En las últimas horas, y ante una sucesión de eventos impredecibles que atañen a la política económica, nuevamente la presidente argentina ha optado por la opción de fuga, aunque con algunas diferencias de destino: Si en otros momentos de tensión la fuga se dio con destino interno -El Calafate-, ahora optó por un desafío superior; Cuba.
El significado simbólico desde lo político que presenta este destino, amerita un pequeño intento por presentar lo que sería la estrategia de la presidente dadas las circunstancias impredecibles a las que nos tiene acostumbrados y, también, como no, la humilde recomendación de este pequeño ciudadano.
Parece ser entonces que la última jugada de Cristina es bastante estratégica y no menos elucubrada con esa clásica agudeza de visión de contexto y momento; sus movimientos no solo serán para la tropa propia, sino también para círculos rojos cercanos. Me explico.
Volverá de Cuba con con los jirones de Fidel Castro para que lo atiendan como un Rey en el hotel del Calafate (ya negoció paz y tranquilidad para el viejo dictador en sus últimos días). Luego, apelando a la tradición mortuoria de los movimientos socialistas totalitarios, embalsamarán a esa reliquia que llaman líder y la pasearán por todo el país. De esta manera sellarán el mito y asegurarán 7 generaciones más de idiotez utopicista.
Es probable también que hayan sellado un doble beneficio; por un lado, un intento por lograr la distracción adecuada para lo que resta de gobierno cristinista, y por el otro, descomprimir al viejo dictador de la amargura de presenciar -en sus últimos días-, la lenta pero inexorable liberalización de la que otrora fuera su isla.
En efecto, un marchito Fidel habría transmitido a nuestra mandataria lo insoportable de presenciar el sangrado de aquello que se apropió durante toda una vida para moldearlo a su gusto y medida, y sentir no solo el desvanecimiento de esa meta, sino la punción de una pregunta incómoda que retumba en su cabeza, que sería la siguiente; "¿Y si en realidad eso que he transmitido como anhelo universal, y con flemática firmeza a lo largo de mi vida, es tan solo un trozo de ego propio?". Podría ser que la interpelación violenta de esta pregunta habría empujado al dictador caribeño a cambiar de aposentos en sus últimos días y mudar su distracción al Calafate.
De todas maneras hay un problema con la propuesta de Cristina, y es probable que el aún chúcaro Fidel la ponga en vereda con la sola mención a su momificación, puesto que esto supondría su muerte antes de 2015, y el dictador aún conserva la fuerza mental suficiente y el grado de malicia necesaria como para pensar que todavía no quiere morir. Y aquí entonces mi humilde recomendación.
¿No sería más sencillo, menos costoso, sin riesgo y calzado al momento histórico, sugerir a ambos personajes que intenten ayuda mutua para minimizar el golpe de enfrentarse a sus inexorables caídas?
¿No podríamos acaso poner por un lado al dictador ante la verdad en sus últimos días para brindarle paz, mostrando que Cuba no se desangra sino que, por el contrario, se encuentra absorbiendo más suero conforme la proporción de líquido que pierde el viejo tirano que la llevó a ese lecho?
¿Será muy complicado enfrentar a la diva argentina ante la verdad que muestra los síntomas claros del lento pero inexorable sangrado de su propia utopía, esa que al igual que reverbera en aquella pregunta que campea los esos del marchito anciano, no sería más que un trozo de ego personalista travestido en anhelo universal?
¿Será posible?
Porque el saber no se obtiene buscando un conocimiento completo, sino captando nuestra ignorancia adecuada.
domingo, 26 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
VÍCTOR HUGO MORALES. UN PERSONAJE PELIGROSO.
Dada mi tendencia al masoquismo conceptual, pero también a mi necesidad de estar medianamente informado y no hablar por boca de jarro, hoy me tapé la nariz y cerré los ojos como quien se tira a nadar en un charco de materia fecal, y sintonicé radio continental para escuchar el editorial de Victor Hugo Morales luego de la reaparición de Cristina Fernandez de Kirchner. Esperaba muchas referencias a las palabras “neoliberalismo” “corporaciones” y “poderosos”, aunque no tantas veces repetidas –como efectivamente sucedió-, con tan pocos segundos de separación entre pronunciación y pronunciación.
Si bien no es novedad que el uruguayo emane esta especie de piñas al aire y al revoleo (de hecho ha escrito un libro que se llama “Un Grito en el Desierto”), el guion de su editorial es preocupante, precisamente por el camino que tomó más allá de los slogans acostumbrados por este señor -y previsiblemente expuestos-, cuyos editoriales son más parecidos a una coreografía de una porrista oficial que a un análisis profesional de una persona que maneja su materia.
La alarma se encendió cuando el señor Morales indicó claramente y sin tapujos que en una guerra ya declarada, y para el caso de Argentina, no solo hay enemigos externos, sino que el más fuerte es el enemigo interno, ese que está atacando por tierra, aire y mar -y camuflado sin que lo podamos identificar en forma clara-, con todas sus fuerzas para derribar en esta guerra a un gobierno popular. Y que hay que estar atentos y a la altura de la circunstancias.
La teoría del enemigo interno es la que se esgrime en cualquier proceso dictatorial para generar el contexto adecuado para legitimar una cacería persecutoria por parte del poder de turno de cualquier sociedad. No obstante, el señor Morales también dejó sutilmente trazada una línea en este sentido, y dejó sentada la palabra "neoliberal". Este concepto correspondería a cualquier cosa que no esté en línea a estas "políticas populares" y, por cierto, con ese sello puesto, cualquiera de nosotros simplemente por expresar un desacuerdo, pasa a ser susceptible de persecución hasta extinción.
Espero que este señor, que ha sido el primero en vomitar sobre la práctica profesional periodística allí por la década de 1980, cuando sentó puerilmente el precedente que muestra a los periodistas dirimiendo rencillas personales delante de un micrófono -sellando una catadura moral digna de un miserable cobarde-, tenga la entereza de rectificar su editorial del día de la fecha.
Mi argumento es sencillo; con sus palabras y conceptos, Víctor Hugo Morales ha puesto en riesgo mi vida en favor del poder público, dado que soy un ciudadano que, aplicando los argumentos por este señor esgrimidos, puede ser, potencialmente, foco de futuros señalamientos y persecuciones, de penas y escarnios, y de todo lo que pueda hacer el aparato del estado contra un ciudadano desprotegido.
Si bien no es novedad que el uruguayo emane esta especie de piñas al aire y al revoleo (de hecho ha escrito un libro que se llama “Un Grito en el Desierto”), el guion de su editorial es preocupante, precisamente por el camino que tomó más allá de los slogans acostumbrados por este señor -y previsiblemente expuestos-, cuyos editoriales son más parecidos a una coreografía de una porrista oficial que a un análisis profesional de una persona que maneja su materia.
La alarma se encendió cuando el señor Morales indicó claramente y sin tapujos que en una guerra ya declarada, y para el caso de Argentina, no solo hay enemigos externos, sino que el más fuerte es el enemigo interno, ese que está atacando por tierra, aire y mar -y camuflado sin que lo podamos identificar en forma clara-, con todas sus fuerzas para derribar en esta guerra a un gobierno popular. Y que hay que estar atentos y a la altura de la circunstancias.
La teoría del enemigo interno es la que se esgrime en cualquier proceso dictatorial para generar el contexto adecuado para legitimar una cacería persecutoria por parte del poder de turno de cualquier sociedad. No obstante, el señor Morales también dejó sutilmente trazada una línea en este sentido, y dejó sentada la palabra "neoliberal". Este concepto correspondería a cualquier cosa que no esté en línea a estas "políticas populares" y, por cierto, con ese sello puesto, cualquiera de nosotros simplemente por expresar un desacuerdo, pasa a ser susceptible de persecución hasta extinción.
Espero que este señor, que ha sido el primero en vomitar sobre la práctica profesional periodística allí por la década de 1980, cuando sentó puerilmente el precedente que muestra a los periodistas dirimiendo rencillas personales delante de un micrófono -sellando una catadura moral digna de un miserable cobarde-, tenga la entereza de rectificar su editorial del día de la fecha.
Mi argumento es sencillo; con sus palabras y conceptos, Víctor Hugo Morales ha puesto en riesgo mi vida en favor del poder público, dado que soy un ciudadano que, aplicando los argumentos por este señor esgrimidos, puede ser, potencialmente, foco de futuros señalamientos y persecuciones, de penas y escarnios, y de todo lo que pueda hacer el aparato del estado contra un ciudadano desprotegido.
miércoles, 15 de enero de 2014
LA VÍCTIMA ES EL VICTIMARIO, EL DELINCUENTE SOS VOS.
Cuando un delincuente comete un delito de manera violenta, llegando a terminar con la vida de su víctima, los mecanismos institucionales que nuestra sociedad posee para poner justicia al desgraciado evento, se encuentran cada vez más alejados de la esperanza de la sociedad civil por lograrla. Uno de los escollos que nuestra sociedad presenta se manifiesta en la imposibilidad que tenemos cuando intentamos establecer de manera clara y contundente la línea que delimita víctima de victimario. Los protocolos penales y judiciales con los que desarrollamos dictamen y sentencia parecen también portar esa característica.
Las instituciones abocadas a garantizar nuestra seguridad, enmarcar la legalidad y desarrollar la legitimidad de nuestras conductas, parecen mostrar una aguda alteración al momento de dictaminar los premios y castigos mediante los cuales evaluamos nuestras expectativas de vida. En lo penal asistimos a una clara subversión de sentidos, que se manifiesta en las categorías con las cuales se deben identificar -y separar-, culpables de inocentes. El delincuente que cometió un delito es presentado como la víctima que debió cometer una transgresión para sobrevivir, en tanto que la víctima es presentada como un portador de opulencia que deberá responsabilizarse por el costo de su condición. En muchos sentidos es un proceso similar al que se desarrolla cuando se acusa a una mujer como la responsable de haber causado su violación por haberse mostrado con una minifalda demasiado corta.
La interpretación institucional que busca el esclarecimiento de un delito, no interpreta como responsable de sus actos al sujeto que lo cometió, sino como alguien que no tuvo la chance de conocer el mundo de la responsabilidad puesto que fue expulsado por falta de oportunidades, y empujado a esa ingrata e indeseable acción que hemos interpretado como un delito. Esta particular forma de ver los hechos observa a la acción delictiva como una manifestación inevitable, que en su potencia expresa la última alternativa que posee una persona para reclamar pertenencia a un sistema que la oprime excluyéndola. De esta manera los victimarios se presentan como las víctimas de una perversión formal -y de ahí la culpa legal con la cual se los exculpa-, y las víctimas como privilegiados inconscientes gestados en esa misma perversidad. Desde ese lugar, cualquier pedido formal de justicia sobre un hecho delictivo es recibido con desdén, puesto que no hay buena predisposición a tener que aceptar un reclamo gestado en el nivel de lo aparente (el desprecio del sentido común). Y es a partir de este punto que el andamiaje político y judicial argentino (cuyo deber supremo, es bueno recordarlo, es proteger la integridad de la ciudadanía para garantizar su vida en libertad), cambiando de lugar lo esencial de lo aparente, comienza a dejar atrás la consecución de una meta justa para abrazar la búsqueda de un anhelo.
Una persona que muere por proteger a su familia, sus pertenencias o por no disponer de las abundancias suficientes para satisfacer el hambre del depredador, solo es interpretada como una víctima en su aspecto formal y, establecida esta categoría, comienzan a funcionar los engranajes intelectuales que irán erosionando el sentido original del hecho utilizando la divulgación para traducirlo y desplazarlo. Así comienza la fase ideológica del proceso y se desfigura a la verdadera víctima al señalarla como un eslabón que ayuda a transmitir la fuerza y el funcionamiento de un sistema opresor y excluyente; el capitalismo salvaje.
Y será esa “persona eslabón” la que de alguna manera ha empujado al excluido a tomar su parte, la que le corresponde por las buenas o por las malas. Si es por las buenas, la pedirá. Por las malas, la robará. Y en estado de desesperación, matará. Desde esta particular mirada, siempre y bajo toda circunstancia, asistimos a un legítimo reclamo que los vulgares ciudadanos no alcanzamos a percibir en toda su dimensión. Porque somos, de alguna manera, culpables por no haber correspondido a ese pedido de ayuda en forma de robo. Y con este loop conceptual se cierra el círculo argumentativo que finalmente dejó a la ciudadanía encerrada entre rejas domiciliarias y a los delincuentes paseando libremente por las calles.
Finalmente hay un aspecto moral en esta tergiversación; es el establecimiento de una moral anti material mediante la cual se nos interpreta poseedores de una vida chata en tanto se desarrolla sobre la base de la búsqueda de un buen pasar económico. Cuanto más reclamamos por paz y tranquilidad para con nuestro desarrollo mercantil, tanto más vulgarmente chatos se nos observa. Y desde aquí también se llega al mismo lugar; la chatura materialista tiene su precio en un mundo de diferencias, y ese precio puede ser la muerte por abocarnos a poseer chatarra sin sentido: el hecho de morir por tal trivial forma de vivir, otorga a un asesino el título de "trabajador igualitarista" cada vez que ejecuta una vida para robar sus pertenencias.
Luego de lo escrito va mi recomendación para el lector que hasta aquí ha llegado. Es un aporte para estar preparados en caso de que la mala fortuna nos exponga a la desdicha de recibir un tiro en la cabeza por intentar evitar un robo a nuestra propiedad o un daño a un ser querido. Hagamos un escrito para con nuestros deudos indicando que las víctimas de ese lamentable suceso no hemos sido nosotros, sino quien nos ejecutó. Esa pobre persona que al solicitar algo de inclusión y dignidad no tuvo más opción que gatillarnos una 9 en la cabeza.
Solo así podremos pasar a la posteridad como grandes personas en nuestro medio.
No lo olvidemos.
Las instituciones abocadas a garantizar nuestra seguridad, enmarcar la legalidad y desarrollar la legitimidad de nuestras conductas, parecen mostrar una aguda alteración al momento de dictaminar los premios y castigos mediante los cuales evaluamos nuestras expectativas de vida. En lo penal asistimos a una clara subversión de sentidos, que se manifiesta en las categorías con las cuales se deben identificar -y separar-, culpables de inocentes. El delincuente que cometió un delito es presentado como la víctima que debió cometer una transgresión para sobrevivir, en tanto que la víctima es presentada como un portador de opulencia que deberá responsabilizarse por el costo de su condición. En muchos sentidos es un proceso similar al que se desarrolla cuando se acusa a una mujer como la responsable de haber causado su violación por haberse mostrado con una minifalda demasiado corta.
La interpretación institucional que busca el esclarecimiento de un delito, no interpreta como responsable de sus actos al sujeto que lo cometió, sino como alguien que no tuvo la chance de conocer el mundo de la responsabilidad puesto que fue expulsado por falta de oportunidades, y empujado a esa ingrata e indeseable acción que hemos interpretado como un delito. Esta particular forma de ver los hechos observa a la acción delictiva como una manifestación inevitable, que en su potencia expresa la última alternativa que posee una persona para reclamar pertenencia a un sistema que la oprime excluyéndola. De esta manera los victimarios se presentan como las víctimas de una perversión formal -y de ahí la culpa legal con la cual se los exculpa-, y las víctimas como privilegiados inconscientes gestados en esa misma perversidad. Desde ese lugar, cualquier pedido formal de justicia sobre un hecho delictivo es recibido con desdén, puesto que no hay buena predisposición a tener que aceptar un reclamo gestado en el nivel de lo aparente (el desprecio del sentido común). Y es a partir de este punto que el andamiaje político y judicial argentino (cuyo deber supremo, es bueno recordarlo, es proteger la integridad de la ciudadanía para garantizar su vida en libertad), cambiando de lugar lo esencial de lo aparente, comienza a dejar atrás la consecución de una meta justa para abrazar la búsqueda de un anhelo.
Una persona que muere por proteger a su familia, sus pertenencias o por no disponer de las abundancias suficientes para satisfacer el hambre del depredador, solo es interpretada como una víctima en su aspecto formal y, establecida esta categoría, comienzan a funcionar los engranajes intelectuales que irán erosionando el sentido original del hecho utilizando la divulgación para traducirlo y desplazarlo. Así comienza la fase ideológica del proceso y se desfigura a la verdadera víctima al señalarla como un eslabón que ayuda a transmitir la fuerza y el funcionamiento de un sistema opresor y excluyente; el capitalismo salvaje.
Y será esa “persona eslabón” la que de alguna manera ha empujado al excluido a tomar su parte, la que le corresponde por las buenas o por las malas. Si es por las buenas, la pedirá. Por las malas, la robará. Y en estado de desesperación, matará. Desde esta particular mirada, siempre y bajo toda circunstancia, asistimos a un legítimo reclamo que los vulgares ciudadanos no alcanzamos a percibir en toda su dimensión. Porque somos, de alguna manera, culpables por no haber correspondido a ese pedido de ayuda en forma de robo. Y con este loop conceptual se cierra el círculo argumentativo que finalmente dejó a la ciudadanía encerrada entre rejas domiciliarias y a los delincuentes paseando libremente por las calles.
Finalmente hay un aspecto moral en esta tergiversación; es el establecimiento de una moral anti material mediante la cual se nos interpreta poseedores de una vida chata en tanto se desarrolla sobre la base de la búsqueda de un buen pasar económico. Cuanto más reclamamos por paz y tranquilidad para con nuestro desarrollo mercantil, tanto más vulgarmente chatos se nos observa. Y desde aquí también se llega al mismo lugar; la chatura materialista tiene su precio en un mundo de diferencias, y ese precio puede ser la muerte por abocarnos a poseer chatarra sin sentido: el hecho de morir por tal trivial forma de vivir, otorga a un asesino el título de "trabajador igualitarista" cada vez que ejecuta una vida para robar sus pertenencias.
Luego de lo escrito va mi recomendación para el lector que hasta aquí ha llegado. Es un aporte para estar preparados en caso de que la mala fortuna nos exponga a la desdicha de recibir un tiro en la cabeza por intentar evitar un robo a nuestra propiedad o un daño a un ser querido. Hagamos un escrito para con nuestros deudos indicando que las víctimas de ese lamentable suceso no hemos sido nosotros, sino quien nos ejecutó. Esa pobre persona que al solicitar algo de inclusión y dignidad no tuvo más opción que gatillarnos una 9 en la cabeza.
Solo así podremos pasar a la posteridad como grandes personas en nuestro medio.
No lo olvidemos.
martes, 7 de enero de 2014
Argentina, Derechos Humanos y Freezers...
¿Para qué y por qué el ser humano inventó la tecnología de enfriamiento?
Entre otras muchas cosas, principalmente para mejorar el comercio de ultramar. Los animales debían viajar vivos en los barcos, dado los tiempos de viaje, si lo hacían faenados, la carne llegaba podrida o tenía un proceso de salazón que le hacía perder todas sus propiedades, cuanto que parece ser, no la querían comer ni los esclavos obligados so pena de látigo. Pero también, al viajar el ganado en pié -vivos-, había que llevar también el alimento para mantenerlos todo ese tiempo (otros animales para que coman o granos durante un mes) lo que era un lastre totalmente improductivo elevando los costos de transporte.
Aparece así la posibilidad de enviar la mercadería perecedera en estado congelado, mejorando la calidad y cantidad de circulación de alimentos a todo el globo. Así, pudimos comer frutas exóticas de lugares recónditos, y en esos lugares, pudieron comer carne de primera calidad de la que no disponían, entre otras miles de ventajas y mercaderías.
Luego, el proceso de mercado y el emprendimiento empresarial, sobre la base de la búsqueda de una ganancia, desarrolló nuevas formas técnicas de ese conocimiento industrial, decantando en la producción y ofrecimiento de refrigeradores domiciliarios. Por caso entonces, el objetivo de un freezer es, precisamente, el de conservar por largos períodos mercadería para ser consumida sin que perezca en el corto plazo. Por lo tanto, es ilógico comprar un freezar para utilizarlo solo para el día a día, quien tiene uno, precisamente, lo utiliza para almacenar, independientemente del carácter de opulencia con el cual una mirada pobrista paranoide puede analizar el proceso.
Pero llegó un día, en un país llamado Argentina, que una tal Hebe de Bonafini se puso a hacer análisis económicos y dijo indirectamente; "los freezers deberían estar vacíos".
Y un séquito de aduladores improvisados la oyeron y creyeron que lo dicho era algo útil, justo y bueno; algo revelador que alguien debía decir pero que nadie se atrevía...
Sí, es muy difícil atreverse a decir tamaña estupidez e incongruencia, solo Hebe puede hacerlo...
Entre otras muchas cosas, principalmente para mejorar el comercio de ultramar. Los animales debían viajar vivos en los barcos, dado los tiempos de viaje, si lo hacían faenados, la carne llegaba podrida o tenía un proceso de salazón que le hacía perder todas sus propiedades, cuanto que parece ser, no la querían comer ni los esclavos obligados so pena de látigo. Pero también, al viajar el ganado en pié -vivos-, había que llevar también el alimento para mantenerlos todo ese tiempo (otros animales para que coman o granos durante un mes) lo que era un lastre totalmente improductivo elevando los costos de transporte.
Aparece así la posibilidad de enviar la mercadería perecedera en estado congelado, mejorando la calidad y cantidad de circulación de alimentos a todo el globo. Así, pudimos comer frutas exóticas de lugares recónditos, y en esos lugares, pudieron comer carne de primera calidad de la que no disponían, entre otras miles de ventajas y mercaderías.
Luego, el proceso de mercado y el emprendimiento empresarial, sobre la base de la búsqueda de una ganancia, desarrolló nuevas formas técnicas de ese conocimiento industrial, decantando en la producción y ofrecimiento de refrigeradores domiciliarios. Por caso entonces, el objetivo de un freezer es, precisamente, el de conservar por largos períodos mercadería para ser consumida sin que perezca en el corto plazo. Por lo tanto, es ilógico comprar un freezar para utilizarlo solo para el día a día, quien tiene uno, precisamente, lo utiliza para almacenar, independientemente del carácter de opulencia con el cual una mirada pobrista paranoide puede analizar el proceso.
Pero llegó un día, en un país llamado Argentina, que una tal Hebe de Bonafini se puso a hacer análisis económicos y dijo indirectamente; "los freezers deberían estar vacíos".
Y un séquito de aduladores improvisados la oyeron y creyeron que lo dicho era algo útil, justo y bueno; algo revelador que alguien debía decir pero que nadie se atrevía...
Sí, es muy difícil atreverse a decir tamaña estupidez e incongruencia, solo Hebe puede hacerlo...
domingo, 5 de enero de 2014
Corriendo tras los precios, una vez más...
Hace unas horas se ha dado a conocer un nuevo paquete de control de precios en Argentina. Al respecto de tal altruista intención burocrática, no tengo otra opción que ahondar -superficialmente- en algunas categorías que tiene que ver con el conocimiento, su construcción, utilidad, complejidad y corroboración. Mi intención, no tan altruista como la del nuevo equipo económico, es tan solo poner un poco de luz a lo que hace miles de años el hombre viene acumulando e intentando, concluyendo cada paradigma hasta donde éste permita luego de miles y miles de pruebas y errores, más allá de otra de las características humanas; especializarse en tropezar con la misma piedra en forma permanente, casi como un movimiento eterno al cual estamos condenados. Espero que los próximos párrafos dejen entrever por donde viene cabalgando la ironía.
¿Cuál sería el peso teórico de la tierra? Si concluimos como lo han hecho los físicos, que el peso es masa por aceleración, creo que el planeta pesa más o menos 6 mil trillones de toneladas.
Ese peso es teórico puesto que el concepto de peso lo estamos desarrollando sobre la base de suponer al planeta apoyado en una balanza que trabajaría con la gravedad del propio planeta tierra. Pero como eso es imposible, se hacen los cálculos teóricos. Es algo así como que en realidad la tierra no pesa nada hasta tanto no se acerque efectivamente a algo que la atraiga (hay que decir que todos los cuerpos se atraen, la masa de mi cuerpo lo hace con respecto a la tierra y su influencia sería algo así como 0,000000001 y la tierra influye sobre mí con una fuerza totalmente opuesta 100000000, por eso no puedo salir de su influencia tan fácilmente a no ser que lo haga en un cohete que me impulse a salir generando una contrafuerza mayor a la de atracción terrestre)*.
También podemos calcular su peso en términos de otra cosa, siempre en caso de estar la Tierra siendo atraída -influenciada- por una fuerza de gravedad mayor (de la misma manera que ella lo hace con nosotros, ahora algo más grande lo hace con ella). De ser así, ya no estaría orbitando otro astro (como el sol) y caería hacia esa atracción mayor; en ese caso ya no podríamos calcular nada porque estaríamos muertos. Aunque también puede estar sucediendo que el planeta tierra esté encaminado y cayendo hacia algún centro de gravedad mayor sin que nuestra percepción alcance a vislumbrar el proceso. Nuestra imposibilidad de percibir el fenómeno puede radicar en la variable tiempo; una atracción y caída que para nosotros transcurriría en decenas de miles de millones de años, puede ser un espasmo efímero en los términos astrales -infinito en la percepción humana-. Para decirlo en forma más clara; los últimos 5 mil millones de años de nuestra existencia respecto de la posibilidad de percibir una atracción sobre el planeta en el que vamos montados, serían en los términos universales algo así como la primera mil millonésima parte de un segundo en el comienzo de la caída de nuestro cuerpo cuando nos tiramos de un trampolín en el que tardamos 5 segundos hasta tocar el agua.
Si hemos captado todo hasta aquí, entonces, ya hemos visto que intentar diferenciar conceptos como peso teórico de peso real (tocando también peso específico, porque no), y separarlos debidamente de la necesaria consciencia de saberlos como resultados de un constructo mental para hacer una operación que sirva para influir sobre un fenómeno (y todo ello sin olvidar la filosofía que nos lleva a comprender y crear no solo aquel constructo sino también a captar la relación entre la permanencia y el cambio), no es una tarea sencilla que pueden hacer cuatro o cinco personas desde la nada. Es algo que ha llevado miles de años de conocimiento -pre-científico, científico y hasta religioso-, en el cual se monta y entrelaza una increíble estructura filosófica para dar cuerpo a marcos teóricos con las dosis de humildad necesarias para captar nuestra ignorancia adecuada. Y, si hemos captado todo, ahora mi pregunta.
¿Podemos indicar cual es el precio teórico del pan y la canasta de consumo presentada hace unas horas? ¿Y el precio cuidado? ¿Y el precio revelado? ¿Y el precio acordado?
Una vez hecho esto, lo último que solicito es un intento por ver cual sería el peso cuidado de la tierra, el peso relevado y el peso acordado.
¿Se captó?**
-------------------------------------------------------
*Los números incorporados son tan solo un dato demostrativo, no son datos exactos que remitan al fenómeno, sino intentan mostrar de una manera sencilla el desequilibrio de fuerza.
**Para los que luego de haber leído esto lo primero que les viene al pensamiento es que no es lo mismo la física que la economía, no tengo más remedio que recomendar la lectura: "El Burgués Gentilhombre" de Molière...
********
¿Cuál sería el peso teórico de la tierra? Si concluimos como lo han hecho los físicos, que el peso es masa por aceleración, creo que el planeta pesa más o menos 6 mil trillones de toneladas.
Ese peso es teórico puesto que el concepto de peso lo estamos desarrollando sobre la base de suponer al planeta apoyado en una balanza que trabajaría con la gravedad del propio planeta tierra. Pero como eso es imposible, se hacen los cálculos teóricos. Es algo así como que en realidad la tierra no pesa nada hasta tanto no se acerque efectivamente a algo que la atraiga (hay que decir que todos los cuerpos se atraen, la masa de mi cuerpo lo hace con respecto a la tierra y su influencia sería algo así como 0,000000001 y la tierra influye sobre mí con una fuerza totalmente opuesta 100000000, por eso no puedo salir de su influencia tan fácilmente a no ser que lo haga en un cohete que me impulse a salir generando una contrafuerza mayor a la de atracción terrestre)*.
También podemos calcular su peso en términos de otra cosa, siempre en caso de estar la Tierra siendo atraída -influenciada- por una fuerza de gravedad mayor (de la misma manera que ella lo hace con nosotros, ahora algo más grande lo hace con ella). De ser así, ya no estaría orbitando otro astro (como el sol) y caería hacia esa atracción mayor; en ese caso ya no podríamos calcular nada porque estaríamos muertos. Aunque también puede estar sucediendo que el planeta tierra esté encaminado y cayendo hacia algún centro de gravedad mayor sin que nuestra percepción alcance a vislumbrar el proceso. Nuestra imposibilidad de percibir el fenómeno puede radicar en la variable tiempo; una atracción y caída que para nosotros transcurriría en decenas de miles de millones de años, puede ser un espasmo efímero en los términos astrales -infinito en la percepción humana-. Para decirlo en forma más clara; los últimos 5 mil millones de años de nuestra existencia respecto de la posibilidad de percibir una atracción sobre el planeta en el que vamos montados, serían en los términos universales algo así como la primera mil millonésima parte de un segundo en el comienzo de la caída de nuestro cuerpo cuando nos tiramos de un trampolín en el que tardamos 5 segundos hasta tocar el agua.
Si hemos captado todo hasta aquí, entonces, ya hemos visto que intentar diferenciar conceptos como peso teórico de peso real (tocando también peso específico, porque no), y separarlos debidamente de la necesaria consciencia de saberlos como resultados de un constructo mental para hacer una operación que sirva para influir sobre un fenómeno (y todo ello sin olvidar la filosofía que nos lleva a comprender y crear no solo aquel constructo sino también a captar la relación entre la permanencia y el cambio), no es una tarea sencilla que pueden hacer cuatro o cinco personas desde la nada. Es algo que ha llevado miles de años de conocimiento -pre-científico, científico y hasta religioso-, en el cual se monta y entrelaza una increíble estructura filosófica para dar cuerpo a marcos teóricos con las dosis de humildad necesarias para captar nuestra ignorancia adecuada. Y, si hemos captado todo, ahora mi pregunta.
¿Podemos indicar cual es el precio teórico del pan y la canasta de consumo presentada hace unas horas? ¿Y el precio cuidado? ¿Y el precio revelado? ¿Y el precio acordado?
Una vez hecho esto, lo último que solicito es un intento por ver cual sería el peso cuidado de la tierra, el peso relevado y el peso acordado.
¿Se captó?**
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*Los números incorporados son tan solo un dato demostrativo, no son datos exactos que remitan al fenómeno, sino intentan mostrar de una manera sencilla el desequilibrio de fuerza.
**Para los que luego de haber leído esto lo primero que les viene al pensamiento es que no es lo mismo la física que la economía, no tengo más remedio que recomendar la lectura: "El Burgués Gentilhombre" de Molière...
sábado, 4 de enero de 2014
El Encierro.
Había una vez un gran centro de convenciones en donde en una de sus alas se reunieron anarquistas de mercado para organizar su plan de acción, en otra, lo hacían algunas corrientes de planificadores sociales.
En la reunión de anarquistas se presentó un cierre un tanto contradictorio cuando uno de sus líderes tomó la palabra: "Vamos todos al unísono y gritemos al mundo nuestra prédica para que puedan ver la verdad; VIVA YO!!!"*
En tanto en la sala contigua, los planificadores sociales no tenían una velada muy diferente, la máxima estrella desarrollaba su punto: “mi sistema no está aún completo” (se oían risas). “Estoy perplejo ante mis propios datos y mis conclusiones se hallan en directa contradicción con la idea original de la que he partido. Partiendo de una ilimitada libertad, he llegado a un despotismo sin límites. Quiero añadir, sin embargo, que no puede existir otra solución de la fórmula social sino la mía” (las risas iban en aumento).**
A la salida, ambos grupos coincidían, paradójicamente, en la categórica afirmación que se dejaba en la conclusión del planificador social. Ambos creían, estaban profundamente convencidos de ser los portadores de la antorcha con la cual iluminarían nuestras vidas.
-----------------------
*Situación inventada por quien escribe estas líneas.
**El discurso del planificador estrella es parte es un extracto del libro "La Realidad Inventada", de Paul Watzlawick, en el que remite al pasaje de Shigalióv, que es uno de los personajes de la novela de Dostoyevski “Los Endemoniados”. Shigalióv inventa un estudio enormemente complejo “de la organización social que en el futuro habrá de sustituir el presente estado de cosas” y que garantizará la completa libertad. El estudio es extremadamente complejo, y es en ese pasaje donde Shigalióv intenta exponerlo en forma abreviada a los conspiradores, aunque termina haciendo el ridículo en sus propios términos, con sus propias armas.
En la reunión de anarquistas se presentó un cierre un tanto contradictorio cuando uno de sus líderes tomó la palabra: "Vamos todos al unísono y gritemos al mundo nuestra prédica para que puedan ver la verdad; VIVA YO!!!"*
En tanto en la sala contigua, los planificadores sociales no tenían una velada muy diferente, la máxima estrella desarrollaba su punto: “mi sistema no está aún completo” (se oían risas). “Estoy perplejo ante mis propios datos y mis conclusiones se hallan en directa contradicción con la idea original de la que he partido. Partiendo de una ilimitada libertad, he llegado a un despotismo sin límites. Quiero añadir, sin embargo, que no puede existir otra solución de la fórmula social sino la mía” (las risas iban en aumento).**
A la salida, ambos grupos coincidían, paradójicamente, en la categórica afirmación que se dejaba en la conclusión del planificador social. Ambos creían, estaban profundamente convencidos de ser los portadores de la antorcha con la cual iluminarían nuestras vidas.
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*Situación inventada por quien escribe estas líneas.
**El discurso del planificador estrella es parte es un extracto del libro "La Realidad Inventada", de Paul Watzlawick, en el que remite al pasaje de Shigalióv, que es uno de los personajes de la novela de Dostoyevski “Los Endemoniados”. Shigalióv inventa un estudio enormemente complejo “de la organización social que en el futuro habrá de sustituir el presente estado de cosas” y que garantizará la completa libertad. El estudio es extremadamente complejo, y es en ese pasaje donde Shigalióv intenta exponerlo en forma abreviada a los conspiradores, aunque termina haciendo el ridículo en sus propios términos, con sus propias armas.
jueves, 2 de enero de 2014
Una historia de hombres.
Por estas horas se está hablando mucho de un nuevo contingente de personas varadas en la Antártida, y algunos se preocupan. Al respecto entonces, mi aporte es recordar la más grande historia de supervivencia que se dio precisamente en ese hostil continente: La Expedición Imperial Transantártica, comandada por Sir. Ernest Schackleton en 1914. Recomiendo observar el documental siguiendo este link: https://www.youtube.com/watch?v=oyQRHHHXntc y que se sintetiza aquí en un par de párrafos, hay en el film algunas imágenes reales de aquella gran gesta.
La idea de Sir. Ernest era atravesar la Antártida con 25 hombres, llevaban consigo también alrededor de 30 perros para tirar trineos, era la última gran expedición del viejo mundo imperial que moría con la primera guerra mundial; corría el año 1914. En la solicitada de hombres para formar la tripulación, se indicaba lo siguiente: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario Bajo, frío helador, largos meses de completa oscuridad, peligros constantes, regreso más que dudoso. Honor y reconocimiento sólo en caso de éxito.” Sí, también fue, probablemente, la última acción de una estirpe de hombres que ya no existe.
Promediando el recorrido y a tan solo un día de llegar al polo –el objetivo propuesto tal como el de un alpinista cuyo deseo es plantar bandera en el pico más alto del planeta-, el barco queda atrapado en el hielo que se transformó en una trampa infranqueable. Comienzan a trabajar un par de días con picos y serruchos para abrirse paso, veían que estaban a unos cientos de metros de hielo blando en el cual el barco podría continuar su recorrido, pero no lo lograron. Diez meses estuvieron varados hasta que el hielo terminó comiéndose el barco; lo estrujó como nuestro puño lo hace con un trozo de papel antes de enviarlo al tacho de basura. Quedaron con sus pertrechos, algunas chalupas, los animales y su fuerza de voluntad parados encima de los hielos y esperando un invierno que aún debía venir.
Comenzaron a avanzar a pie, tirando de algunos botes de emergencia –cuyo peso era de aproximadamente una tonelada-. Al principio no pudieron desplazarse y tuvieron que acampar un mes más. Luego recorrieron casi 600 Kmts, hasta que los hielos comenzaron a ablandarse y hacer agua: Una noche un marinero se mareó durmiendo advirtiendo que el hielo ya era tan fino que copiaba el oleaje marino, debían volver a las barcazas para intentar recalar en alguna costa; por las noches dormían en el hielo más firme que encontraban acampando con sus botes, y por el día debían darlos vuelta para navegar dada la blandura del hielo. Estaban a la deriva en una isla de hielo que se resquebrajaba y navegaba suelta por el mar.
Finalmente llegaron, no sin contratiempos –la tripulación estuvo al borde del amotinamiento y Schackleton mostró un liderazgo de hielo, el cual finalmente les mantendría la vida-, a la Isla Elefante en tres pequeños botes. Un lugar inhóspito sin vida humana, y en medio de toda la odisea un nuevo desafío de temple había de presentarse. Antes de tocar tierra tuvieron que sacrificar algunos perros para comerlos; necesitaban otro tipo de carne que no sea de foca y menos bocas para alimentar, también, las ballenas amenazaban hundirlos si por casualidad tiraban de alguna cuerda que mantenía unidos a los tres botes.
Schackleton sabía que en ese lugar inhóspito morirían todos, tomó la heroica decisión de dejar a su tripulación y continuar con 5 de sus mejores hombres hasta llegar al puesto ballenero más cercano y allí conseguir ayuda para esos pobres hombres varados en el fin del mundo. Ya en parte tranquilo por haber sacado del hielo a sus hombres y haberlos puestos en tierra, tomó la decisión de navegar con un bote de 7 metros unos mil doscientos kilómetros en el océano más peligroso y helado del planeta. Seis meses después logra tocar un destino humano y así consigue volver esperando encontrar a la tripulación que había dejado hacía meses sin nada, en una isla con tan solo dos botes de madera, carne de foca y sin liderazgo; esperaba encontrar tan solo cadáveres carcomidos por la naturaleza y sus propias desdichas. Sin embargo toda la tripulación estaba viva y apta para emprender la retirada.
Dos años después, Schackleton trae con vida a toda la tripulación, NO HABÍA MUERTO NI UN SOLO HOMBRE, transformando la odisea de la expedición transantártica de un fracaso en la obra de supervivencia y liderazgo más grande jamás experimentada y jamás contada.
La idea de Sir. Ernest era atravesar la Antártida con 25 hombres, llevaban consigo también alrededor de 30 perros para tirar trineos, era la última gran expedición del viejo mundo imperial que moría con la primera guerra mundial; corría el año 1914. En la solicitada de hombres para formar la tripulación, se indicaba lo siguiente: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario Bajo, frío helador, largos meses de completa oscuridad, peligros constantes, regreso más que dudoso. Honor y reconocimiento sólo en caso de éxito.” Sí, también fue, probablemente, la última acción de una estirpe de hombres que ya no existe.
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Promediando el recorrido y a tan solo un día de llegar al polo –el objetivo propuesto tal como el de un alpinista cuyo deseo es plantar bandera en el pico más alto del planeta-, el barco queda atrapado en el hielo que se transformó en una trampa infranqueable. Comienzan a trabajar un par de días con picos y serruchos para abrirse paso, veían que estaban a unos cientos de metros de hielo blando en el cual el barco podría continuar su recorrido, pero no lo lograron. Diez meses estuvieron varados hasta que el hielo terminó comiéndose el barco; lo estrujó como nuestro puño lo hace con un trozo de papel antes de enviarlo al tacho de basura. Quedaron con sus pertrechos, algunas chalupas, los animales y su fuerza de voluntad parados encima de los hielos y esperando un invierno que aún debía venir.
Comenzaron a avanzar a pie, tirando de algunos botes de emergencia –cuyo peso era de aproximadamente una tonelada-. Al principio no pudieron desplazarse y tuvieron que acampar un mes más. Luego recorrieron casi 600 Kmts, hasta que los hielos comenzaron a ablandarse y hacer agua: Una noche un marinero se mareó durmiendo advirtiendo que el hielo ya era tan fino que copiaba el oleaje marino, debían volver a las barcazas para intentar recalar en alguna costa; por las noches dormían en el hielo más firme que encontraban acampando con sus botes, y por el día debían darlos vuelta para navegar dada la blandura del hielo. Estaban a la deriva en una isla de hielo que se resquebrajaba y navegaba suelta por el mar.
Finalmente llegaron, no sin contratiempos –la tripulación estuvo al borde del amotinamiento y Schackleton mostró un liderazgo de hielo, el cual finalmente les mantendría la vida-, a la Isla Elefante en tres pequeños botes. Un lugar inhóspito sin vida humana, y en medio de toda la odisea un nuevo desafío de temple había de presentarse. Antes de tocar tierra tuvieron que sacrificar algunos perros para comerlos; necesitaban otro tipo de carne que no sea de foca y menos bocas para alimentar, también, las ballenas amenazaban hundirlos si por casualidad tiraban de alguna cuerda que mantenía unidos a los tres botes.
Schackleton sabía que en ese lugar inhóspito morirían todos, tomó la heroica decisión de dejar a su tripulación y continuar con 5 de sus mejores hombres hasta llegar al puesto ballenero más cercano y allí conseguir ayuda para esos pobres hombres varados en el fin del mundo. Ya en parte tranquilo por haber sacado del hielo a sus hombres y haberlos puestos en tierra, tomó la decisión de navegar con un bote de 7 metros unos mil doscientos kilómetros en el océano más peligroso y helado del planeta. Seis meses después logra tocar un destino humano y así consigue volver esperando encontrar a la tripulación que había dejado hacía meses sin nada, en una isla con tan solo dos botes de madera, carne de foca y sin liderazgo; esperaba encontrar tan solo cadáveres carcomidos por la naturaleza y sus propias desdichas. Sin embargo toda la tripulación estaba viva y apta para emprender la retirada.
Dos años después, Schackleton trae con vida a toda la tripulación, NO HABÍA MUERTO NI UN SOLO HOMBRE, transformando la odisea de la expedición transantártica de un fracaso en la obra de supervivencia y liderazgo más grande jamás experimentada y jamás contada.
sábado, 28 de diciembre de 2013
De la Villa a Recoleta. Y volviendo...
Hay algunos militantes oficialistas que se han regocijado con los cortes de luz en el barrio porteño de Recoleta. Son los mismos que ponen el grito en el cielo cuando escuchan opiniones reaccionarias sobre las villas –contracara de ese paquete barrio-. ¿Qué separa el regocijo ante la desgracia ajena y la ira ante la denuncia de una supuesta gracia inmerecida? El regocijo ante la desgracia ajena es sin dudas una actitud montada en la más pueril cobardía, en tanto el señalamiento de un supuesto bienestar de una persona sumida en la pobreza, la pauperización y el peligro, no es menos pueril que la primera de las posturas. Ambas son, en cierta forma, emanaciones rengas de un pensamiento acotado.
La ira que la militancia -representada en esta mujer del polémico tweet-, siente cuando se ataca la forma de vida en las villas, parece descansar en la percepción de una supuesta falta de reflexión y compromiso para con la pobreza y la marginalidad de aquellos que no la conocen. Así, estos justicieros heridos, alimentan un sentimiento de justicia por los más necesitados captado desde el lugar equivocado, y conducirán su esfuerzo a destruir a aquellos que perciben irreflexivos antes que a mejorar las condiciones de aquellos que han captado necesitados. A los primeros se los ve como principales culpables y objetivo primario para destinar sus ataques (la siempre esquiva e indiferente clase media y media alta), a los segundos como víctimas de aquellos y merecedores de sus cabezas en la próxima cena. No piensan en mejorar las condiciones institucionales para que la exclusión y la marginalidad puedan ser sobrellevadas y superadas por el excluido y el marginado, sino en ver de qué manera pueden hacer el mayor daño posible a quienes señalan a los marginales y excluidos como una anomalía de la sociedad.
Del otro lado también hay tela para cortar, quienes detestan Recoleta no han nacido de un repollo, con algo se han alimentado y ese alimento se provee en muy buena dosis desde ese paquete barrio. No lo hacen todos sus habitantes por cierto, pero si la cantidad suficiente para lograr la escala justa que alimentará la resentida y anómala sed de justicia mencionada; "negro pata sucia", "inservible", "basura social", "malviviente", son apenas algunos de los apelativos que dan forma a la portación de cara con la que una persona de rasgos telúricos deberá convivir en ese lugar cada vez que se lo hacen saber con sus miradas punzantes y temerosas; ¿Acaso no es doloroso sentirse temido e interpelado por otras personas solo por estar?
Pensemos en un ciudadano que se desplaza en pleno Recoleta en una bicicleta oxidada, con un pantalón harapiento, sin calzado y pasado de copas zigzagueante por la acera, u otro montando un carro con tracción a sangre intentando levantar la cantidad de cartón suficiente para garantizar el alimento del próximo día. La interpelación primero y el miedo después será la sucesión de sensaciones que inevitablemente emanan las caras y las miradas del habitante de ese elegante barrio -es fácilmente perceptible con solo mirar a los ojos-. ¿Como te sentirías ante una persona que ves claramente que en silencio te interpela, luego te teme y cuando te has ido te señala? Si no tendemos un puente de entendimiento, es improbable que nos entiendan.
Es imprescindible en este punto mencionar que el puente de entendimiento en ese último ejemplo no es la anuencia ante el descontrol en el que se encuentra el ciudadano en bicicleta, hay argumentos igual de atendibles que dirán que hay otros ciudadanos amenazados por él -y atemorizados-. Un potencial atropello a un anciano, un niño o una mujer embarazada, puede tenderlos accidentados en la vereda que el beodo personaje tomó como suya circulando excedido de copas: ¿Quién y bajo qué circunstancias es el desposeído y expuesto a peligros imprevistos? ¿Quién y bajo qué circunstancias será el autorizado para dictaminar quién será el desposeído y quién la amenaza cuando ambos son partícipes de una anomalía y un riesgo latente?
Ambos son ciudadanos, ambos son de derecho, ambos están cubiertos bajo la misma constitución y sujetos al amparo y castigo de la misma ley. Ninguno es superior ante ella, ni tiene una ley para cada sujeto, ambos son iguales ante la ley. El día que comprendamos esto y finalmente intentemos aplicarlo, ese día comenzarán a acabarse los resentidos que gastan su tiempo y las pocas neuronas de su cerebro en regodearse de una desgracia ajena, como lo hace con los cortes de luz en Recoleta esta cobarde señora llamada Claudia Rodríguez (que de seguro no se ha puesto a pensar en la posibilidad de muerte de un anciano que necesita electricidad para sobrellevar lo más básico de su vida). Pero también se irán extinguiendo esos ciudadanos reaccionarios, que son en parte creadores de la miserable militante mencionada. Son personas más parecidas a una mascota de exposición que lo tuvo todo con muy poco dado, que a un ser humano que ha conocido la experiencia (o al menos ha pensado en ella) de tener que procurar su vida en un entorno en donde todo su esfuerzo apenas alcanza para cubrir las necesidades que dicta el estómago al cerebro.
Sí, también podríamos hablar de los hijos de esas mascotas de exposición que agarran autos de decenas de miles de dólares y, también muy borrachos, matan a un transeúnte –otro ciudadano- que va a su trabajo o está con su carro haciendo unas changas.
martes, 3 de diciembre de 2013
FRANCISCO Y EL PODER DEL DINERO
Nuevamente el Papa Francisco es protagonista de una entrada en este marginal blog. Ahora el motivo es su queja respecto a la valorización excesiva que le damos al dinero, hasta elevarlo a la categoría de Dios; el Dios dinero. (vea sus declaraciones aquí).
El Papa nos mira desde el “no debe suceder” -no debe ser-, y no desde el “sucede” -es-.
La negación entonces, al ser el punto de partida del horizonte preconceptual con el cual construye todo el devenir de su pensamiento reflexivo -y por consiguiente las recomendaciones-, se transforma implícitamente en un muro y no en un espejo complementario a la vida que discurre alimentando la observación. De ésta manera, una dualidad fértil queda coartada en unicidad trunca.
La crítica al “Dios dinero” que realiza Francisco, constituye la construcción del muro mediante una deidad que se incorpora como elemento ad hoc para negar un hecho que está aquí en la tierra: Dios acompaña al dinero; elevada de esta manera la crítica a categoría metafísica. Así creado, el relato de Francisco presentará inevitablemente un señalamiento, en el que implícita y sutilmente se nos induce a una imposición y un juicio ético y moral sobre nuestras actitudes, que de esta manera quedarán depositadas en el terreno de lo mundano y las blasfemias, y se nos mostrará participantes de un intercambio injusto, entregados a una naturaleza humana que no debería desarrollarse.
De esta manera, negando lo que sucede –lo que es-, he intentando imponer lo que debería suceder –lo que debería ser-, una vez más se crea un choque fútil sobre el devenir, sobre todo ser así.
Nuevamente un manto de oscuridad pretende cubrir la luz de un proceso que aparece y sobre el cual existe posibilidad y potencia. Y una vez más habrá que recordar que no se trata de negar el valor del dinero, puesto que en mayor o menor medida, el valor ya está ahí. Es, precisamente, la presencia del dinero la que empuja su negación (esta renovada negación papal).
El camino justo solo puede partir desde el reconocimiento, y su dirección, solo puede construir terreno fértil; acompañar para elevar en lugar de pesar para frenar, es la acción que separa grandeza de pequeñez. Elevar el proceso que potencialmente puede poner a los seres humanos en máxima expresión y trascendencia en el devenir de su acción, o empequeñecerlo hasta negarlo, es la disyuntiva a la que hoy Francisco se enfrenta desde -y para-, la porción de humanidad a la cual representa y en la cual montan esperanzas sus fieles.
Si el camino es el segundo, constituye un peso más para el ancla que arrastra la acción humana al moverse en la dirección que de suyo, ya ha escogido en forma libre y espontánea durante miles y miles de años de prueba y error, y a pesar de los estados y la iglesia, no gracias a ellos.
La negación entonces, al ser el punto de partida del horizonte preconceptual con el cual construye todo el devenir de su pensamiento reflexivo -y por consiguiente las recomendaciones-, se transforma implícitamente en un muro y no en un espejo complementario a la vida que discurre alimentando la observación. De ésta manera, una dualidad fértil queda coartada en unicidad trunca.
La crítica al “Dios dinero” que realiza Francisco, constituye la construcción del muro mediante una deidad que se incorpora como elemento ad hoc para negar un hecho que está aquí en la tierra: Dios acompaña al dinero; elevada de esta manera la crítica a categoría metafísica. Así creado, el relato de Francisco presentará inevitablemente un señalamiento, en el que implícita y sutilmente se nos induce a una imposición y un juicio ético y moral sobre nuestras actitudes, que de esta manera quedarán depositadas en el terreno de lo mundano y las blasfemias, y se nos mostrará participantes de un intercambio injusto, entregados a una naturaleza humana que no debería desarrollarse.
De esta manera, negando lo que sucede –lo que es-, he intentando imponer lo que debería suceder –lo que debería ser-, una vez más se crea un choque fútil sobre el devenir, sobre todo ser así.
Nuevamente un manto de oscuridad pretende cubrir la luz de un proceso que aparece y sobre el cual existe posibilidad y potencia. Y una vez más habrá que recordar que no se trata de negar el valor del dinero, puesto que en mayor o menor medida, el valor ya está ahí. Es, precisamente, la presencia del dinero la que empuja su negación (esta renovada negación papal).
El camino justo solo puede partir desde el reconocimiento, y su dirección, solo puede construir terreno fértil; acompañar para elevar en lugar de pesar para frenar, es la acción que separa grandeza de pequeñez. Elevar el proceso que potencialmente puede poner a los seres humanos en máxima expresión y trascendencia en el devenir de su acción, o empequeñecerlo hasta negarlo, es la disyuntiva a la que hoy Francisco se enfrenta desde -y para-, la porción de humanidad a la cual representa y en la cual montan esperanzas sus fieles.
Si el camino es el segundo, constituye un peso más para el ancla que arrastra la acción humana al moverse en la dirección que de suyo, ya ha escogido en forma libre y espontánea durante miles y miles de años de prueba y error, y a pesar de los estados y la iglesia, no gracias a ellos.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
PAPA FRANCISCO; El mercado y la mansedumbre
Hace unas horas ha circulado por diferentes medios un compendio de conceptos vertidos por el Papa Francisco, entre los que se encuentran importantes definiciones sobre su mirada de la economía y la actualidad. Dejo a continuación sus principales conceptos, para luego comentarlos punto por punto.
-El sistema económico es injusto en su raíz.
-Predomina la ley del más fuerte.
-Hay una nueva tiranía invisible a veces virtual.
-Impera la especulación financiera gracias al dominio de un mercado divinizado.
-Hay corrupción ramificada y evasión fiscal.
-Quienes defienden las teorías del derrame están burdamente confiados en algo que jamás ha sido confirmado por los hechos. También están burda e ingenuamente confiados de la bondad de quienes detentan el poder económico gracias a la sacralización de los mecanismos del sistema económico imperante.
-A consecuencia de todo lo anterior, en tanto se profundiza esa interpretación de la vida y el sistema, los excluidos siguen esperando.
-------------------------------------
Un par de comentarios, con todo respeto y punto por punto.
-El sistema económico es injusto en su raíz, habría que comenzar a purificarlo separando a la iglesia del poder de los estados para que ésta pueda desenvolverse acorde a su propia economía, entregando su servicio a la humanidad y recibiendo la retribución que ésta considera correcta por tal aporte, en libertad y sin coacción administrativa alguna. Comenzará así, esta gran institución, marcando el rumbo correcto con la fuerza de los ejemplos, como lo hizo en su momento ese gran pastor despojado de todo bien material, al cual indujeron a una cruz como escarmiento, y a adorarlo luego para saciar remordimientos.
-En efecto, predomina la ley del más fuerte, en este preciso instantes hay millones de personas preocupadas por sus futuros emprendimientos, intentando descifrar como repercutirá esta aseveración de su santidad, en las próximas reglamentaciones que podrá propender a establecer con el poder político que escucha sus sugerencias.
-Sí, hay una tiranía invisible hace miles de años, y desde hace aproximadamente mil setecientos, la invisibilidad se ha hecho carne con un organismo administrativo que utiliza protocolos elucubrados en visiones metafísicas, mediante las cuales la invisibilidad del todopoderoso, se ha hecho rigor material con premios, castigos y persecuciones. Usted, su santidad, hoy representa el máximo cargo en tanto y en cuanto la administración social de las almas que aún se sumen a sus protocolares pasajes hacia el más allá.
-La especulación financiera campea conforme los especuladores pueden protegerse de la manera que pueden de los futuros alternativos siempre cambiantes. Es difícil comprender esto por parte de una institución que no ha tenido, en rigor histórico, las más mínima necesidad de pensar su futuro con el costo de oportunidad que mide en su decisión, la diferencia entre permanecer o escindirse. La permanencia es lo invariable de una institución que de tanto peso, ya parece transformarse en un lastre muy pesado: ¿Como comprender si quiera lo más mínimo de un funcionamiento financiero si el concepto de riesgo es inexistente para tal movimiento?
-Sí, hay corrupción ramificada y "evasión fiscal". Pero hay que aclarar que la evasión fiscal puede ser considerada altruista de solo pensar que con esos recursos, que se le extirpan a los generadores del alimento del fisco, se abultan las arcas que alimentarán el ejército de sotanas que nos pondrán sujetos a escarnio o a misericordia: ¿Encima de la coacción impositiva también deberemos acercarnos a una nueva hoguera de quema de vanidades?
-La confianza burda en algo que nunca ha sido probado, no campea en las mentes de quienes adhieren a la teoría del derrame, sino en las de quienes repiten como loros "por mi culpa" "por mi culpa" "por mi gran culpa", creyendo que con ese repetir ganarán un lugar en primera fila para ingresar raudos en un más allá idílico y celestial, pero que a ciencia cierta y bien probado, es solo garantía de mansedumbre aquí en la tierra y no en el cielo.
-Y sí, finalmente una gran coincidencia; los excluidos siguen esperando. Sin embargo es digno indicar y remarcar firmes convencimientos. Hay alternativas para los excluidos mucho mejores, de más valía, dignidad y efectividad que la que deja ver su propuesta. Para los excluidos no es una herramienta fértil la promesa eterna de una vida digna en un lado invisible que solo se degusta mediante una especie de histérica entelequia intelectual, y que se nutre con tiempo de sobra para pensar sin pagar el costo de tal cruel inmovilismo. Para los excluidos probablemente comience a ser un dato fértil sugerirles que es hora de olvidar ya los cuentos infantiles, poniendo adelante de sus seres la verdad; que solo esta vida es la única y posible de ser vivida en dignidad y plenitud.
De seguro que luego de esa fértil proposición, no quedará otro camino que el de desprenderse de los administradores de la invisibilidad. Esos que han vivido miles de años acercando las sotanas a sus pobrezas, disfrazando de altruismo bienaventurado, un compendio de histerias grupales construidas en cubículos de oscuridad delimitados por lúgubres y enmohecidos muros, y potenciadas en proporción directa a la distancia que los separa de la vida. La luz de la inclusión solo puede venir derribando ensoñaciones, mostrando la dignidad de la existencia por la vía del desprendimiento de atávicas cadenas de misericordia, tal es el camino posible para lograr la tan ansiada justicia. Seres humanos viviendo de sus quehaceres en independencia y libres, a la vez que aquellos que han vivido de las miserias y penurias ajenas, y quedando real y verdaderamente libres, podrán mostrar la valía de la madera de la que están hechos. ¿Se atreverá su santidad a tamaño desafío?
Si así fuere, habremos dado el primer paso en el camino correcto de la inclusión al excluido, aunque probablemente habrá que incrementar subsidios para sotanas desocupadas.
-El sistema económico es injusto en su raíz.
-Predomina la ley del más fuerte.
-Hay una nueva tiranía invisible a veces virtual.
-Impera la especulación financiera gracias al dominio de un mercado divinizado.
-Hay corrupción ramificada y evasión fiscal.
-Quienes defienden las teorías del derrame están burdamente confiados en algo que jamás ha sido confirmado por los hechos. También están burda e ingenuamente confiados de la bondad de quienes detentan el poder económico gracias a la sacralización de los mecanismos del sistema económico imperante.
-A consecuencia de todo lo anterior, en tanto se profundiza esa interpretación de la vida y el sistema, los excluidos siguen esperando.
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Un par de comentarios, con todo respeto y punto por punto.
-El sistema económico es injusto en su raíz, habría que comenzar a purificarlo separando a la iglesia del poder de los estados para que ésta pueda desenvolverse acorde a su propia economía, entregando su servicio a la humanidad y recibiendo la retribución que ésta considera correcta por tal aporte, en libertad y sin coacción administrativa alguna. Comenzará así, esta gran institución, marcando el rumbo correcto con la fuerza de los ejemplos, como lo hizo en su momento ese gran pastor despojado de todo bien material, al cual indujeron a una cruz como escarmiento, y a adorarlo luego para saciar remordimientos.
-En efecto, predomina la ley del más fuerte, en este preciso instantes hay millones de personas preocupadas por sus futuros emprendimientos, intentando descifrar como repercutirá esta aseveración de su santidad, en las próximas reglamentaciones que podrá propender a establecer con el poder político que escucha sus sugerencias.
-Sí, hay una tiranía invisible hace miles de años, y desde hace aproximadamente mil setecientos, la invisibilidad se ha hecho carne con un organismo administrativo que utiliza protocolos elucubrados en visiones metafísicas, mediante las cuales la invisibilidad del todopoderoso, se ha hecho rigor material con premios, castigos y persecuciones. Usted, su santidad, hoy representa el máximo cargo en tanto y en cuanto la administración social de las almas que aún se sumen a sus protocolares pasajes hacia el más allá.
-La especulación financiera campea conforme los especuladores pueden protegerse de la manera que pueden de los futuros alternativos siempre cambiantes. Es difícil comprender esto por parte de una institución que no ha tenido, en rigor histórico, las más mínima necesidad de pensar su futuro con el costo de oportunidad que mide en su decisión, la diferencia entre permanecer o escindirse. La permanencia es lo invariable de una institución que de tanto peso, ya parece transformarse en un lastre muy pesado: ¿Como comprender si quiera lo más mínimo de un funcionamiento financiero si el concepto de riesgo es inexistente para tal movimiento?
-Sí, hay corrupción ramificada y "evasión fiscal". Pero hay que aclarar que la evasión fiscal puede ser considerada altruista de solo pensar que con esos recursos, que se le extirpan a los generadores del alimento del fisco, se abultan las arcas que alimentarán el ejército de sotanas que nos pondrán sujetos a escarnio o a misericordia: ¿Encima de la coacción impositiva también deberemos acercarnos a una nueva hoguera de quema de vanidades?
-La confianza burda en algo que nunca ha sido probado, no campea en las mentes de quienes adhieren a la teoría del derrame, sino en las de quienes repiten como loros "por mi culpa" "por mi culpa" "por mi gran culpa", creyendo que con ese repetir ganarán un lugar en primera fila para ingresar raudos en un más allá idílico y celestial, pero que a ciencia cierta y bien probado, es solo garantía de mansedumbre aquí en la tierra y no en el cielo.
-Y sí, finalmente una gran coincidencia; los excluidos siguen esperando. Sin embargo es digno indicar y remarcar firmes convencimientos. Hay alternativas para los excluidos mucho mejores, de más valía, dignidad y efectividad que la que deja ver su propuesta. Para los excluidos no es una herramienta fértil la promesa eterna de una vida digna en un lado invisible que solo se degusta mediante una especie de histérica entelequia intelectual, y que se nutre con tiempo de sobra para pensar sin pagar el costo de tal cruel inmovilismo. Para los excluidos probablemente comience a ser un dato fértil sugerirles que es hora de olvidar ya los cuentos infantiles, poniendo adelante de sus seres la verdad; que solo esta vida es la única y posible de ser vivida en dignidad y plenitud.
De seguro que luego de esa fértil proposición, no quedará otro camino que el de desprenderse de los administradores de la invisibilidad. Esos que han vivido miles de años acercando las sotanas a sus pobrezas, disfrazando de altruismo bienaventurado, un compendio de histerias grupales construidas en cubículos de oscuridad delimitados por lúgubres y enmohecidos muros, y potenciadas en proporción directa a la distancia que los separa de la vida. La luz de la inclusión solo puede venir derribando ensoñaciones, mostrando la dignidad de la existencia por la vía del desprendimiento de atávicas cadenas de misericordia, tal es el camino posible para lograr la tan ansiada justicia. Seres humanos viviendo de sus quehaceres en independencia y libres, a la vez que aquellos que han vivido de las miserias y penurias ajenas, y quedando real y verdaderamente libres, podrán mostrar la valía de la madera de la que están hechos. ¿Se atreverá su santidad a tamaño desafío?
Si así fuere, habremos dado el primer paso en el camino correcto de la inclusión al excluido, aunque probablemente habrá que incrementar subsidios para sotanas desocupadas.
domingo, 10 de noviembre de 2013
ARTISTAS MILITANTES Y COMPROMETIDOS
Desde mi adolescencia y hasta hace algunos años, siempre me llamó la atención la anuencia y el silencio -para mí incomprensible-, que se evidenciaban en las escasas o nulas contestaciones al respecto de determinadas posturas políticas de un grupo de artistas que hoy campean las huestes del oficialismo: Gieco, Heredia, Páez, Sosa, Alterio, Sabaraglia, Romano, Grandinetti, entre muchos otros.
Hoy he captado en toda su dimensión algo que ha sucedido ya, y es inevitable. Es difícil determinar qué tipo de fenómeno lo ha empujado (podrían ser las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes, aunque también el hartazgo de décadas que espontáneamente se abrió paso luego del primer grito de indignación), cuando veo las respuestas a Heredia y Gieco, no puedo dejar de pensar que un torrente de irreverencia hacia ciertos "elefantes blancos" otrora intocables, se ha abierto paso como el caudal de una represa que se ha quebrado; esta gente pretende pararse en medio de ese devenir y aún cree que puede poner el cuerpo. Yo les recomendaría que se hagan a un costado, o que corran.
Por caso, hace unas horas Víctor Heredia se quejó porque muchos se enojaron con los caché que cobraron por sus últimos festivales, en parte de su enojo el artista indicó que: "muchos de los que se quejan de nuestros precios, pagan mucho más para ir a ver artistas extranjeros y no los critican".
Víctor Heredia no repara en pensar de donde sale el dinero en uno y otro caso. En su caso salió de mi bolsillo en forma compulsiva y sin rendición de cuentas. Salió de una persona que jamás consumió si quiera 15 segundos de sus trabajos artísticos. En el caso de los artistas que señala como "extranjeros", nadie me vino a pedir un peso para traer a Justin Bieber, Metallica o Britney Spears. Cuando se presentaron Jamiroquai o Herbie Hancock, hice un esfuerzo y erogué dinero conforme de hacerlo para el disfrute de sus trabajos.
Así las cosas, debo indicar que se siente un sabor amargo el enterarse que he pagado el caché de Víctor Heredia para que vaya a un mitín político a rendir pleitesía por cosas contrarias a mi pensamiento y amenzantes hacia mi persona. No obstante ello, también es amargo e indigesto el trago de saber que he financiado a un artista cuya obra siempre me resultó esquiva desde lo más profundo de mi ser y existencia; una especie de tiro en los testículos, un domingo de invierno al caer la tarde de un día nublado, húmedo, con cero grados y luego de enterarte que la chica de tu vida se marchó para siempre con tu peor enemigo. He financiado con mi trabajo, una obra de arte que me provoca esa sensación. Imposible que en libertad de decisión haya entregado, si quiera, una mísera moneda por ello.
En tanto que al respecto del señalamiento al "extranjero"; ¿Qué pretende este señor? ¿Pretende acaso que sobre el financiamiento inducido de una obra desagradable del cual he sido víctima, tampoco tenga alternativa alguna para degustar las obras que me agradan? ¿No es demasiado ya?
sábado, 19 de octubre de 2013
Estados Unidos aún marca tendencia.
El próximo domingo hay elecciones intermedias en Argentina, y se perfilan diferentes estrategias de propaganda por parte de los partidos en pugna. En este sentido, incorporo un interesante hallazgo, y es la réplica exacta de un spot utilizado para la campaña de Obama en Estados Unidos, por parte del Frente Para la Victoria, el partido oficial de gobierno en Argentina. Primero se incorpora el spot original, a continuación la copia argentina. Increíble...
lunes, 14 de octubre de 2013
NOBEL DE ECONOMÍA 2013
Hay bastante ruido entorno al Nobel de Economía entregado a tres Estadounidenses sobre un tema que tiene que ver con la formación de precios de activos en el futuro y su posible predicción en el presente. Algunos lo interpretan como magia, otros como diletancia, también tarotismo, astrología o astronomía aplicada a la ciencia económica -aunque podríamos volver al tan mentado tema de la física-.
Lo que debemos tener en cuenta, creo, es la obsolescencia del sistema institucional mediante el cual discurre el conocimiento y su correspondiente "corroboración de calidad" o sello de viabilidad y seriedad, por llamarlo de alguna manera.
En tal estructura, los investigadores están obligados a escribir "tanto por año", asistir a cierta cantidad de congresos en determinado tiempo. A buscar un "tema original", y así, cientos de miles de personas corren escribiendo y escribiendo. ¿Alguien puede pensar que en ese ejército de cientos de miles de escribas y observadores cada uno de ellos puede mantener originalidad sobre la base de una obligación?
Soy de los que piensan que más bien son un rejunte que termina decantando en un gran maratón, en donde el desafío es estar sin más. Entregar un Nobel por año en ese contexto, es una inevitable conducta formal para mantener la maquinaria en funcionamiento, aunque la repetición de un premio por año se transforma a la vez en su contrario.
Progresivamente vacía su propia categoría mostrando de manera inevitable, que lo investigado ya esta contenido en escrituras económicas de hace siglos, o bien son meras lineas de aproximación que se van alejando inexorablemente de la originalidad específica para la cual el premio estaría orientado. "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes", escribió Sir Isaac Newton en una carta a Robert Hooke en 1676. Y es interesante el contenido de esa frase (originalmente enunciada por Bernardo de Chartres), lo que cobra relevancia hoy en día; a más y más premios presentes, más enanos actualizados y mayor altura y grandeza de los hombros de los gigantes en los que vamos montados.
Y hoy, una vez más, el Nobel de economía parece ser un repetido ejercicio de selección mediocre que premia más "los contactos" que un pensamiento original. Comenzarán las críticas marxistas, las austriacas, las neoliberales, las keynesianas -neo, post y new-, y, obviamente, también las amateurs.
Yo por mi parte digo: si me midiera en mi ciencia como un tenista ha de medirse en el circuito ATP, estaría probablemente en el puesto 3 millones. Y desde ese lugar: ¿Podría criticar al número uno? Creo que no, aunque podría criticar el sistema de puntuación indicando que es injusto...
Bueno, espero se haya comprendido el mensaje. El Nobel de economía entonces, para Lars Hansen, Robert Shiller y Eugene Fama. El tema; "análisis empíricos sobre los precios de activos". Validez del tema; "Posibilidad de predecir el curso amplio de los precios en periodos largos de tiempo". Felicitaciones!
Y a quienes no han ganado el Nobel, a seguir trabajando...
Lo que debemos tener en cuenta, creo, es la obsolescencia del sistema institucional mediante el cual discurre el conocimiento y su correspondiente "corroboración de calidad" o sello de viabilidad y seriedad, por llamarlo de alguna manera.
En tal estructura, los investigadores están obligados a escribir "tanto por año", asistir a cierta cantidad de congresos en determinado tiempo. A buscar un "tema original", y así, cientos de miles de personas corren escribiendo y escribiendo. ¿Alguien puede pensar que en ese ejército de cientos de miles de escribas y observadores cada uno de ellos puede mantener originalidad sobre la base de una obligación?
Soy de los que piensan que más bien son un rejunte que termina decantando en un gran maratón, en donde el desafío es estar sin más. Entregar un Nobel por año en ese contexto, es una inevitable conducta formal para mantener la maquinaria en funcionamiento, aunque la repetición de un premio por año se transforma a la vez en su contrario.
Progresivamente vacía su propia categoría mostrando de manera inevitable, que lo investigado ya esta contenido en escrituras económicas de hace siglos, o bien son meras lineas de aproximación que se van alejando inexorablemente de la originalidad específica para la cual el premio estaría orientado. "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes", escribió Sir Isaac Newton en una carta a Robert Hooke en 1676. Y es interesante el contenido de esa frase (originalmente enunciada por Bernardo de Chartres), lo que cobra relevancia hoy en día; a más y más premios presentes, más enanos actualizados y mayor altura y grandeza de los hombros de los gigantes en los que vamos montados.
Y hoy, una vez más, el Nobel de economía parece ser un repetido ejercicio de selección mediocre que premia más "los contactos" que un pensamiento original. Comenzarán las críticas marxistas, las austriacas, las neoliberales, las keynesianas -neo, post y new-, y, obviamente, también las amateurs.
Yo por mi parte digo: si me midiera en mi ciencia como un tenista ha de medirse en el circuito ATP, estaría probablemente en el puesto 3 millones. Y desde ese lugar: ¿Podría criticar al número uno? Creo que no, aunque podría criticar el sistema de puntuación indicando que es injusto...
Bueno, espero se haya comprendido el mensaje. El Nobel de economía entonces, para Lars Hansen, Robert Shiller y Eugene Fama. El tema; "análisis empíricos sobre los precios de activos". Validez del tema; "Posibilidad de predecir el curso amplio de los precios en periodos largos de tiempo". Felicitaciones!
Y a quienes no han ganado el Nobel, a seguir trabajando...
domingo, 13 de octubre de 2013
Juan Cabandie, o el arte de la militancia láctea.
Luego de un día plagado de noticias políticas, entre las que se destaca la aparición de un vídeo en donde se lo puede observar al candidato a diputado Juan Cabandie increpando a un oficial con el que mantiene una discusión contravencional, no he podido dejar de pensar en paralelo, en las familias que han de estar pasándola mal por una sudestada a la vera de un río, en un cartonero que está pensando en sacarse la grande deseando un milagro contenido en una bolsa de basura. En una persona alcoholizada que camina la calle zigzagueante llorando las penas de un arrepentimiento profundo sobre el camino pasado. A la par de todo eso, decía, no puedo dejar de pensar en esa imagen del día.
La imagen de un muchacho arrogante increpando a una persona a la que sabe con menos recursos disponibles para devolver una respuesta. Un funcionario público tomando envión y nutriendo una valentía vacía gracias a la toma de consciencia de saberse con una ventaja que lo pondrá, petulante, en un pedestal –nunca discutido por cierto-. Y ahí se lo ve, balbuceando sobre un supuesto pasado militante del cual, haciendo las cuentas, solo habría formado parte como demandante de chupetes y pañales.
A ese personaje de alguna manera lo hemos construido todos. Y solo sobre la base de comprender profundamente la esencia de esa creación, podremos evitar nuevas apariciones de esta especie.
miércoles, 9 de octubre de 2013
TEORÍA CENTRO-PERIFERIA. Una historia incómoda.
La teoría "centro-periferia" nos dice algo más o menos así: las sociedades atrasadas -las que arrancan su desarrollo en fases posteriores-, no pueden alcanzar a las más desarrolladas mediante el comercio libre con éstas, precisamente porque quedarían supeditadas a las necesidades del centro -aquellas que se desarrollaron previamente-. El libre comercio desarrollado por la vía de tal asimétrica relación, crearía un círculo vicioso de dependencia eterna y retraso permanente. Así, persistir en la libertad de comercio, decantaría inexorablemente en una recreación constante de pobreza estructural, cuya magnitud de crecimiento sería proporcional a la magnitud de la libertad con la cual estas sociedades se especializarían vía el comercio; las primeras lo harían en generar riqueza a expensas de las segundas, y las segundas -retrasadas-, se especializarían en la recreación de pobrezas funcionales a las primeras -las adelantadas-. Si se comprendió la síntesis, sería interesante intentar contestar la siguiente pregunta.
¿Por qué causas y motivos los Sumerios no pudieron mantener su liderazgo y riqueza? ¿Acaso no existía libre comercio en aquel entonces?
¿Por qué causas y motivos los Sumerios no pudieron mantener su liderazgo y riqueza? ¿Acaso no existía libre comercio en aquel entonces?
jueves, 3 de octubre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
La inflación y la caída del Imperio Romano

Traigo a este espacio un sintético pero interesante desarrollo que se ha realizado en un blog amigo. La entrada original pueden observarla en el siguiente enlace:
http://historiasinhistorietas.blogspot.com.ar/2011/08/400-como-la-inflacion-acabo-con-el.html
Existe la creencia comúnmente aceptada que carga las culpas de la caída del Imperio Romano sobre las tribus germánicas, que, bárbaras, harapientas e iletradas como eran, tomaron al asalto una sociedad refinada, culta y próspera.
Pero una de Las verdaderas causas del fin de Roma como Imperio y, lo que es más importante, como civilización no fueron los bárbaros, si no los propios emperadores romanos, que dinamitaron su propio mundo aplicando recetas económicas que hoy nos resultan muy familiares.
En el invierno del año 211, el emperador Septimio Severo se encontraba en la provincia de Britania peleándose con los pictos. Entonces se puso malo y se murió; pero antes reunió a sus dos hijos, Caracalla y Geta, junto a su lecho de muerte y les dio un último consejo para gobernar el inmenso imperio que les legaba: "Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás". Caracalla prometió cumplirlos, pero pronto se olvidó del primero de los preceptos y liquidó a su hermano para poder mandar él solito.
Con Caracalla empieza la decadencia de Roma. Haciendo caso a su padre, subió un 50% la paga de los soldados y se metió en nuevas guerras. Para financiar la cosa dobló los impuestos sobre las herencias. Pero no fue suficiente, por lo que decidió devaluar la moneda: así, de paso, se podía permitir caprichos como las faraónicas termas que llevan su nombre, y cuya sala principal es más grande que el San Pedro del Vaticano.
En el siglo III no existían el papel moneda ni la máquina de imprimir billetes, así que las devaluaciones atacaban directamente al metal. Lo que se hacía era malear el metal noble mezclándolo con otros menos valiosos. El objetivo de los gobernantes que así malgobernaban era acuñar y gastar más. Caracalla pensaba que si quitaba un poquito de plata a las monedas nadie lo notaría, y él podría multiplicar a placer el dinero existente. Se trataba, en definitiva, de algo bueno para todos.
La moneda romana era el denario –de aquí viene nuestra palabra dinero–, y en origen era de plata pura. En tiempos de Augusto, el primer emperador, cada denario estaba compuesto en un 95% por plata y en un 5% por otros metales, como el bronce. Un siglo más tarde, con Trajano, el porcentaje de plata era del 85%. Ochenta años más tarde, Marco Aurelio volvió a depreciar el denario, que ya sólo tenía un 75% de plata. El denario, pues, se había devaluado un 20% en dos siglos. Algo más o menos tolerable. Caracalla, muy necesitado de efectivo para sus gastos, devaluó el denario hasta dejarlo con sólo un 50% de plata; es decir, lo devaluó un 25% en un solo año.El áureo –de oro, lógicamente– también perdió valor por imperativo legal. Durante el reinado de Augusto, de cada libra de oro salían unas cuarenta monedas. Caracalla estiró la libra hasta sacar unas cincuenta monedas, que, naturalmente, mantenían el valor nominal; pero no el real.
Con tanto experimento monetario y sin que el emperador lo previese, los precios se dispararon. Caracalla se perdió la fiesta: estando de campaña en Asia, fue apuñalado por uno de sus guardias mientras meaba al borde de un camino. Una muerte muy propia para uno de los mayores sinvergüenzas de la Historia.
Los que le sucedieron no hicieron sino empeorar las cosas. Casi todos los emperadores del siglo III fueron militares, y casi todos llegaron al poder mediante sangrientos cuartelazos. Un dato que lo dice todo: sólo uno de ellos, Hostiliano, que reinó seis meses en 251, murió en la cama por causas naturales; el resto cayó a manos de sus guardias o en el campo de batalla –por lo general contra sus sucesores–. A este periodo los historiadores lo llaman "la crisis del siglo III". En rigor, deberían hablar del fin de la civilización romana, porque a partir de ahí el mundo romano sería mucho más parecido al medieval que al clásico.
Durante ese siglo el denario no dejó de devaluarse; hasta que acabó convertido en un pedazo de bronce bañado en plata que pasaba raudo de mano en mano. Y es que la moneda mala, como dice la copla, de mano en mano va y ninguno se la queda. En cuanto al áureo, prácticamente desapareció de la circulación, y cuando aparecía era fino y maleado. La inflación superó el 1.000%, y eso con los fragmentados datos de los que disponemos: probablemente, en ciertos momentos y lugares fue mucho mayor.
Al caos político y económico del siglo III le sucedió el ajuste de Diocleciano, que, ya sin poder recurrir a la devaluación, machacó a impuestos a los habitantes del Imperio y ensayó una reforma monetaria. La reforma fracasó, y su edicto de precios máximos fue totalmente ignorado por la gente, que, en menos de un siglo, había pasado de tener en sus bolsillos denarios de plata a manejar los llamados follis, pedacitos de bronce muy abundantes y sin apenas valor. Los romanos se habían empobrecido fenomenalmente en sólo unas décadas por culpa de su Gobierno; y con ellos el comercio, la industria y la agricultura del Imperio.
La semilla del Estado omnipotente, siempre necesitado de fondos para sobrevivir, había arraigado. El emperador Constantino suprimió el áureo y puso en circulación una nueva moneda de oro, el sólido, muy depreciada con respecto a su antecesor. Un áureo de los antiguos valía, por su cantidad de metal precioso, dos sólidos. La moneda de plata, encanallada hasta la náusea, desapareció del mapa.
Constantino consiguió la cantidad de oro necesaria para la reforma confiscándoselo a las ricas ciudades orientales y a los templos paganos, ya en retirada tras la conversión del emperador al cristianismo. Para financiar el funcionamiento del Estado se inventó nuevos impuestos, que habían de abonarse sólo en oro, única forma de pago, por lo demás, que aceptaban los mercenarios extranjeros que servían en el ejército. Bárbaros les llamaban, aunque, a decir verdad, bárbaros serían pero no tontos, cuando sólo estaban dispuestos a jugarse la vida por dinero de verdad.
El oro se convirtió en un refugio para quien podía conseguirlo, es decir, los militares y los altos funcionarios imperiales. El resto de la población había de conformarse con el bronce de los follis y el cobre del dinero informal, acuñado de manera ilegal y que hacía las veces de dinero de bolsillo. La antaño próspera clase de pequeños propietarios y comerciantes, base misma de la grandeza romana, se arruinó sin remedio. Se produjo entonces una concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes, que empleaban en ellas a los hijos o nietos de antiguos campesinos libres depauperados por la inflación y los crecientes impuestos imperiales. La era feudal acababa de comenzar.
El Imperio Romano de los siglos IV y V vivió, literalmente, de saquear a sus súbditos. Los gastos imperiales crecieron porque sólo se podía sobrevivir a la sombra del Estado. El ejército duplicó sus efectivos, pero no sirvió de nada, porque los reyes germanos fueron, a partir del año 400, fundando reinos con el beneplácito de los orgullosos ciudadanos romanos.
Durante casi dos siglos, el Estado romano fue una onerosa máquina burocrática que tenía el solo objetivo de sobrevivir y perpetuarse. Pero ni eso consiguió. Cuando el flujo de oro se secó, porque ya no quedaba un solo contribuyente a quien dar la vuelta y sacudir, Roma colapsó y se esfumó de la Historia, dejando tal caos que Occidente no volvería a ser Occidente hasta mil años después.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Libertad de elegir
Guillermo Moreno ha "invitado" a los empresarios a ser solidarios, y nuevamente el funcionario ha dejado un sabor amargo con su particular forma de paliar los problemas. Si bien es claro que intentar una crítica de esa sutil sugerencia del secretario de comercio, sería fácilmente traducido por cualquier oficialista como un acto que no se "sensibiliza ante los problemas sociales", se hace imprescindible su realización para todo aquel que piense en libertad antes que en encierro, por más que lo primero que se arguya al respecto sea una construcción del tipo; "con el afán de pegarle al gobierno, no se hace más que olvidarse de los problemas de la gente; ¿Qué hay de malo en hacer un fondo de dinero puesto por empresarios a los cuales les ha ido muy bien todos estos años y bien podrían ayudar a las víctimas de una inundación?”. Y como esto tendría todo de bueno, lo malo sería pretender ver un problema donde solo hay amor, buenaventura y grandes intenciones.
Mi observación no será muy extensa, sencillamente pienso en los grados de libertad que puede tener un empresario, dadas las condiciones en las que se sugiere su decisión. En este sentido, las decisiones siempre deben nacer desde un cúmulo de alternativas en un pié de igualdad; la libertad para elegir nunca debe estar previamente coaccionada, pensemos un ejemplo. Supongamos al empresario X, respondiendo de la siguiente manera; “Señor Moreno, en mi caso no depositaré dinero en dicha cuenta, puesto que mes a mes he dejado en las arcas del erario público, los recursos necesarios para paliar esta inconveniencia, no solo luego del imprevisto, sino también para minimizar las consecuencias negativas del mismo con las correspondientes obras y servicios públicos diseñadas a tal efecto”.
Quienes crean que esa alternativa de respuesta es hoy posible ante tal sugerencia vertida por el funcionario, entiendo que no están haciendo una evaluación correcta del estado en el que se encuentran hoy, quienes deben negociar con la secretaría de comercio. ¿Imaginan la respuesta del funcionario ante tal postura? ¿Qué podría pasar con ese empresario? De mínima entiendo que puede aparecer con su nombre y apellido, estigmatizado por “egoísta” y “falto de compromiso para con los que menos tienen”, so pena de tener que sobrellevar diferentes trabas y presiones que se darán a partir de ese mismo instante.
En la famosa película “El Padrino”, cuando Vito Corleone pretendía comprar un bien que no estaba puesto en venta pos su poseedor, sugería lo siguiente; “le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar”. Y acto seguido daba un número determinado –generalmente superior al precio hipotético de mercado-.
Si bien el vendedor –que había sido empujado a esa negociación-, podría rechazarla, sabía que al hacerlo sobrevendría una consecuencia rayana al disgusto si se negaba a tal ofrecimiento. En efecto, era una “oferta que no podría rechazar”. Así, la sola motivación antojadiza de quien posee una asimetría de poder, restringe la libertad de quien se ve interpelado, dado que las respuestas posibles no son múltiples, sino únicas. O se acepta, o se está preparado para afrontar las consecuencias. Y ese es el problema con este fondo solidario "voluntario"; es la creación de un fondo que los empresarios no podrán rechazar. Y es ahí donde la libertad cae presa de la elucubración y el escarnio.
¿Se comprendió de qué hablamos cuando hablamos de libertad o de encierro?
Una entrevista nacional y popular.
Algunos periodistas están acostumbrados a descansar sobre el colchón que pueden construir con la cantidad de palabras de un entrevistado. Por eso, en muchos casos no hacen preguntas, sino que ponen el micrófono y ya; un ejemplo.
Termina un partido de fútbol y en lugar de preguntar algo con cierta elaboración, que contenga una mirada medianamente elaborada, emanada por un nivel de conocimiento y observación del juego digno de una buena práctica profesional, preguntan lo siguiente; "duro el partido ¿Verdad?".
Y ahí los jugadores comienzan con la perorata de siempre -y a los cuales los mismos periodistas suelen criticar injustamente-, son cuatro o cinco cosas que se repiten una y mil veces, a saber; "...Si, es un equipo complicado, salieron a hacer su juego, por momentos fue difícil entrar y sabemos que saben como defenderse. Nosotros intentamos por todos los medios, algunas cosas no nos salieron bien, pero continuaremos trabajando. Por toda este gante maravillosa que nos acompaña en las buenas y en las malas..."
Así también parece ser el estilo de la entrevista que le hizo un tal Brienza a la presidente -y a la cual le pusieron el slogan de ser una entrevista "desde otro lugar" cuando a ciencia cierta no fue más que la emanación natural de nuestras propias limitaciones-, con preguntas que tuvieron escaso contenido y elaboración, dignas de un reportaje vacuo. Aunque en lo que respecta a la mencionada conducta de descansar en el colchón que brinda poner un micrófono en boca de alguien que tiene la propensión a hablar como un loro, ahí si, Brienza se lleva el 10 en dormilón.
Recuerdo cuando a Michael Schumacher, un periodista argentino en el GP de Buenos Aires de 1997 le preguntó; "dura la clasificación ¿verdad?" Y el alemán, claro, conciso y concreto, se limitó a contestar el contenido de la pregunta puntualmente; "ja", fue la respuesta -que quiere decir "si"-, y no dijo nada más.
El Argentino se quedó unos segundos esperando, y al ver que no venía más nada de esa boca, no supo que preguntar. Luego, en el piso del programa espetó; "el piloto alemán, soberbio y frío, podrá ser un gran piloto pero su condición de persona deja bastante que desear..."
¿Cuales son las condiciones humanas que dejan "bastante que desear"? Yo no tengo dudas. ¿Vos?
jueves, 19 de septiembre de 2013
IGUALDAD DE OPORTUNIDADES
¿Dónde hay más "igualdad de oportunidades"? ¿En una sociedad de 10 mil personas en las cuales se reparten 10 oportunidades posibles o en una de la misma cantidad de personas en donde existen 10 mil oportunidades diferentes?
En la primera tendremos 10 oportunidades posibles por cada persona y probablemente grupos de mil personas terminen abocándose a captar y desarrollar la misma oportunidad; esas mil personas trabajando en cada "grupo de oportunidad".
En la otra tendríamos por cada persona una alternativa de 10 mil oportunidades, y entre las cuales podría llegarse a que cada una obtenga la que más provecho considere, puede traerle.
Las oportunidades se crean mediante el comercio, no mediante leyes. Así, una sociedad como Cuba -imperio del igualitarismo-, puede ofrecer oportunidades contadas con los dedos de mis manos: a vuelo de pájaro, podría mencionarlas; médico de hospital público, poeta del régimen, rumbero, docente, campesino de la zafra, paseador de turistas, policía del régimen, enfermero, botones de un hotel, cocinero, armador de habanos, entre otras pocas más.
En una sociedad como, por caso, Alemania, no me alcanzaría la noche entera para contabilizar las diferentes alternativas y oportunidades que se le presentan al grueso de los jóvenes que buscan su primer trabajo.
Sin embargo, existe la apariencia que hay mayor igualdad en la primera de las sociedades que en la segunda. Y es sencillo, al haber pocas cosas por las cuales elegir, todos están destinados a quehaceres sencillos y parecidos, diferente es cuando el margen de elección se extiende sin parar, ampliándose minuto a minuto.
En definitiva, en apariencia, el altruismo igualitarista conlleva en esencia el camino hacia el empobrecimiento. Lo contrario sucede con el camino a la riqueza; la diversidad de oportunidades es, paradójicamente, el camino a la igualdad de las mismas tantas veces mencionada.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Vaca muerta, Argentina enferma.
A finales de la década de 1950 y principios de la siguiente, subsidiarias de empresas transnacionales cubrieron el déficit técnico y la escasez de recursos que presentaba argentina para poder alcanzar las fases más difíciles de su industrialización. Hoy, casi 60 años después, la historia parece repetirse; las posibilidades potenciales que abre la reserva de vaca muerta, ponen en evidencia nuevas restricciones.
Siendo probablemente la tercera reserva mundial de petróleo y gas no convencional, solo es posible su aprovechamiento en la medida en que las transnacionales puedan aportar sus recursos y conocimientos para que tales reservas se hagan efectivas y susceptibles de utilización en el mercado energético, solo con ese aporte puede ser posible saltar el cuello de botella energético que la mal llamada "década ganada", ha generado.
Argentina hoy es una economía cuya estructura, empobrecida y retrasada técnicamente, no puede hacer provecho del mar de recursos en la que está montada. Un empobrecimiento suscitado a la par de la riqueza potencial siempre promisoria, pero siempre esquiva; una economía condenada a su propia dinámica -que por momentos parece ser la muestra cabal de su propia desidia-.
Hay también, ciertos patrones de conducta que pueden explicar -al menos en parte-, algunos de los aspectos mas distintivos de las decisiones estratégicas que ciñen tales situaciones. Una clásica postura en nuestro medio parece ser una especie de despotrique contra el capital y los recursos del extranjero, a los cuales se los advierte como una necesidad, pero nunca se los tolera como un complemento. Así, se deambula en forma permanente por el arco que va de la protección y el subsidio a la regulación y el control de precios, y de la inflación a las anclas nominales monetarias, coartando las siempre escasas posibilidades de capitalización local, desincentivando lo mejor del emprendedurismo posible e incentivando comportamientos acomodaticios y corporativistas.
La opción dura de competir vía investigación, desarrollo y nuevas ideas, siempre fue soslayada por la opción blanda de la ley hecha a mediada, es más sencillo impulsar una protección efectiva vía impuestos arancelarios -por caso-, que invertir en una mejora productiva que permita desplazamientos de la competencia dictaminados por el consumidor, quien en última instancia, siempre es el mejor juez dictando este tipo de sentencias -aunque inconveniente para los comportamientos anteriormente mencionados-.
Si en Argentina no logramos comprender que somos un país extremadamente pobre, cuya única salida hoy, la provee el sector agropecuario con todo su dinamismo y energía, y sobre el cual recaen permanentemente políticas que profundizan un agudo drenaje para que subsista un sector industrial que solo vive con un eterno respirador artificial, parece no haber salida posible.
Para marchar hacia la riqueza, entiendo, debemos terminar con algunos mitos.
Primero. Instaurar en la imagen del ciudadano común que la regulación económica es inviable y solo una herramienta improvisada por la diletancia de ocasión; la palabra "mas regulación" como lugar común, debe ser reemplazada por "más libertad".
Segundo. Instalar en la imagen del ciudadano común que la apariencia bondadosa de las políticas progresistas en Argentina han tenido un costo profundo, y es la miseria y desocupación en la que en esencia e inevitablemente siempre decantan.
Tercero. Que hay una aparato de poder diseminado en lugares clave del sector público, las artes, los sindicatos, el mundo empresarial y la educación, que hace las veces de apuntalador de las corrientes políticas que sostienen los mitos anteriormente mencionados, allí hay que dirigir la agenda analítica para poder desactivar esas restricciones y frenos al desarrollo.
Cuarto. Que para salir finalmente del eterno dilema del desarrollo trunco, la pobreza estructural, la miseria y la pauperización que corroe nuestra sociedad, el liberalismo no es una inconveniencia ni una conspiración de clase, sino, probablemente, nuestra última oportunidad.
miércoles, 7 de agosto de 2013
PROTOCOLOS
Hace unos meses, en una clase, intercambiamos con los alumnos algunos tópicos sobre procedimientos de gestión, factores de control y factores no controlables en un proceso de producción. Allí sugerí que pensemos -para detectar y separar convenientemente cada especie de factores-, en la mayor cantidad de hipótesis posibles para detectar eventos no previstos y, entre ellos, cuáles podrían ser controlables por la propia gestión o, en su defecto, minimizados “ex ante”. Y cuales no pueden ser controlables y, por consiguiente, desarrollando paliativos “ex post”.
Así, habíamos abordado –entre otros-, al tipo de cambio y su variación como un factor no controlable, del cual deberíamos tener pensado un set de alternativas posibles ante una variación imprevista que pudiera repercutir negativamente en la estructura de costos –suponíamos un alto porcentaje de insumos importados-. De esta forma fuimos pensamos alternativas “ex post” ante un evento de estas características.
También analizamos supuestos factores de control, o al menos que dependían directamente de nuestro quehacer en el desarrollo de gestión; el esquema de organización de planta, el sistema de prevención de incendios, el manejo de la información, entre otros.
Recuerdo que, al respecto de separar de los eventos, las categorías “ex ante” y “ex post” –o sea, antes del suceso y después del suceso- debían ser consideradas como elemento central. Recalqué que el proceso de gestión basado en la mejora continua de la organización “ex ante” sobre la base de un exhaustivo análisis que apuntale el prestigio del buen ejercicio profesional, conlleva cierta ingratitud en determinados contextos. Recuerdo que apelando a algunas categorías de metodología científica y corroboración empírica, sugerí que pensemos sobre la efectividad de uno y otro de los parámetros protocolares de trabajo.
Así, pensamos que, cuanto más perfecto funcionaba un esquema de construcción de protocolos sobre la base de minimizar anomalías “ex ante”, tanto más se alejaba el espacio de verificación de su efectividad. Un poco más claro; para desarrollar un protocolo que minimice -previamente-, la posibilidad de aparición de un suceso no querido, debemos indagar -con la mayor rigurosidad posible-, todo lo concerniente a ese suceso anómalo. Cuanto mayor y mejor es la indagación, más y mejores diseños se crean para que el suceso no se presente. Y aquí comienza un problema ciertamente ingrato en determinados contextos.
Si el suceso anómalo no se presenta, puede suceder que el "acostumbramiento" al buen funcionamiento, decante en un nulo o escaso reconocimiento profesional a quienes tan buena tarea han realizado previamente. Pero si el suceso no deseado se presenta –siempre es probable un imponderable-, la responsabilidad es fácilmente detectable cuanto más precisos son los protocolos. A la par, el suceso imprevisto y el evento, sirven nuevamente como muestra para nutrir al protocolo que no había previsto esa nueva anomalía.
Sintetizando, el buen funcionamiento de un protocolo realizado sobre la base de minimizar previamente una anomalía, no es percibido en su resultado hasta tanto la anomalía se presente y, cuando se presenta, lo único que se percibe es una anomalía en el protocolo.
Los factores no controlables son normalmente contrarrestados por protocolos diseñados para minimizar eventos "ex post". Aunque muchas veces estos protocolos se diseñan sobre la marcha, también sus buenos logros conllevan cierta ingratitud por falta de “resultados objetivos”.
Hoy hemos asistido a la explosión de una caldera de un edificio en la que murieron decenas de personas. Hace un mes un nuevo accidente ferroviario cobró 3 vidas. Poco más de un año otro evento de similares características elevó la cifra de decesos a 61 personas. En la ciudad de La Plata las inundaciones cobraron decenas de víctimas.
Este escrito no pretende despotricar políticamente contra nadie, sino mostrar lo ingrato de hacer las cosas bien en determinados contextos, para ayudar a pensar sobre cómo hemos construido algunos marcos que hacen a la práctica profesional cotidiana en Argentina y el respeto por los protocolos que las prácticas exigen.
¿Qué hubiera sucedido si las barreras hidráulicas del andén de once hubieran funcionado correctamente? ¿Qué hubiera sucedido si los mapas de caudales de desagote pluvial hubieran estado profesionalmente gestionados y la ciudad de La Plata nunca se hubiera inundado? ¿Qué hubiera sucedido si todo el esquema de tareas de mantenimiento de la caldera -si es que la explosión se dio por malas prácticas profesionales- hubiera sido protocolarmente regular sobre la base de una experta pericia profesional y la explosión no se hubiera presentado?
Nadie estaría hablando de lo bueno del buen hacer de esas personas que nos han cuidado, dado que nadie puede percibir objetivamente tal buen hacer, solo se puede percibir su necesidad cuando algo malo sucede. Pero cuando ése algo malo sucede, nos está diciendo “aquí estoy, soy el suceso que nunca debió existir".
Así las cosas, e independientemente de gobiernos y filiaciones políticas, parece ser que en Argentina hemos construido un esquema de “héroes” montados en anomalías ex post –aquellos que corren atrás de los sucesos derrochando energía, palabras y paliativos sobre algo que no debería haberse presentado-, y hemos elevado la ingratitud natural con la que normalmente cargan los verdaderos héroes (esos que hacen lo posible por desarrollar protocolos, esquemas, diseños y arquitecturas que permitan que nada malo nos suceda), a la categoría de señalamiento estigmatizante.
Es fácil acostumbrarse a que todo funcione sin percibir los motivos del buen funcionamiento. También es fácil buscar culpables cuando lo malo se hace presente. Lo que de seguro no es fácil en un contexto como el nuestro, es dar vuelta el esquema de incentivos para que los héroes vuelvan a ser héroes y los villanos, villanos.
jueves, 9 de mayo de 2013
¿Que es un CEDIN?
Hace 48 horas la administración económica de gobierno ha lanzado una herramienta financiera especialmente diseñada para canalizar divisas del circuito negro al circuito formal, se dice que el objetivo no es solo el blanqueo de capitales fugados, sino la canalización de este recurso no utilizado, en forma de inversión hacia la economía real. La herramienta que supuestamente realizará tal canalización se presentó el martes y se ha denominado como; Certificado de Depósito Para la Inversión o CEDIN. Va entonces mi interpretación del mecanismo y sus posibles movimientos, no sin dejar mi opinión al respecto.
CEDIN es un bono en dólares que se va a habilitar para aquellas personas que pretendan "blanquear" sus dólares no declarados o declarados pero no ingresados al circuito -dólares legales-. Alguien que posea dólares en una caja de seguridad o debajo del colchón, y quiere comprar una propiedad, podrá hacerlo sin verse obligado a declarar la ruta de obtención de esos recursos, siempre que se dejen esos dólares en el Banco Central y éste a cambio entregue un papel que representa esa misma cantidad de dólares llamado CEDIN. Sería entonces una especie de cuasi-moneda respaldada en su reserva de valor en dólares estadounidenses encajados en el central.
Luego, a medida que este bono o cuasi-moneda llamado CEDIN, comienza a utilizarse para transacciones, se abre otro parámetro -que decantará en un nuevo mercado-, y tendrá relación con la carga subjetiva de quien tomará cedines (puede ser quienes vendan una propiedad tomando en pago tal bono o cuasi-moneda). Posteriormente puede suceder que, quien recibió el bono, esté en situación de pretender la liquidez de los dólares antes de 2016 (que es el momento en el cual el bono paga el neto nominal que representa en el banco central) y, como el central no se lo cambia hasta esa fecha por los dólares que representa, habrá un intento por cambiarlo en el mercado. Obviamente, el mercado pagará una menor cantidad que su valor nominal; el comprador del papel descuenta el riesgo y se hace cargo del tiempo, y eso, lógicamente, lo cobra quien compra el bono y lo paga quien lo vende. Una vez que este proceso cobra dinámica, quien se hace de bonos vendiendo una propiedad, también descontará riesgo y cobrará extra por la adquisición de un valor con menos riesgo que el bono (la propiedad), por lo que el bono comenzará a oscilar sobre otros parámetros más allá de los acostumbrados entre el dólar y el peso. A la vez, habrá un pasivo creciente del central, aunque con un creciente stock de dólares. De esta manera se estaría paliando temporalmente la recesión inmobiliaria y, supuestamente, el descalce entre las paridades de dólares negro y oficial, pero a costa de incrementar el pasivo del central y los compromisos futuros de la administración pos 2015, vendría así un tercer tipo de cambio encubierto, que debería oscilar entre el negro y el oficial.
Respecto de las cajas de seguridad, por caso, podría suceder que, si no se dinamiza el mercado de CEDIN con este primer impulso (que descansa finalmente en una decisión voluntaria de los tenedores de dólares) y continúe el problema de escasez de dólares, se pretenda ir por el contenido de ellas. Así, irán directamente y en donde encuentren dólares, pondrán (¿compulsivamente?) CEDINES y depositarán los dólares en el central. Existe ese riesgo, y si finalmente la justicia confirma ser la presa de ataque desde otro flanco, tendríamos la tormenta perfecta y la suma de todos los miedos en forma de un abordaje en pinzas a la propiedad y sin posibilidad alguna de defensa de la misma. Espero haber sido claro
CEDIN es un bono en dólares que se va a habilitar para aquellas personas que pretendan "blanquear" sus dólares no declarados o declarados pero no ingresados al circuito -dólares legales-. Alguien que posea dólares en una caja de seguridad o debajo del colchón, y quiere comprar una propiedad, podrá hacerlo sin verse obligado a declarar la ruta de obtención de esos recursos, siempre que se dejen esos dólares en el Banco Central y éste a cambio entregue un papel que representa esa misma cantidad de dólares llamado CEDIN. Sería entonces una especie de cuasi-moneda respaldada en su reserva de valor en dólares estadounidenses encajados en el central.
Luego, a medida que este bono o cuasi-moneda llamado CEDIN, comienza a utilizarse para transacciones, se abre otro parámetro -que decantará en un nuevo mercado-, y tendrá relación con la carga subjetiva de quien tomará cedines (puede ser quienes vendan una propiedad tomando en pago tal bono o cuasi-moneda). Posteriormente puede suceder que, quien recibió el bono, esté en situación de pretender la liquidez de los dólares antes de 2016 (que es el momento en el cual el bono paga el neto nominal que representa en el banco central) y, como el central no se lo cambia hasta esa fecha por los dólares que representa, habrá un intento por cambiarlo en el mercado. Obviamente, el mercado pagará una menor cantidad que su valor nominal; el comprador del papel descuenta el riesgo y se hace cargo del tiempo, y eso, lógicamente, lo cobra quien compra el bono y lo paga quien lo vende. Una vez que este proceso cobra dinámica, quien se hace de bonos vendiendo una propiedad, también descontará riesgo y cobrará extra por la adquisición de un valor con menos riesgo que el bono (la propiedad), por lo que el bono comenzará a oscilar sobre otros parámetros más allá de los acostumbrados entre el dólar y el peso. A la vez, habrá un pasivo creciente del central, aunque con un creciente stock de dólares. De esta manera se estaría paliando temporalmente la recesión inmobiliaria y, supuestamente, el descalce entre las paridades de dólares negro y oficial, pero a costa de incrementar el pasivo del central y los compromisos futuros de la administración pos 2015, vendría así un tercer tipo de cambio encubierto, que debería oscilar entre el negro y el oficial.
Respecto de las cajas de seguridad, por caso, podría suceder que, si no se dinamiza el mercado de CEDIN con este primer impulso (que descansa finalmente en una decisión voluntaria de los tenedores de dólares) y continúe el problema de escasez de dólares, se pretenda ir por el contenido de ellas. Así, irán directamente y en donde encuentren dólares, pondrán (¿compulsivamente?) CEDINES y depositarán los dólares en el central. Existe ese riesgo, y si finalmente la justicia confirma ser la presa de ataque desde otro flanco, tendríamos la tormenta perfecta y la suma de todos los miedos en forma de un abordaje en pinzas a la propiedad y sin posibilidad alguna de defensa de la misma. Espero haber sido claro
viernes, 3 de mayo de 2013
¿Paranoia o Ciencias de la Comunicación?
¿Te has preguntado por el sentido de Paka Paka y la creación de esas historietas locales que contienen un tinte político y un relato de la historia un tanto sesgado? ¿Te sorprende María José Lubertino viendo fantasmas sexistas ocultos por todos lados? ¿Quedas en completa confusión cuando ves que el gobierno está más empeñado en marcar la agenda de los medios que gestionar silenciosamente las mejoras de la ciudadanía? Bueno, si algunas de esas preguntas representan parte de tu estado de ánimo, te recomiendo que leas lo que a continuación despliego para ti.
Primero verás el prólogo de un libro que apareció a principios de la década del 70 y que se llamó; "Para Leer al Pato Donald" Comunicación de masa y colonialismo -demás está decir que ya entenderás por donde vienen sus caballos con ese título-. Escrito por Ariel Dorfman y Armand Mattelart, quien prologó el libro se llama Héctor Schmucler, un semiólogo de 81 años muy ligado a la línea intelectual del siempre polémico Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, uno de los fundadores del Grupo Carta Abierta.
A continuación de este prólogo, incorporo una crítica a tal libro que hizo Carlos Alberto Montaner promediando la década del 90 en el libro que escribió con Plinio Apuleyo Mendoza y Alvaro Vargas Llosa, y que se llamó; "El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano". Espero que todo el desarrollo te deje un poco más ubicado en tiempo y espacio.
Cuando este libro apareció en Chile, hacía poco más de un año que la Unidad Popular había asumido el gobierno. En todos los sectores de la sociedad comenzaba a evidenciarse -más o menos dramáticamente- que el intento de transformar una realidad pone en tensión al conjunto de la estructura existente. Todos los elementos que constituyen el aparato social se reordenan y en este reacomodo surgen conflictos específicos aún en las zonas cuyas formas de existencia parecieran trascender a los proyectos de cambios sociales. Se volvía a comprobar que la relación estructura / superestructura mantiene un vínculo bastante más estrecho que el vulgarizado por un pensamiento que, aunque se quiere revolucionario, repite los gestos de un positivismo rigurosamente mecanicista. En la llamada estructura se subsume, en realidad, la totalidad de las relaciones sociales. Es uno solo, por lo tanto, el momento de cambio, aunque las distintas formas de la organización social sean regidas por legalidades particulares que evocan desiguales tiempos de evolución. La ilusión de que las transformaciones infraestructurales (económicas) determinan por si los cambios en la cotidianeidad se revierten en su contrario: las viejas formas de vida, características de la sociedad burguesa, suelen consolidarse hasta el punto de neutralizar -cuando no de liquidarlas nuevas estructuras conquistadas.
El caso chileno posee la singularidad de ofrecerse como un confuso campo de contradicciones en el que oficialmente se anuncia el comienzo de un proceso socialista, en los marcos de un orden de raíces estrictamente burguesas, mientras en la realidad actuante el enfrenamiento de clases (cualquiera sea la forma que adquiera en el futuro) sé evidencia en una creciente conciencia de los polos participantes. En ese contexto, la aparición de un estudio sobre el pato Donald y la línea de personajes producidos por Disney, viene a perturbar una región postulada como indiscutible; algo así como querer analizar críticamente la belleza de un atardecer. No es extraño, pues, que el libro tuviera una repercusión aparentemente desmesurada. Los diarios de la derecha chilena lo leyeron inteligentemente: sus comentarios abandonaron la sección bibliográfica y ocuparon un lugar en la política. La Asociated Press difundió un alarmado cable entre sus abonados del Mundo y el sacrilegio de hablar contra las creaturas de la empresa Disney fue noticia en diversos puntos del planeta. De simplificación en simplificación, France Soir, el diario de mayor tiraje en Francia, tituló en primera plana: “El pato Donald contra Allende”, mientras en Chile el diario derechista El Mercurio no demostraba ningún humor para hablar del tema. Y he aquí un hecho paradojal. La indignada reacción de la derecha contra este texto tiene un punto de partida: las publicaciones de la línea Disney son universalmente aceptadas como entretenimiento, valor lúdico que corresponde a pautas permanentes de naturaleza humana y que, por lo tanto, se sobrepone a las contradicciones sociales. Sin embargo, mientras afirmaba este enunciado doctrinario, su irritada protesta no hacía más que mostrar la falacia del argumento pro-ecuménico.
Para la burguesía, el pato Donald es inatacable: lo ha impuesto como modele dé “sano esparcimiento para los niños”. De ahí la trascendencia otorgada a éste trabajo. Lo indiscutible se pone en duda: desde el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, hasta el derecho a mostrar como pensamiento natural la ideología que justifica el mundo creado alrededor de la propiedad privada. El cuestionar los pilares de un ordenamiento que reclama puntos de apoyo inamovibles (ahistóricos, permanentemente verdaderos) compromete su estabilidad. La defensa airada de una manera de señala, por contrapartida, la negativa a aceptar otras, su conformidad con la existente. El problema deja de ser marginal y se vuelve político, muestra su gravedad. La frivolidad deviene cuestión de estado. No es lo mismo el mundo con el pato Donald que sin él. Mattelart y Dorfman lo dicen en una figura cuya lectura literal confundió a la A.P.:”Mientras su cara risueña deambule inocentemente por las calles de nuestro país, mientras Donald sea poder y representación colectiva, el imperialismo y la burguesía podrán dormir tranquilos”.
Hablar del pato Donald es hablar del mundo cotidiano -el del deseo, el hambre, la alegría, las pasiones, la tristeza, el amor- en que se resuelve la vida concreta de los hombres. Y es esa vida concreta -la manera de estar en el mundo- la que debe cambiar un proceso revolucionario. Solo la construcción de otra cultura otorga sentido a la imprescindible destrucción del ordenamiento capitalista, porque al fin y al cabo -como repetía Ernesto Guevara- la revolución no se justifica simplemente por distribuir más alimento a más gente. Llevado al límite (y si se descartan esquemas feo— ideológicos) bien podría preguntarse para que luchar por dar de comer a los hombres si no es para lanzarlos a imaginar un mundo de infinitas potencias.
En ese mundo de lo cotidiano (que tiene como eje la diaria presencia en la fábrica) el obrero produce plusvalía como condición necesaria para que se reproduzca el sistema capitalista y, en el mismo movimiento, produce la ideología que perpetúa su relación como sociedad. Allí, en su diálogo cotidiano con la máquina (diálogo cuyo esquema simbólico repetirá en su hogar o sus sueños) debe instalarse la subversión si se quiere que el cambio de propiedad de los instrumentos de producción no aparezca como un acontecimiento divorciado de su existencia real. La ideología, pues, no se ofrece como un terreno epifenoménico donde “también” (pero más tarde) debe librarse una batalla, según lo afirma una izquierda mostrenca y desanimada. La revolución debe concebirse como un proyecto total aunque la propiedad de una empresa pueda cambiar de manos bruscamente y lo imaginario colectivo requiera un largo proceso de transformación. Si desde el primer acto el poder no se postula como cambio ideológico, las buenas intenciones de hacer la revolución concluirán inevitablemente en una farsa.
En ese mundo de lo cotidiano se verifica, igualmente; el papel del andamiaje jurídicoinstitucional reproductor de la ideología dominante, uno de cuyos instrumentos más eficaces lo constituyen los medios de comunicación de masa. En la frecuentación permanente con las ideas de la clase hegemónica de la sociedad -la que posee materialmente los medios e impone el sentido de los mensajes que emite- los hombres elaboran su manera de actuar, de observar la realidad. Es preciso, por lo tanto, escapar de ese orden y descodificarlo desde otra visión del mundo, es necesario re-comprender la realidad para lograr modificarla. Si esto no se entiende, si la “lucha ideológica” no adquiere primordial importancia, se castra la función del proceso revolucionario que tiende, básicamente a reordenar el sentido de los actos concretos.
Sólo desde otra manera de concebir el mundo puede asignarse un valor al cambio de las estructuras. A la inversa, la aceptación aerifica de las pautas culturales establecidas, significa la consagración del mundo heredado. Aun cuando, es preciso repetirlo, haya cambiado de manos la propiedad de los medios de producción. Lo que interesa es el funcionamiento de la estructura y no sus presuntos contenidos: que el patrón sea uno u otro, que el administrador sea funcionario de una empresa privada o del estado, no modifica, sin más, la relación que los obreros establecen con la producción. El salto cualitativo se refiere a las características que asume esta relación, a la cultura que se generó a partir de las formas concretas de una existencia que tienda a la creciente participación de todos en todo.
Esto que resulta comprensible para el plano de las relaciones económicas, no lo es tanto cuando se habla de productos del pensamiento. La ideología que privilegia esta región de la producción suele mantenerse sin modificaciones aun en las sociedades, que han transformada su estructura económica, y muestra el grado de permanencia de una formación inconsciente, a la vez que delata las carencias de la elaboración materialista en este terreno. La idea burguesa del trabajo intelectual como no productivo insiste por un lado en mantener la dicotomía consagrada por la división social del trabajo y, por otro, en marginarla de los conflictos en que necesariamente participa la producción de bienes materiales.
Aparentemente hay territorios de lo “humano” donde la lucha de clases no se verifica. Por ejemplo en los atributos asignados a la niñez: pureza, ingenuidad. Para leer al pato Donald muestra lo contrario: nada escapa a la ideología. Nada, por, lo tanto, escapa a la lucha de clases. Para leer al pato Donald tiende develar los mecanismos específicos por les que laideología burguesa se reproduce a través de los personajes de Disney. La lectura que se ofrece trasciende la opacidad de la denotación para indagar en la estructura de las historietas, para mostrar el universo de connotaciones que desencadena y que se instala en un nivel superior de significación ocupando el lugar fundamental en la comprensión del mensaje.
¿Es preciso añadir que no se trata de tomar el caso Donald como si fuera el único enemigo?
Donald es la metáfora del pensamiento burgués que penetra insensiblemente en los niños a través de todos los canales de formación de su estructura mental. Es la manifestación simbólica de una cultura que vertebra sus significaciones alrededor del oro y que lo inocenta al despegarlo de su función social. Si el capital es tal en tanto constituye una relación social, el oro acumulado por un avaro como Tío Rico no tiene ninguna responsabilidad. Es neutro.
El dinero no aparece como un elemento de relación entre un capitalista y la sociedad, por lo tanto pasible de injusticias. El afán de dinero de Tío Rico (expresión máxima de una constante de los personajes) es apenas una perversión individual: la del avaro que se fascina en la contemplación de su fortuna, pero no la utiliza. El dinero pierde la propiedad fetichizante del poder, para convertirse en objeto de una psicología individual más o menos patológica. En la misma línea, todos los personajes emergen como erupciones psicológicas y no como productos de relaciones sociales. Al lado del “avaro” existe “el inventor”, “los niños malos”, “los niños buenos”. Son conductas abstractas las que se interrelacionan y no funciones concretas de un ordenamiento social.
Si esta reiteración de psicologías recortadas y unilineales se ofrece en todas las historietas infantiles, en el caso de los personajes de Disney la significación es paradigmática dado que sus actores aparecen ligados estrechamente al mundo del niño. Superman no almuerza con el pequeño lector, pero las travesuras de los sobrinos de Donald son las de sus compañeros de escuela. El mundo lineal, el mundo de psicologías actuantes, es su mundo cotidiano. El modela de la revista pasa a ser el modelo de sus relaciones inmediatas. Batman desencadena las fantasías superpoderosas que repiten los más antiguos mitos. Los personajes de Disney, en cambio, no son míticos. Son axiológicos: en este mundo se actúa por interés, en este mundo se engaña, en este, el de todas los días, se establecen las diferencias entre los hombres.
Ya estamos lejos de la anécdota Disney. Estamos en el campo en que la inteligencia de la derecha chilena y la histeria de las agencias norteamericanas ubicaron el libro: el de la política. Menos sagaz, o más ganada por la ideología burguesa que ha segmentado las áreas del conocimiento, alguna izquierda no supo ver la importancia del combate empeñado y reclamó, en Chile, otras prioridades. No se supo otorgar a este libro su valor de anécdota ejemplar. No se comprendió que la lucha por un mundo distinto no admite compartimentaciones y debe entablarse contra todas las formas de la propiedad privada que anidan en las estructuras culturales vigentes y que ofrecen como naturales, oposiciones que son producto de las relaciones sociales existentes en la sociedad clasista: maestro vs. alumno, administrador vs. obrero, periodista vs. consumidor de noticias, hombre vs. mujer, humor vs. trascendencia, entretenimiento vs. política. Al no aceptar la necesaria ruptura que la revolución debe efectuar can el mundo anterior, las maneras de la conducta humana propias de la sociedad burguesa son imaginadas como convenientes a un hombre abstracto que permanece constante a través de los tiempos, se insiste en una moral adecuada a los intereses de los explotadores para erigirla en valor que sólo requiere perfeccionamiento a través de una historia única.
Desde la circunstancia chilena donde surgió, Para leer al pato Dormid se define como un instrumento claramente político que denuncia la colonización cultural común a todos los países latinoamericanos. De allí su tono parcial y polémico, la discusión apasionada que recorre sus páginas, su declarada vocación de ser útil que le hace prescindir de preciosismos eruditos. Evocando un pasaje ya citado en estas líneas, un comentario periodístico sostenía que si el enemigo de Allende es el pato Donald, el actual presidente chileno podía sentirse tranquilo. A su vez, podríamos seguir parafraseando y afirmar que si el combate contra el modo de vida burgués se reduce a libros como éste, las revistas de la línea Disney tienen por el momento su venta asegurada y Para leer al pato Donald habrá perdido la batalla: el pato Donald seguirá siendo poder y representación colectiva. Su éxito, en cambio, estará logrado cuando, negándose a sí mismo como objeto, pueda ayudar a una práctica social que lo borre, reescribiéndolo en una estructura distinta que ofrezca al hombre otra concepción de su relación con el mundo. Entonces no serán necesarios estos libros: la gente no comprará las revistas de Disney. Mientras tanto, sirve de alarmado toque de atención. La apuesta por el socialismo es definitiva y para conquistarlo es preciso cortar una a una las siete cabezas de un dragón que sabe regenerarlas en formas insospechadas. Es estimulante saber, con todo, que se trata de un dragón de papel.
En 1972 la idiotez política latinoamericana se vio súbitamente enriquecida con un libro fundado en una disciplina hasta entonces alejada de la batalla ideológica: la «semiótica», nombre con el que Ferdinand de Sassure designó a esa muy especulativa rama de la lingüística que se ocupa de descifrar los signos de comunicación vigentes en todas las sociedades. La obra en cuestión tenía el acertado nombre de Para leer al pato Donald, al que seguía un postítulo algo más rancio y académico: comunicación de masa y colonialismo. Sus autores eran dos jóvenes chilenos que apenas rozaban la treintena — aunque Dorfman, nacido en Argentina, era chileno por adopción, puesto que había llegado a Santiago en la adolescencia —, y ambos trabajaban en el vecindario de la investigación literaria: Dorfman, como miembro de la División de Publicaciones Infantiles y Educativas de Quimandú, mientras Mattelart fungía de profesor-investigador del Centro de Estudios de la Realidad Nacional, vinculado a la Universidad Católica. En cierta forma, el libro era el resultado de un polémico seminario titulado «Subliteratura y modo de combatirla», extremo que prueba el viejo dictum tantas veces escuchado: las ideas tienen consecuencias. Incluso las malas.
¿En qué consiste la obra? En esencia, se trata de una aguerrida lectura ideológica desde la perspectiva comunista, aparecida, precisamente, en el Chile crispado y radicalizado del gobierno de Salvador Allende. Dorfman y Mattelart —marxistas — se proponen encontrar el oculto mensaje imperial y capitalista que encierran las historietas de los personajes salidos de la «industria» Disney. Más que leer al pato Donald, estos dos intrépidos autores, los Abbot y Costello de la lingüística, quieren desenmascararlo, demostrar las aviesas intenciones que esconde, describir su mundo retorcido, y vacunar a la sociedad contra ese veneno mortal y silencioso que risueñamente mana de la metrópoli yanqui. ¿Y para qué realizar esa justiciera labor de policías semiológicos? No hay duda: «Este libro no ha surgido de la cabeza alocada de individuos, sino que converge hacia todo un contexto de lucha para derribar al enemigo de clase en su terreno y en el nuestro». Dorfman y Mattelart, lanza en ristre, cantando la Internacional cogidos de la mano, rompen las cadenas del oprobio. Bravo.
¿Y qué encuentran? Donald, sin disfraz, eliminados los artilugios que lo encubren, es un canalla, naturalmente, patológico. Incluso pervertido, porque en su mundillo fantástico no hay sexo, ni se procrea, ni nadie sabe quién es hijo de quién, porque sembrar esa confusión sobre los orígenes forma parte de las macabras tareas del enemigo: «Disney —dicen los dos horrorizados investigadores —masturba a sus lectores sin autorizarles un contacto físico.Se ha creado otra aberración: un mundo sexual asexuado. Y es en el dibujo donde más se nota esto, y no tanto en el diálogo». Esos dibujos sexistas y —al mismo tiempo —emasculados, en los que las mujeres siempre son coquetas y reprimidas cuando no ligeramente tontas o poco audaces.
Donald, Mickey, Pluto, Tribilín, no son lo que parecen. Son agentes encubiertos de la reacción sembrados entre los niños para asegurar una relación de dominio entre la metrópoli y las colonias. El tío rico no es un pato millonario y egoísta, y lo que le acontece no son peripecias divertidas, sino que se trata de un símbolo del capitalismo con el que se inclina a los niños a cultivar el egoísmo más crudo e insolidario.
Pato-landia — metáfora del propio Estados Unidos — es el centro cruel del mundo, mientras los otros (o sea, nosotros) forman parte de la periferia explotada y explotable en la que habitan los seres inferiores. No hay lugar a dudas: «Disney expulsa lo productivo y lo histórico del mundo, tal como el imperialismo ha prohibido lo productivo y lo histórico en el mundo del sub-desarrollo. Disney construye su fantasía imitando subconscientemente el modo en el que el sistema capitalista mundial construyó la realidad y tal como desea seguir armándola». No, no se trata de historias lúdicas concebidas para entretener a los niños: «Pato Donald al poder es esa promoción del subdesarrollo y de las desgarraduras cotidianas del hombre del Tercer Mundo en objeto de goce permanente en el reino utópico de la libertad burguesa. Es la simulación de la fiesta eterna donde la única entretenciónredención es el consumo de los signos aseptizados del marginal: el consumo del desequilibrio mundial equilibrado... Leer Disneylandia es tragar y digerir su condición de explotado».
Como era de esperar, una tontería de ese calibre tenía por fuerza que convertirse en un best-seller en América Latina. En 1993, a los veintiún años de la primera edición, la obrita se había reproducido treinta y dos veces para satisfacción de la rama mexicana de Siglo XXI, y, aún en nuestros días de sano escepticismo, cuando no es de buen gusto succionarse el pulgar, no faltan los circunspectos revolucionarios que continúan recomendándola como la muestra inequívoca de la perfidia imperial y —por la otra punta — de la sagacidad intelectual de nuestros marxistas más alertas y avispados.
¿Por qué encajó este libro tan perfectamente en la biblioteca predilecta del idiota latinoamericano? Porque está escrito en clave paranoica, y no hay nada que excite más la imaginación de nuestros idiotas que creerse el objeto de una conspiración internacional encaminada a subyugarlos. Para estos desconfiados seres siempre hay unos «americanos» intentando engañarlos, tratando de robarles sus cerebros, arruinándolos en los centros financieros, impidiéndoles crear automóviles o piezas sinfónicas, intoxicándoles la atmósfera, o pactando con los cómplices locales la forma de perpetuar la subordinación intelectual que padecemos. Por otra parte, siempre resulta grato defender la cultura o el folclore autóctonos frente a la agresión extraña. ¿Para qué importar héroes y fantasías de otras latitudes cuando nosotros podemos producirlos localmente, como demostrara — por ejemplo —Velasco Alvarado con aquel imaginativo «niño Manuelito» de poncho y chullo con el que patrióticamente intentara sustituir al Santa Claus de los gringos y a sus malditos venados?
Primero verás el prólogo de un libro que apareció a principios de la década del 70 y que se llamó; "Para Leer al Pato Donald" Comunicación de masa y colonialismo -demás está decir que ya entenderás por donde vienen sus caballos con ese título-. Escrito por Ariel Dorfman y Armand Mattelart, quien prologó el libro se llama Héctor Schmucler, un semiólogo de 81 años muy ligado a la línea intelectual del siempre polémico Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, uno de los fundadores del Grupo Carta Abierta.
A continuación de este prólogo, incorporo una crítica a tal libro que hizo Carlos Alberto Montaner promediando la década del 90 en el libro que escribió con Plinio Apuleyo Mendoza y Alvaro Vargas Llosa, y que se llamó; "El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano". Espero que todo el desarrollo te deje un poco más ubicado en tiempo y espacio.
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DONALD Y LA POLÍTICACuando este libro apareció en Chile, hacía poco más de un año que la Unidad Popular había asumido el gobierno. En todos los sectores de la sociedad comenzaba a evidenciarse -más o menos dramáticamente- que el intento de transformar una realidad pone en tensión al conjunto de la estructura existente. Todos los elementos que constituyen el aparato social se reordenan y en este reacomodo surgen conflictos específicos aún en las zonas cuyas formas de existencia parecieran trascender a los proyectos de cambios sociales. Se volvía a comprobar que la relación estructura / superestructura mantiene un vínculo bastante más estrecho que el vulgarizado por un pensamiento que, aunque se quiere revolucionario, repite los gestos de un positivismo rigurosamente mecanicista. En la llamada estructura se subsume, en realidad, la totalidad de las relaciones sociales. Es uno solo, por lo tanto, el momento de cambio, aunque las distintas formas de la organización social sean regidas por legalidades particulares que evocan desiguales tiempos de evolución. La ilusión de que las transformaciones infraestructurales (económicas) determinan por si los cambios en la cotidianeidad se revierten en su contrario: las viejas formas de vida, características de la sociedad burguesa, suelen consolidarse hasta el punto de neutralizar -cuando no de liquidarlas nuevas estructuras conquistadas.
El caso chileno posee la singularidad de ofrecerse como un confuso campo de contradicciones en el que oficialmente se anuncia el comienzo de un proceso socialista, en los marcos de un orden de raíces estrictamente burguesas, mientras en la realidad actuante el enfrenamiento de clases (cualquiera sea la forma que adquiera en el futuro) sé evidencia en una creciente conciencia de los polos participantes. En ese contexto, la aparición de un estudio sobre el pato Donald y la línea de personajes producidos por Disney, viene a perturbar una región postulada como indiscutible; algo así como querer analizar críticamente la belleza de un atardecer. No es extraño, pues, que el libro tuviera una repercusión aparentemente desmesurada. Los diarios de la derecha chilena lo leyeron inteligentemente: sus comentarios abandonaron la sección bibliográfica y ocuparon un lugar en la política. La Asociated Press difundió un alarmado cable entre sus abonados del Mundo y el sacrilegio de hablar contra las creaturas de la empresa Disney fue noticia en diversos puntos del planeta. De simplificación en simplificación, France Soir, el diario de mayor tiraje en Francia, tituló en primera plana: “El pato Donald contra Allende”, mientras en Chile el diario derechista El Mercurio no demostraba ningún humor para hablar del tema. Y he aquí un hecho paradojal. La indignada reacción de la derecha contra este texto tiene un punto de partida: las publicaciones de la línea Disney son universalmente aceptadas como entretenimiento, valor lúdico que corresponde a pautas permanentes de naturaleza humana y que, por lo tanto, se sobrepone a las contradicciones sociales. Sin embargo, mientras afirmaba este enunciado doctrinario, su irritada protesta no hacía más que mostrar la falacia del argumento pro-ecuménico.
Para la burguesía, el pato Donald es inatacable: lo ha impuesto como modele dé “sano esparcimiento para los niños”. De ahí la trascendencia otorgada a éste trabajo. Lo indiscutible se pone en duda: desde el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, hasta el derecho a mostrar como pensamiento natural la ideología que justifica el mundo creado alrededor de la propiedad privada. El cuestionar los pilares de un ordenamiento que reclama puntos de apoyo inamovibles (ahistóricos, permanentemente verdaderos) compromete su estabilidad. La defensa airada de una manera de señala, por contrapartida, la negativa a aceptar otras, su conformidad con la existente. El problema deja de ser marginal y se vuelve político, muestra su gravedad. La frivolidad deviene cuestión de estado. No es lo mismo el mundo con el pato Donald que sin él. Mattelart y Dorfman lo dicen en una figura cuya lectura literal confundió a la A.P.:”Mientras su cara risueña deambule inocentemente por las calles de nuestro país, mientras Donald sea poder y representación colectiva, el imperialismo y la burguesía podrán dormir tranquilos”.
Hablar del pato Donald es hablar del mundo cotidiano -el del deseo, el hambre, la alegría, las pasiones, la tristeza, el amor- en que se resuelve la vida concreta de los hombres. Y es esa vida concreta -la manera de estar en el mundo- la que debe cambiar un proceso revolucionario. Solo la construcción de otra cultura otorga sentido a la imprescindible destrucción del ordenamiento capitalista, porque al fin y al cabo -como repetía Ernesto Guevara- la revolución no se justifica simplemente por distribuir más alimento a más gente. Llevado al límite (y si se descartan esquemas feo— ideológicos) bien podría preguntarse para que luchar por dar de comer a los hombres si no es para lanzarlos a imaginar un mundo de infinitas potencias.
En ese mundo de lo cotidiano (que tiene como eje la diaria presencia en la fábrica) el obrero produce plusvalía como condición necesaria para que se reproduzca el sistema capitalista y, en el mismo movimiento, produce la ideología que perpetúa su relación como sociedad. Allí, en su diálogo cotidiano con la máquina (diálogo cuyo esquema simbólico repetirá en su hogar o sus sueños) debe instalarse la subversión si se quiere que el cambio de propiedad de los instrumentos de producción no aparezca como un acontecimiento divorciado de su existencia real. La ideología, pues, no se ofrece como un terreno epifenoménico donde “también” (pero más tarde) debe librarse una batalla, según lo afirma una izquierda mostrenca y desanimada. La revolución debe concebirse como un proyecto total aunque la propiedad de una empresa pueda cambiar de manos bruscamente y lo imaginario colectivo requiera un largo proceso de transformación. Si desde el primer acto el poder no se postula como cambio ideológico, las buenas intenciones de hacer la revolución concluirán inevitablemente en una farsa.
En ese mundo de lo cotidiano se verifica, igualmente; el papel del andamiaje jurídicoinstitucional reproductor de la ideología dominante, uno de cuyos instrumentos más eficaces lo constituyen los medios de comunicación de masa. En la frecuentación permanente con las ideas de la clase hegemónica de la sociedad -la que posee materialmente los medios e impone el sentido de los mensajes que emite- los hombres elaboran su manera de actuar, de observar la realidad. Es preciso, por lo tanto, escapar de ese orden y descodificarlo desde otra visión del mundo, es necesario re-comprender la realidad para lograr modificarla. Si esto no se entiende, si la “lucha ideológica” no adquiere primordial importancia, se castra la función del proceso revolucionario que tiende, básicamente a reordenar el sentido de los actos concretos.
Sólo desde otra manera de concebir el mundo puede asignarse un valor al cambio de las estructuras. A la inversa, la aceptación aerifica de las pautas culturales establecidas, significa la consagración del mundo heredado. Aun cuando, es preciso repetirlo, haya cambiado de manos la propiedad de los medios de producción. Lo que interesa es el funcionamiento de la estructura y no sus presuntos contenidos: que el patrón sea uno u otro, que el administrador sea funcionario de una empresa privada o del estado, no modifica, sin más, la relación que los obreros establecen con la producción. El salto cualitativo se refiere a las características que asume esta relación, a la cultura que se generó a partir de las formas concretas de una existencia que tienda a la creciente participación de todos en todo.
Esto que resulta comprensible para el plano de las relaciones económicas, no lo es tanto cuando se habla de productos del pensamiento. La ideología que privilegia esta región de la producción suele mantenerse sin modificaciones aun en las sociedades, que han transformada su estructura económica, y muestra el grado de permanencia de una formación inconsciente, a la vez que delata las carencias de la elaboración materialista en este terreno. La idea burguesa del trabajo intelectual como no productivo insiste por un lado en mantener la dicotomía consagrada por la división social del trabajo y, por otro, en marginarla de los conflictos en que necesariamente participa la producción de bienes materiales.
Aparentemente hay territorios de lo “humano” donde la lucha de clases no se verifica. Por ejemplo en los atributos asignados a la niñez: pureza, ingenuidad. Para leer al pato Donald muestra lo contrario: nada escapa a la ideología. Nada, por, lo tanto, escapa a la lucha de clases. Para leer al pato Donald tiende develar los mecanismos específicos por les que laideología burguesa se reproduce a través de los personajes de Disney. La lectura que se ofrece trasciende la opacidad de la denotación para indagar en la estructura de las historietas, para mostrar el universo de connotaciones que desencadena y que se instala en un nivel superior de significación ocupando el lugar fundamental en la comprensión del mensaje.
¿Es preciso añadir que no se trata de tomar el caso Donald como si fuera el único enemigo?
Donald es la metáfora del pensamiento burgués que penetra insensiblemente en los niños a través de todos los canales de formación de su estructura mental. Es la manifestación simbólica de una cultura que vertebra sus significaciones alrededor del oro y que lo inocenta al despegarlo de su función social. Si el capital es tal en tanto constituye una relación social, el oro acumulado por un avaro como Tío Rico no tiene ninguna responsabilidad. Es neutro.
El dinero no aparece como un elemento de relación entre un capitalista y la sociedad, por lo tanto pasible de injusticias. El afán de dinero de Tío Rico (expresión máxima de una constante de los personajes) es apenas una perversión individual: la del avaro que se fascina en la contemplación de su fortuna, pero no la utiliza. El dinero pierde la propiedad fetichizante del poder, para convertirse en objeto de una psicología individual más o menos patológica. En la misma línea, todos los personajes emergen como erupciones psicológicas y no como productos de relaciones sociales. Al lado del “avaro” existe “el inventor”, “los niños malos”, “los niños buenos”. Son conductas abstractas las que se interrelacionan y no funciones concretas de un ordenamiento social.
Si esta reiteración de psicologías recortadas y unilineales se ofrece en todas las historietas infantiles, en el caso de los personajes de Disney la significación es paradigmática dado que sus actores aparecen ligados estrechamente al mundo del niño. Superman no almuerza con el pequeño lector, pero las travesuras de los sobrinos de Donald son las de sus compañeros de escuela. El mundo lineal, el mundo de psicologías actuantes, es su mundo cotidiano. El modela de la revista pasa a ser el modelo de sus relaciones inmediatas. Batman desencadena las fantasías superpoderosas que repiten los más antiguos mitos. Los personajes de Disney, en cambio, no son míticos. Son axiológicos: en este mundo se actúa por interés, en este mundo se engaña, en este, el de todas los días, se establecen las diferencias entre los hombres.
Ya estamos lejos de la anécdota Disney. Estamos en el campo en que la inteligencia de la derecha chilena y la histeria de las agencias norteamericanas ubicaron el libro: el de la política. Menos sagaz, o más ganada por la ideología burguesa que ha segmentado las áreas del conocimiento, alguna izquierda no supo ver la importancia del combate empeñado y reclamó, en Chile, otras prioridades. No se supo otorgar a este libro su valor de anécdota ejemplar. No se comprendió que la lucha por un mundo distinto no admite compartimentaciones y debe entablarse contra todas las formas de la propiedad privada que anidan en las estructuras culturales vigentes y que ofrecen como naturales, oposiciones que son producto de las relaciones sociales existentes en la sociedad clasista: maestro vs. alumno, administrador vs. obrero, periodista vs. consumidor de noticias, hombre vs. mujer, humor vs. trascendencia, entretenimiento vs. política. Al no aceptar la necesaria ruptura que la revolución debe efectuar can el mundo anterior, las maneras de la conducta humana propias de la sociedad burguesa son imaginadas como convenientes a un hombre abstracto que permanece constante a través de los tiempos, se insiste en una moral adecuada a los intereses de los explotadores para erigirla en valor que sólo requiere perfeccionamiento a través de una historia única.
Desde la circunstancia chilena donde surgió, Para leer al pato Dormid se define como un instrumento claramente político que denuncia la colonización cultural común a todos los países latinoamericanos. De allí su tono parcial y polémico, la discusión apasionada que recorre sus páginas, su declarada vocación de ser útil que le hace prescindir de preciosismos eruditos. Evocando un pasaje ya citado en estas líneas, un comentario periodístico sostenía que si el enemigo de Allende es el pato Donald, el actual presidente chileno podía sentirse tranquilo. A su vez, podríamos seguir parafraseando y afirmar que si el combate contra el modo de vida burgués se reduce a libros como éste, las revistas de la línea Disney tienen por el momento su venta asegurada y Para leer al pato Donald habrá perdido la batalla: el pato Donald seguirá siendo poder y representación colectiva. Su éxito, en cambio, estará logrado cuando, negándose a sí mismo como objeto, pueda ayudar a una práctica social que lo borre, reescribiéndolo en una estructura distinta que ofrezca al hombre otra concepción de su relación con el mundo. Entonces no serán necesarios estos libros: la gente no comprará las revistas de Disney. Mientras tanto, sirve de alarmado toque de atención. La apuesta por el socialismo es definitiva y para conquistarlo es preciso cortar una a una las siete cabezas de un dragón que sabe regenerarlas en formas insospechadas. Es estimulante saber, con todo, que se trata de un dragón de papel.
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¿En qué consiste la obra? En esencia, se trata de una aguerrida lectura ideológica desde la perspectiva comunista, aparecida, precisamente, en el Chile crispado y radicalizado del gobierno de Salvador Allende. Dorfman y Mattelart —marxistas — se proponen encontrar el oculto mensaje imperial y capitalista que encierran las historietas de los personajes salidos de la «industria» Disney. Más que leer al pato Donald, estos dos intrépidos autores, los Abbot y Costello de la lingüística, quieren desenmascararlo, demostrar las aviesas intenciones que esconde, describir su mundo retorcido, y vacunar a la sociedad contra ese veneno mortal y silencioso que risueñamente mana de la metrópoli yanqui. ¿Y para qué realizar esa justiciera labor de policías semiológicos? No hay duda: «Este libro no ha surgido de la cabeza alocada de individuos, sino que converge hacia todo un contexto de lucha para derribar al enemigo de clase en su terreno y en el nuestro». Dorfman y Mattelart, lanza en ristre, cantando la Internacional cogidos de la mano, rompen las cadenas del oprobio. Bravo.
¿Y qué encuentran? Donald, sin disfraz, eliminados los artilugios que lo encubren, es un canalla, naturalmente, patológico. Incluso pervertido, porque en su mundillo fantástico no hay sexo, ni se procrea, ni nadie sabe quién es hijo de quién, porque sembrar esa confusión sobre los orígenes forma parte de las macabras tareas del enemigo: «Disney —dicen los dos horrorizados investigadores —masturba a sus lectores sin autorizarles un contacto físico.Se ha creado otra aberración: un mundo sexual asexuado. Y es en el dibujo donde más se nota esto, y no tanto en el diálogo». Esos dibujos sexistas y —al mismo tiempo —emasculados, en los que las mujeres siempre son coquetas y reprimidas cuando no ligeramente tontas o poco audaces.
Donald, Mickey, Pluto, Tribilín, no son lo que parecen. Son agentes encubiertos de la reacción sembrados entre los niños para asegurar una relación de dominio entre la metrópoli y las colonias. El tío rico no es un pato millonario y egoísta, y lo que le acontece no son peripecias divertidas, sino que se trata de un símbolo del capitalismo con el que se inclina a los niños a cultivar el egoísmo más crudo e insolidario.
Pato-landia — metáfora del propio Estados Unidos — es el centro cruel del mundo, mientras los otros (o sea, nosotros) forman parte de la periferia explotada y explotable en la que habitan los seres inferiores. No hay lugar a dudas: «Disney expulsa lo productivo y lo histórico del mundo, tal como el imperialismo ha prohibido lo productivo y lo histórico en el mundo del sub-desarrollo. Disney construye su fantasía imitando subconscientemente el modo en el que el sistema capitalista mundial construyó la realidad y tal como desea seguir armándola». No, no se trata de historias lúdicas concebidas para entretener a los niños: «Pato Donald al poder es esa promoción del subdesarrollo y de las desgarraduras cotidianas del hombre del Tercer Mundo en objeto de goce permanente en el reino utópico de la libertad burguesa. Es la simulación de la fiesta eterna donde la única entretenciónredención es el consumo de los signos aseptizados del marginal: el consumo del desequilibrio mundial equilibrado... Leer Disneylandia es tragar y digerir su condición de explotado».
Como era de esperar, una tontería de ese calibre tenía por fuerza que convertirse en un best-seller en América Latina. En 1993, a los veintiún años de la primera edición, la obrita se había reproducido treinta y dos veces para satisfacción de la rama mexicana de Siglo XXI, y, aún en nuestros días de sano escepticismo, cuando no es de buen gusto succionarse el pulgar, no faltan los circunspectos revolucionarios que continúan recomendándola como la muestra inequívoca de la perfidia imperial y —por la otra punta — de la sagacidad intelectual de nuestros marxistas más alertas y avispados.
¿Por qué encajó este libro tan perfectamente en la biblioteca predilecta del idiota latinoamericano? Porque está escrito en clave paranoica, y no hay nada que excite más la imaginación de nuestros idiotas que creerse el objeto de una conspiración internacional encaminada a subyugarlos. Para estos desconfiados seres siempre hay unos «americanos» intentando engañarlos, tratando de robarles sus cerebros, arruinándolos en los centros financieros, impidiéndoles crear automóviles o piezas sinfónicas, intoxicándoles la atmósfera, o pactando con los cómplices locales la forma de perpetuar la subordinación intelectual que padecemos. Por otra parte, siempre resulta grato defender la cultura o el folclore autóctonos frente a la agresión extraña. ¿Para qué importar héroes y fantasías de otras latitudes cuando nosotros podemos producirlos localmente, como demostrara — por ejemplo —Velasco Alvarado con aquel imaginativo «niño Manuelito» de poncho y chullo con el que patrióticamente intentara sustituir al Santa Claus de los gringos y a sus malditos venados?
Es interesante que nadie les haya dicho a nuestros belicosos semiólogos que exactamente igual podían haber hecho una lectura ideológica de Mafalda, encontrándole tendencias lesbianas porque nunca se deja acariciar un pezón por Guillermito, o como se llame el niño de la cabeza rapada, acusando de paso a Quino de ser agente de la CÍA, dado que su heroína ni una sola vez denuncia la presencia americana en el Canal de Panamá. ¿Qué ocurriría si nuestros sagaces intérpretes se enfrentan con la figura de Batman? ¿Será que en este imperfecto mundo yanqui sólo se puede defender la justicia con la cara tapada y desde el fondo de una cueva? Y Superman, nuestro casto héroe, defensor de todas las leyes —menos la de la Gravedad —, ¿no será un pobre gay, como ese Llanero Solitario permanentemente acompañado por el indio que, sin duda, lo sodomiza? ¿Qué saldría de una lectura revolucionaria y marxista de la Bella Durmiente o de La Caperucita Roja? ¿No hay en esa abuela comilona y desalmada que lanza a la niña a los peligros del bosque una demostración palpable de la peor moral burguesa? ¿Cómo se puede, ¡Dios!, ser tan idiota y no morir en el esfuerzo?
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