MÍNIMO ANÁLISIS ECONÓMICO DE SU DECISIÓN, DEPOSITÓ A ESE POBRE HOMBRE EN UN LABERINTO SIN SALIDA.

Si quiere el lector aderezar aún más el ejemplo, piense por un momento a quien le generaría trabajo adicional la primera persona y a quien la segunda. En el caso de la primera, a la industria automotriz y el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas. La segunda empujaría a viejos talleres mecánicos a mantener una estructura operativa obsoleta y a un sector financiero que vivirá de la tasa de préstamos que otorgará a este último pobre diablo atrapado en su propia y miserable desdicha, aunque aún contento por poseer "el Ford".

Llegado un tiempo, cuando el pobre diablo toma consciencia de la lejanía de poseer un Fox, tiene dos caminos. O se entrega a la templanza y la entereza de sobreponerse y asume con valentía las consecuencias de una mala decisión, intentando cambiar el curso de sus acciones. O bien profundizará su yerro y su desdén hacia "lo otro", eso otro que no entiende. Y la respuesta de ese insoportable dolor no irá dirigida a ese automóvil otrora despreciado, dado que ahora es el nuevo objeto de deseo. El desdén se dirigirá raudo al poseedor del auto, al cual éste desdichado individuo observará con recelo y sobre el que lloverán acusaciones de egoísmo e injusticia social... Hemos llegado así al momento de traer al relato toda la potencia de la realidad histórica.

El General Juan Domingo Perón compró los ferrocarriles a Gran Bretaña en 1947 pagando por ellos el triple de su valor. Aquellos trenes eran capital ya amortizado por el circuito de negocios Inglés en nuestro país y su tasa de rendimiento era de apenas dos puntos: para decirlo más sencillo; PERON COMPRO UN FORD FALCON CON EL EXCEDENTE DE ORO QUE SIGNIFICÓ LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

En aquel entonces, la edición clandestina de La Vanguardia, convirtiendo las cifras en dólares trazó la siguiente comparación: “Italia pagó 325 millones de dólares como monto total de reparaciones de guerra y nosotros hemos pagado 375 millones de dólares de más solo por razones sentimentales”. Tiempo después, en la Cámara de Diputados, Arturo Frondizi denunciaría lo siguiente: “se pagó a los ingleses en libras esterlinas y no en pesos moneda nacional, lo que resultó gravoso para la economía del país”.

Es a partir de ese momento que comienza el calvario de nuestro sector ferroviario y no a partir de esa falacia estúpida que suelen repetir algunos apresurados pensadores intentado achacar al "neoliberalismo de los noventa" el estado en que se encuentran nuestras obsoletas instalaciones ferroviarias. Cadavéricos trenes pagados como si fueran relucientes maquinarias, con un horizonte de caducidad muy corto y un costo operativo muy elevado. Tal el gusto del corazón al que nos condujo el peronismo cuando anunció con bombos y platillos que finalmente habíamos comprado el Falcon tan deseado, o mejor dicho, que éramos dueños ahora de aquellos trenes tan deseados, ajusticiando a esos explotadores ingleses, recomponiendo una historia de desequilibrio y miseria, aunque a ciencia cierta, era felicidad presente por miseria futura.

Imagine ahora el lector las consecuencias de aquella estúpida decisión de pagar por tres lo que valía por uno, no a 10 años, como en el ejemplo de los automóviles, sino a 60. Si es un poco sagaz en el análisis, tendrá ya captada la esencia del problema, y no es otra que un profundo analfabetismo en materia económica, conjugado con una exasperante petulancia y presunción de superioridad sobre el resto del arco político cada vez que se intentó justificar esas terribles y contraindicadas decisiones. Así la historia, estúpidas argumentaciones al respecto del problema ferroviario, fueron siempre funcionales a negocios que nada tuvieron que ver con una estrategia efectivamente positiva para nuestra república, para nuestra ciudadanía, para el pueblo. Acciones estúpidas, sostenidas por un péndulo que se movía desde el ingenuo candor del desconocimiento hasta la mirada amenazante del patoterismo tribunero, tornaron imposible cualquier intento de argumentación positiva. Gritos acusadores se transformaron en moneda corriente; el peronista nacional y popular, si hay algo de lo que puede hacer gala, es de ser un acusador serial.

Hoy se pretende profundizar aquel candor, aquellos gritos y aquellas acusaciones, y como guía de los nuevos dictámenes del corazón, nuestra presidente nos hipnotiza con frases de cotillón. Pero hay gemidos que pululan por los andenes ferroviarios, susurros que a 36 horas de una innecesaria tragedia, intentan establecer conexión con los nuevos desaparecidos.






domingo, 19 de febrero de 2012

Consciencia de clases...

Hace un par de días salió publicada una nota en Pagina12 cuyo título es: "Ejercito de ocupación". Se trata de un análisis -si es que se lo puede llamar así- sobre la influencia del sector financiero y la obstinación alemana para "empobrecer" al resto de Europa. La nota dejaría ver que se pretende "envilecer" la estructura socioeconómica del viejo continente en la misma medida que se ha "empobrecido a Alemania" desde hace unos años. Como siempre, el demonio es la flexibilización neoliberal y el maldito ajuste. Y como siempre, no podría ser otro diario que Pagina12 y el inefable Alfredo Zaiat quienes promueven la comprometida denuncia. Sin embargo, y aquí lo interesante de la misma, no queda muy claro si es un ataque o una defensa a la política alemana y la flexibilización laboral. Primero recomiendo que lean la nota, la cual he linkeado. Seguidamente, si lo desean, pueden solazarse unos minutos leyendo mis comentarios de la misma. Comienzo con el segundo párrafo, que lo disfruten.

"Alemania logra erigirse así en la gran y única potencia europea, con el sacrificio a su clase trabajadora flexibilizada y salarios deprimidos, registrando marcas de productividad y competitividad de su economía que hunde al resto de los países del continente sitiados por el euro. No hay política de ajuste posible, con la moneda común como ejército de ocupación de la soberanía nacional, que pueda alentar la recuperación de esas economías con una Alemania industrial, exportadora y mercado laboral ultraflexibilizado. El resultado es la recesión general (Italia, Bélgica, Holanda, Grecia, España, Portugal ya la declararon) con una sola economía a salvo, la que impone las condiciones políticas, financieras y sociales de la Eurozona".

El autor de la "brillante" nota no hace sino apuntalar positivamente lo que intenta criticar; la flexibilización como sistema de empobrecimiento. ¿Cómo es posible que un país con el grueso de su población empobrecida a consecuencia de la flexibilización pueda dominar al resto de países con mayor opulencia y poder de consumo de sus salarios? ¿El Alemán promedio vive peor entonces que el griego promedio? ¿Eso no será una injusticia que habrá que rectificar de alguna manera debido a la efectiva productividad superior del trabajador alemán y ahora habrá que sincerar finalmente, a costa de pagar con dolor presente la fantasía de un jolgorio pasado? Zaiat parece atacar una política mercantilista alemana que descansaría en el concepto de "utilidad de la pobreza" (o "nivel óptimo de frustración" con salarios reales lo suficientemente altos que promueva incentivos para los lujos, pero lo suficientemente bajos para que nunca puedan alcanzarse) para acumular stock y poder. Aunque por otro lado, le estaría dando la razón económica -desde una perspectiva positiva en tanto que acumulación y crecimiento de competitividad real- a los resultados de la misma, precisamente porque reconoce el poderío de la fuerza centrífuga que significa Alemania desde que instauró esta política.

Luego Zaiat continúa:

"Esa estructura del mercado laboral hace aún más competitiva la economía alemana, mientras el euro actúa como un cerco invulnerable para el resto de los países porque perdieron la herramienta de la devaluación de su propia moneda para moderar las diferencias de productividades".

Como habrá detectado, el autor es todo un adicto a la manipulación nominal de parámetros como la fuente de soluciones de la estructura de producción del sistema industrial; BRILLANTE!!. No comprendo que hace escribiendo en Pagina12. Habría que hacer recordar a Zaiat (o explicarle) que la productividad no es sino la cantidad de producto por tiempo de trabajo en una comparación temporal, la nominalidad del dinero no es sino una resultante de este ejercicio real de la economía.

Haciendo referencia a un analista Español, Zaiat hace punto en la siguiente argumentación:

"Alemania se embarcó en un sistema de reformas que fueron calificadas como el mayor cambio en el Estado de Bienestar desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras muchos de los países vecinos se movían en la dirección opuesta, los socialdemócratas alemanes en el gobierno desregularon el mercado laboral, y presionaron a sindicatos y empresarios para que pactaran una moderación salarial a cambio de seguridad en el empleo y crecimiento. Así un modelo laboral flexible y con subvenciones del gobierno permitieron a los empresarios ajustarse al ciclo económico sin necesidad de despidos masivos"

Brillante! nos habla de ajuste mediante flexibilidad, pero no hace mención a crisis alguna sino a ciclo económico, aunque, inmediatamente y tan solo mediando un punto y aparte, Zaiat indica lo siguiente:

"La diferencia con el actual momento es que Alemania realizó esa reforma con una economía mundial en auge, mientras que ahora esa exigencia a los otros países europeos es durante una recesión, déficit fiscal y crecimiento de la deuda"

No se entiende cómo es que los empresarios alemanes son tan tontos para haber "ajustado" mediante "flexibilización laboral" justo cuando la economía estaba en auge -que Zaiat en el párrafo anterior y para no dejar ver su contradicción, llama "ciclo". Tampoco se comprende cual ha sido el detonante de la actual "crisis de ajuste" del resto de Europa y los pobres griegos. ¿No será esta crisis actual del resto, producto del incremento de productividad de Alemania y no de la maldad de un sistema financiero injusto? ¿No será que el sistema financiero es el más fácilmente acusable porque es quien en definitiva debe terminar midiendo objetivamente las diferencias entre los países para que los "analistas" como Zaiat den rienda suelta a una crítica falaz y estéril?

Que comúnmente exótica es la imagen del Marxista qué, no pudiendo atacar al sistema capitalista, se bambolea como aquel oso al cual Viernes utilizó para divertir a Robinson en uno de los peores momentos de la travesía europea. Zaiat, al igual que aquel desdichado plantígrado, se encuentra a medio camino mostrando cómicos movimientos en su intento por equilibrar con un bastón nominal, una caída que sabe segura al sentir la incapacidad de las plantas de sus pies para atenazar un fino y oscilante cable de acero keynesiano. Qué melancólica belleza agrega a aquel contraste de sensaciones, el pensar al comentarista trabajando en un diario de izquierdas, cuya subsistencia depende de las transferencias de un gobierno dirigista y en cuya redacción, sendos bolcheviques rioplatenses intentan mantener conectado el respirador a un cuerpo ya sin vida de ideas marchitas y decadentes.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Un socio oneroso



Muchos personajes hablan de los dichos de Cristina Kirchner al respecto de los riesgos del sector agropecuario ante problemas climáticos y sobre quien debería hacer frente a los mismos. Se horrorizan por que la presidente indicó que no pueden pedir ayuda al estado cuando las cosas no van bien o se presenta un problema imprevisto como la sequía que viene afrontando el sector hace un par de meses. Sin embargo, nadie ha mencionado que esos riesgos podrían afrontarse como parte de la evaluación del ciclo de negocios ex-ante, sin necesidad de acudir al socio más oneroso de todos; el estado.

Si la rentabilidad del sector no estuviera distorsionada debido a la intervención de precios y transferencias que la penetración burocrática de ese oneroso socio impulsa cuando las cosas marchan bien, no sería tanta la necesidad de su dependencia ahora, cuando las cosas están mal. De esta manera, sería interesante impulsar un planteo desde la siguiente posición; o no hay intervención y se deja al mercado que ajuste, tanto en las buenas como en las malas, mediante servicios de aseguradoras multi-riesgo, o, de lo contrario, si se impulsa al estado a meter mano, debe quedar claramente establecido que es el mismo estado quien tenga que sobrellevar las consecuencias de las anomalías a las que propende cuando disloca la brújula de precios perjudicando a unos y beneficiando a otros.

Como una innovación para la modernización del estado, puede proponerse como proyecto de ley que los burócratas de turno respondan con su patrimonio por las consecuencias de crear turbulencias en los procesos de mercado, por distorsionar las mejores prácticas para una clara evaluación y por cercar la posibilidad de toma de decisiones en forma objetiva y sobre la base de no tener la variable "reglas de juego" como punto oscuro para la evaluación de un ciclo normal de negocios.

Igualdad de oportunidades


Argentina profunda hoy: Piquetes de protesta vs contra-piquetes de apoyo alrededor del complejo minero. Movilizados continentales en el conflicto de Malvinas en 1982 -buscando lo prometido por un diputado hace unos años- vs gendarmería nacional; pobres contra pobres, retrato viviente de una república desgraciada, institucionalmente violada, civilmente maltratada.

Pero no se preocupe, no hay nada que temer, para solucionar la "tensión de posturas", le damremos la causa Rucci -un gremialista asesinado en 1973 por la organización Montoneros- al juez Oyarbide y repatriaremos finalmente a ese gran patriota llamado Mario Firmenich, el mejor asesor posible para este pacificador y amoroso gobierno nacionalpopulista (en adelante NAPU) corrientemente conocido como "kirchnerismo" o "cristinismo". Hermoso...

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quebracho haciendo patria para todos.



El grupo "Quebracho" hizo alarde una vez más de su impunidad y quemó un árbol de navidad en el espacio público de CABA. Aparentemente, uno de sus líderes indico que lo hacían por que "es un símbolo del capitalismo". Con tan brillante reflexión, no me caben dudas de las luminarias de sus cuadros. Propongo entonces recuperar las Malvinas con esta "intelligentzia independentista". Es sencillo: los juntamos a todos, colgamos un par de arbolitos de navidad en la punta de un barco a remo, lo suficientemente cerca como para ser percibido como objetivo, pero lo suficientemente alejado para que no lleguen a el con sus extremidades. Remarán así intentando llegar a los árboles navideños para quemarlos -al igual que un galgo corre atrás de la liebre artificial movida por un artilugio mecánico-. Así, se impulsarán hasta las islas y no tendremos que gastar recursos en enviarlos; irán autopropulsados.


En ese momento regalamos un arbolito enorme a los kelpers para que pongan en el centro de Port Stanley, haciendo gala de buena vecindad, aunque escondiendo sagazmente nuestras verdaderas intenciones. Llegarán así nuestras embobadas tropas, remando y remando con la mirada puesta en los arbolitos que penden de los mástiles de sus propias embarcaciones. Ante el árbol aún mayor que divisarán en el horizonte brillando desde Port Sanley, ésos valientes nacionalistas probablemente griten como primates y se dirijan raudos a su quema. Cegados por tanta animosidad antisistema, desembarcarán destruyendo todo lo que se interponga a su paso, con un solo objetivo; aquel árbol de Port Stanley. Sin haber percibido el mínimo atisbo de sus quehaceres, habrán hecho patria tomando Malvinas... ¡¡¡Y que se queden para siempre!!!!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL CAPITALISMO

En los siguientes cinco videos concatenados se incorpora el desarrollo de un Curso dictado por Ayn Rand en el Ford Hall Forum de Boston el 19 de noviembre de 1967. Este curso es esencial para entender en su raíz la validación moral y epistemológica del capitalismo









viernes, 25 de noviembre de 2011

"EL MODELO" Y SU EMPUJE SOCIAL

Imagina que posees unas vacas y un par de hectáreas para iniciar un pequeño emprendimiento ganadero, cuando de repente llega un representante del gobierno y las acorrala indicando un posible brote de aftosa. Sin dar ningúna explicación delimita un área de exclusión complicando el proceso de alimentación de tu ganado. Comienzas tu reclamo y te responden con un subsidio para que pagues una empresa tercerizada mediante la cual alimentarlas. Viene el sindicato de peones a recriminarte por no alimentarlas con su personal, pacientemente intentas explicar que no tienes nada que ver en este entuerto, que para alimentar un par de vacas basta y sobra con la fuerza de tus brazos y tus piernas, pero que no puedes hacerlo porque hay una zona de exclusión. Los peones comienzan a pelearse con los tercerizados, vuelan las piedras. Las vacas continúan famélicas. Y tú a los gritos intentando ser escuchado; "pero se mueren las vacas!". Un emisario del gobierno te dice "¡Cállate oligarca!". Muere de un piedrazo un trabajador tercerizado, todos salen corriendo y se esconden como las ratas lo hacen en un albañal. En el lugar no queda nadie, menos aún el contralor del gobierno. Corres desesperado a ver el ganado, pero encuentras solo pedazos de carne y cuero que yace sin vida en la sequedad de un terreno inhóspito, entonces piensas; "debería haber dedicado mi esfuerzo a la soja”.

Llegas abatido a la pequeña e improvisada habitación del terruño, dejas tu cuerpo caer pesadamente en la cama mientras enciendes la pequeña radio atenazada en tus manos. Pensando en aquel esquivo brote pastoril escuchas que comienza una nueva ronda de mensajes en cadena nacional, percibes el tono firme en el tronar de la presidente mediante unas palabras que, al unísono de su emisión, parecen cobrar mágicamente un significado opuesto al que supuestamente responden; sientes estar en presencia de un poder transformador cuando observas que lo que aparece como un embeleso conceptual, llega a tus oídos como una afrenta guerrera; "...aumentaremos las retenciones a los granos porque hay demasiada opulencia, renta extraordinaria y falta de generosidad, conviviendo irresponsablemente con excesivas necesidades básicas insatisfechas y falta de dignidad..."

Continúas con atención el discurso y se oyen voces que presentan a los nuevos líderes de las juventudes dignificantes. Uno de ellos comienza a hablar e instantáneamente su voz resulta familiar: es el jefe de los tercerizados que inició el descalabro en tu campo conviviendo en el palco con el líder del sindicato de peones; la contraparte de la barbarie. Harto de la situación, decides irte sin importar el costo, te empujas a dejar tu tierra con lo poco que de ella queda. Vas derecho al aeropuerto pensando en organizar una nueva vida, imaginas ya nuevas metas e intuyes nuevos medios para tales fines, sientes que el pesar va calmando el hastío y no quieres mirar atrás. Llegas al mostrador para comprar un pasaje y te encuentras con una muchacha que, portando la imagen y la voz de la empresa que en minutos debía montarte hacia una nueva ilusión, te informa: “los vuelos están paralizados hasta nuevo aviso”.

Tercerizados y sindicatos aeroportuarios han parado las operaciones y se escucha el sonido de bombos que llega desde el interior de las aeronaves; lo único que vuela en la pista son piedras. Cansado ya y casi sin ganas de continuar viviendo, decides ir a una armería y gastar lo último que queda de tu dinero para comprar un arma y volarte los sesos. El vendedor, advirtiendo tu estado y conociendo el paño, sugiere que no desperdicies 8 balas si vas a utilizar tan solo una. Un inexplicable proceso te hace tomar conciencia de la utilidad que puede poseer un excedente innecesario y te abocas a la tarea de hacer algo bueno con tu vida: algo bueno en forma explícita; sientes que puedes ser solidario entregando súbitamente y sin pedir nada a cambio, aquel residuo metálico, aquellas 8 balas. Compras el arma con sus nueve movimientos y comienzas a caminar en silencio. Utilizas una con el líder de los tercerizados del campo, luego otra con el sindicalista de peones rurales. Comienza a gustarte la solidaridad, sientes la potencia del poder de ese pedazo de metal en tu puño y fluye nuevamente ése impulso vital que parecía perdido. Utilizas una tercera bala para el representante del gobierno que construyó el corral estatal para tu ganado. Casi como por una jugarreta del destino, quien lo acompaña en el auto es una cara conocida, la recuerdas claramente, es el burócrata que había pretendido denostarte en forma acusatoria al grito de: "¡oligarca!". Con pulso sereno, sin titubeos ni remordimiento, depositas en su vientre dos eficientes regalos de plomo.

Ya eres consciente que no vale la pena matarse, sino corregir injusticias, y sabes que aún puedes sentirte vivo 4 veces más. Vuelves en silencio a tu casa, escuchas al taxista hablar de inflación, te dice que no puede pagar el reemplazo de sus neumáticos y agradece pertenecer a un sindicato fuerte que le acerca a precio de costo, las ruedas que el mercado le vende a precio de usura. Levanta el volumen de la radio y escuchas que el ministro de economía habla de "tensión de precios" y que es gracias a las intervenciones estatales que todos pueden acceder a lo más básico de sus insumos para trabajar dignamente. Ya has detectado para quien será el sexto plomo.

Antes de ingresar a tu departamento, observas que el encargado platica con un hombre que parece su hermano, un Mercedes Benz en la puerta te hace sospechar que se trata de alguien importante, el encargado te presenta al interlocutor, es el líder del sindicato de encargados de edificios, quien jocosamente te dice; "que pasó con las vaquitas papito". Le dejas el séptimo y octavo regalo y lo depositas a un eterno descanso al lado de su opulento vehículo. Sales corriendo ante la atónita mirada del conserje, pasas la noche en un hotel de baja calidad en constitución, prendes el televisor y ves el revuelo en la puerta de tu edificio. El encargado habla de ti, dice que eres una persona buena, de trabajo, que hacías chistes, que todas las mañanas te ibas con las alpargatas a tu campo a trabajar, que volvías cansado pero siempre de buen humor. También indica que solo te habían hecho una broma por las vacas que habías perdido, pero que no era para tanto...

Los periodistas se preguntan qué habría de pasarle a un hombre común que se vio empujado a semejante actitud. Pasan las publicidades y en el bloque siguiente se repite el discurso presidencial en medio de un día de tensiones en el aeropuerto. La presidente indica que; "...vamos a ser duros con los que no comprendan que la dignidad del pueblo argentino está por encima de intereses particulares..." Casi sin querer, mirando el espejo enmohecido de la modesta habitación, te ves con el arma en la mano, agitado, mirando el televisor y compenetrado con el discurso. Súbitamente tomas consciencia de dos cosas; el destino de aquella última bala y la metamorfosis kafkiana que transformó a un ciudadano común en un asesino serial.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Aerolíneas Argentinas da FAMA a una nueva estrella

¿Quién hubiera pensado que un marxista de pura cepa como Axel Kicillof apuntalaría su gestión sobre características de racionalización empresaria de ajuste a ganancias mediante el rendimiento marginal del capital? -forma tan odiosamente odiada por el marxismo clásico- ¿Y qué decir si el mismo muchacho hace responsable de tal racionalidad (masticando inconscientemente la realidad que provoca de facto, lo que de hecho esquivó teorizando en sus años de estudiante-investigador) a la naturaleza volcánica?
En su intento de justificar un movimiento que no necesita justificación alguna, sino al contrario, solo ser explicado mediante parámetros objetivos, el gurú Kicillof nos muestra que aún no ha comprendido que racionalizar una empresa no es sinónimo de achicamiento, sino de posicionamiento y mejora: ¿O estará haciendo "fulbito para la tribuna" y nosotros financiando su FAMA? (Fiesta Aérea Monopólica Anti-mercado)


miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿Sensación de libertad o profundización del encierro?

Intercambiando opinión al respecto de los seguimientos para comprar dólares, una persona me dijo: “… a mi no me parece mal que se tenga que blanquear para comprar dólares, es un eterno problema que ha padecido Argentina desde siempre, y este gobierno parece encaminar la solución. Si ganas 5000 y tus cuentas declaradas denotan que no podes ahorrar más de 500 dólares por mes, esta bien que no te dejen comprar más”.

A lo que respondí: “pero si tengo ganas de hacerme cargo un preciso mes de comer arroz partido, pagar mis cuentas al mes siguiente, encargándome de costear mis intereses sobre la base de hacer uso de mi libertad de elección -por más que esta me suma en la indigencia provisoria- y, COMPRAR 1200 DÓLARES. ¡No lo puedo hacer! dado que el sistema – en apariencia altruista- me lo prohíbe de facto. Esto es una clara restricción a mi libertad de elegir sobre la base de mis propias acciones conciente de los costos que deberé afrontar por ellas

La persona con quien hablaba hizo unos segundos de silencio y dijo: “La verdad es que tienes razón, no había pensado desde ese lado el punto”. Luego, continuando la conversación, le expliqué como es que las ranas se dejan cocinar a fuego lento sin advertir la adaptación a la temperatura que las llevará a su propia muerte, mostrando la contraparte del ejemplo de otra rana que, tirándola al agua caliente sin previa adaptación salta huyendo despavorida ante el peligro, ante lo cual, mi interlocutor contestó: “¿y esto es precisamente lo que esta sucediendo verdad?". En efecto, indiqué, eso parece estar sucediendo. Con una mirada acompañada de un agudo ceño, lo que dejaba ver que su nivel de concentración se elevaba, preguntó: “¿¡Como es eso del liberalismo que tanto mencionas…?!” Y comencé a sentir que no todo estaba perdido…

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA LIBERTAD SE ABRE CAMINO



Hace 22 años caía el símbolo material de una ideología marchita: el muro de Berlín. Del lado socialista, la imagen que dejó ver aquella tapia derrumbada, no era sino una triste impresión grisácea, una ciudad sin alma, una descolorida melancolía corroída por el paso del tiempo. Sólo La Habana parece empeñarse en conservar aquellas imágenes de decadencia material. Aunque también hay personas que persisten en mantener en respirador ideológico, la frustración de saber ya fenecido aquello que, no pudiendo nunca ser, consideran, podría haber sido... CELEBREMOS UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA CAÍDA DEL MURO DE LA VERGÜENZA, CELEBREMOS LA LIBERTAD!!!